Desierto y Los siete magníficos corrigen políticas del oeste clásico

Hace unos días se estrenó en Cuba Desierto, segundo largometraje del mexicano Jonás Cuarón, y esta semana le toca el turno a The Magnificent Seven, remake en el cual vuelven a unirse el director Antoine Fuqua y los consagrados Denzel Washington y Ethan Hawke, un trío que alcanzó enorme popularidad con el policiaco de acción Training Day en 2001. Cuarón y Fuqua ponen su empeño en corregir los dislates políticos de un género que solía presentar heroicamente la rapiña expansiva de Estados Unidos, mientras que a los pobladores originarios y a los mexicanos les tocaba el papel de salvajes, criminales e incivilizados.


Desierto, protagonizado por Gael García Bernal, es el segundo largometraje de Jonás Cuarón. Fotograma de la película.


En combinación con ciertos códigos del thriller, por su acción física, suspense y persecuciones, Desierto se ubica geográficamente en las tierras del legendario oeste, y atestigua el drama de la inmigración ilegal en la frontera entre México y Estados Unidos; pero se acerca a la violencia presente en la oposición entre el indocumentado inmigrante (que interpreta Gael García Bernal) y el cruel policía de fronteras que encarna Jeffrey Dean Morgan. La persecución y el duelo entre ambos personajes, en un ambiente desértico y violento, remite a los clásicos de Sam Peckimpah (La horda salvaje, Bring me the head of Alfredo García) con la diferencia de que esta película, escrita y dirigida por Cuarón, es mucho más pausada que cualquiera de aquellos oestes y, además, se ocupa de subvertir cuidadosamente la dicotomía entre civilización y barbarie intercambiando los estereotipos del cowboy y el malvado.

En medio de una histeria contra la migración mexicana instalada en el discurso del nuevo gobierno norteamericano, Desierto muestra con crudeza tanto el mundo de los inmigrantes como el de los policías de frontera. De un lado, está el mexicano llamado Moisés, que debe atravesar el desierto en busca de la supuesta tierra prometida. En las antípodas, está el policía patriotero e incivil, que decide eliminar a tiros a cada inmigrante que se encuentre, en medio de una persecución abiertamente racista y sádica. Y en este sentido es que el filme muestra los mejores recursos de su puesta en escena, particularmente la fotografía de estos parajes desérticos, tratados como un personaje más, además del sonido superexpresivo y las interpretaciones de dos actores capaces de mantener la atención del espectador.

Así, desde la identificación inherente a las buenas películas de entretenimiento, Desierto apuesta por una anécdota de perfil metafórico y político, y si bien se le pudiera impugnar una cierta superficialidad al tratamiento general del asunto, debemos admitir, como mínimo, que se trata de un filme convincente, que se adhiere a la narración arquetípica del cazador y la presa, vista en pantalla en incontables ocasiones, pero que aquí adquiere relieve de denuncia política.

Quienes busquen una cinta de acción y suspenso, y recuerden con añoranza los buenos oestes y thrillers de los años sesenta, aquí tienen una buena opción. Quienes necesiten un cine comprometido con las urgencias de la realidad, también pudieran encontrar en Desierto un alegato en contra del odio irracional y las tendencias criminales que se han concretado en la zona más alta de la política norteamericana. Otra virtud de Jonás Cuarón es también la consecución de un tono que se aparta del oportunismo y al mismo tiempo entretiene y preocupa.


Los siete magníficos. Fotograma de la película.


Mucho más propensa a las claves espectaculares del entretenimiento genérico resulta Los siete magníficos, remake del filme homónimo dirigido en 1960 por John Sturgess, con Steve McQueen, Yul Brynner y Charles Bronson, con un éxito tal que se realizaron sucesivamente tres secuelas y una serie de televisión con similar argumento. Lo más curioso es que el famoso filme de 1960 era a su vez un remake del clásico de aventuras japonés Los siete samuráis (1954), en el cual Akira Kurosawa le confirió relieve humanista a esta historia de combates, para defender la colectividad de los más humildes y débiles.

Al igual que casi todos los oestes que se respetan, Los siete magníficos (en la versión de 1960 y en esta de 2016) cuenta la contienda por la justicia, la ley y el orden, con una cierta derivación vengativa; pues los habitantes del pueblo expoliado contratan a los siete forajidos con la misión, tal vez ennoblecedora, de humillar y castigar a quienes tanto daño han causado. Y he aquí el sello de corrección política evidente que aparece en este remake: la barbarie y el caos están representados por un ambicioso y déspota capitalista ario, en lugar del mexicano que hacía de malvado en la versión de 1960.

Además, entre los siete magníficos, héroes indiscutibles del relato, se aprecia la evidente diversidad racial, en tanto los actores elegidos son los ya mencionados Denzel Washington y Ethan Hawke, junto con intérpretes de procedencia asiática o latina como Byung Hun-Lee y Manuel García Rulfo. Por supuesto que cada uno de los siete magníficos, como en la mayor parte de los filmes de acción y aventuras, tiene un momento para desplegar sus habilidades e inteligencias en el intento suicida por enfrentar los poderes del magnate explotador.

A pesar de las carismáticas interpretaciones, de una fotografía de escala épica y de la combinación en acertadas dosis de acción física, humor y heroísmo, Los siete magníficos apenas logran insuflarle nuevos espíritu e inspiración a un género que viene agonizando desde los años ochenta, y al final el filme alcanza al estatuto de producción eficiente y atractiva solo para los amantes de este género