Des-trovándote 2017

 

No soy un detractor de Trovándote y, mucho menos, de la trova. He estado presente desde la fundación de este proyecto que sueña públicos y un espacio reactualizado para la buena canción cubana en una ciudad que se identifica con la hospitalidad y los portales.

Reconozco que, para el trovador invitado, sea de la generación que sea, es una ventura y contribuye, con mucho, a su formación como intérprete y compositor. De alguna manera, los noveles sienten que participar aquí los legitima como trovadores.

Y sé, además, que es así.


Foto: Internet


Pero este año las cosas en el Trovándote pudieron haber sido de otra manera, porque los públicos avileños han cambiado y ha cambiado, también, la manera de hacer la trova. Es cierto que, como evento, a este 12 encuentro nacional de trovadores no se le puede pedir mucho ni criticar tanto sus propuestas musicales.

También es cierto que cada uno de los invitados a la cita tiene, al menos, una obra vasta, y un reconocimiento como creador que va más allá de su territorio. Es cierto, también, que de esta forma se está cumpliendo con una de las prioridades de nuestra política cultural y viene ligado a la función de la música para “formar valores, contrarrestar la vulgaridad y promover en los espacios públicos, un producto de calidad que contribuya además a la formación del gusto estético y a desarrollar un buen nivel de apreciación”. Y esta última oración es, a mi entender el talón de Aquiles de este Trovándote.

No creo que ofrecer por ofrecer una buena canción a un público que está demostrándose ajeno al espectáculo, esté a la altura de lo que pretenden los organizadores del evento. Sé que no es responsabilidad de alguien la presencia de estos “públicos”, ni de su comportamiento y, mucho menos, de las indisciplinas sociales que ya, poco a poco, se van comiendo los cimientos de esta ciudad.

Sé que los organizadores no tienen por qué cargar con la falta de “educación”, de “buenos modales”, que en algún lugar del desarrollo estos públicos perdieron o no tuvieron nunca. Pero es cierto que no solo el ofrecimiento de la buena música es aliciente para que se corrijan los males y, al menos, el espectador le dé la atención que merece a cada cantautor.

Hace ya unos años escribí, también sobre el Trovándote, que el público avileño había empezado a cambiar en cuanto a su recepción de la trova o canción inteligente. Y ponía el ejemplo de aquella ocasión en que este mismo patio de la UNEAC avileña, Tony Ávila, en un concierto, paró de cantar para pedirle al más cercano del público que no le diera la espalda, que siguiera hablando si quisiera, pero que no le diera la espalda. Y es terrible que algo así suceda en esta ciudad que además de portales, se precia de su hospitalidad.


El trovador Tony Ávila. Foto: Internet


Este suceso aislado se ha vuelto ya usual en cada edición del Trovándote, con la salvedad de que Tony no ha vuelto a Ciego de Ávila, y que ninguno de los que ofrecen su arte en el escenario se ha detenido, en medio de una tonada, a requerir al otro, al que tiene al frente. Ni siquiera los organizadores del evento piden, o tratan de educar, al público.

Y creo que ahí puede estar la solución del problema que, a mi entender, se podría convertir en algo peor. Considero que, de alguna manera, aprovechando recursos audiovisuales, spot de bienvenida al espacio de la AHS o de la UNEAC, voz en off, y con otros métodos, se pueden transmitir breves mensajes de bien común y que disciplinen, en alguna medida, a este público que está ávido de educación.

Hace mucho tiempo comprendí que la educación era, como la disciplina, “hacer lo que no quiero para lograr lo que quiero”. Y en ese sentido ha de tratarse de instaurar el respeto al espacio al que se llegue (dígase AHS, UNEAC, o Casa de la Trova), para consumir un espectáculo colmado de buenas intenciones, excelente música, y un personal que se desvive para que la imagen de la institución siempre sea favorable y de buen gusto.

No se le puede dar al público todos los gustos. Es una máxima que aprendí en mis primeros años de actor en el guiñol avileño, y que nunca he olvidado. La política cultural cubana mantiene en sus prioridades que: “Debemos trabajar para poner al alcance de nuestros jóvenes el patrimonio musical cubano y universal”. Pero, ¿cómo lo vamos a lograr si ese público no nos atiende?

La guerra de actitud se gana con una actitud coherente y con pensamiento. E insisto en que también nuestro papel es educar.

La organización de un evento no ha de caer solo en la logística, el talento artístico que se va a invitar, la promoción y divulgación, y todos los movimientos diarios que el mismo conlleva. Cada uno de los detalles importa, y por uno de ellos que no ofrezca todas las garantías, se puede malograr el suceso.

No soy de los que creen que este año el Trovándote fue un error, o más que bien, un mal. Todo lo contrario, pero tengo que hacer este señalamiento, y me parece justo dedicarle tiempo a pensar lo que he de escribir, y escribir lo que sé puede ayudar al perfeccionamiento del mismo.

Me amparo en las prioridades de nuestra política cultural, que nos obliga a ser más prácticos e intencionados, para nada contemplativos, y a denunciar todo aquello que debe ser cambiado para que las cosas funciones.

Reconozco que el Trovándote sigue siendo una plaza importante para los trovadores del país y para la buena salud del pensamiento no solo juvenil, sino de todas las edades; que las buenas canciones son tan necesarias como el aire y el sol o el verde del paisaje; sé que la música es el lenguaje del alma y que con las buenas canciones se llega al alma de las multitudes y es posible el mejoramiento humano. Hay que esforzarse, entonces, para que la buena educación llegue también con la trova.