Dentro del bosque de los Caricatos

Cuando inicié mi vida profesional en el teatro para niños y de títeres, a finales de la década del 80 del siglo pasado, ya la Uneac convocaba su  concurso de teatro para los más pequeños. No se llamaba por entonces Caricato y premiaba, además de la labor de los actores y la dirección artística, el trabajo coreográfico y de composición musical. Es una pena que se hayan perdido estas dos categorías; son especialidades que quedaron en tierra de nadie, siendo la música y la danza elementos imprescindibles en una producción teatral para los infantes. No recuerdo por aquellos años que hubiera tanta polémica alrededor de este evento, como sucede en la actualidad, respecto a la integración de los jurados, la estrategia de funcionamiento o los resultados finales.


Como el día y la noche. Fotos: Sonia Almaguer


Para reconocer al concurso nacional dedicado a la escena para niños y niñas, hace algún tiempo se le agregó el histórico nombre de “Hermanos Camejo”. Hermosa y justa decisión. Luego de la desaparición de la competencia en festivales prestigiosos como el de Camagüey o el que se organizaba bajo el rótulo de teatro de pequeño formato en el Centro Cultural El Mejunje, en Santa Clara, el Premio Caricato —como todos lo reconocen nacionalmente— es el mayor galardón en metálico que se entrega en el país. En ese vaivén de opiniones, alegrías, decepciones y esperanzas, se ha llegado a las 35 ediciones.

Sus organizadores levantan cada año un camino de visionajes e intercambios de criterios, que culmina en un espectáculo grandioso: la Gala de entrega de los Premios. Este año el acto se llevará a cabo en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional, el 4 de febrero, a las 8:30 p.m.

El jurado que otorgará los Caricatos correspondientes a 2016, está integrado por el actor titiritero, director y diseñador José Luis Quintero, artista de extensa trayectoria que fungió como presidente, la actriz titiritera Carmen Thompson y el joven actor titiritero y dramaturgo Erduyn Maza. Me extrañó mucho ver a Maza componer el tribunal del concurso de este año, pues desde su grupo Teatro La Proa estrenó el apreciable espectáculo Érase una vez un pato, apto en todos los sentidos para competir por los trofeos de actuación y dirección.

En este Caricato estoy dentro del bosque, acompaño a los colegas de varias provincias que conforman el conjunto de artistas nominados. Las jóvenes Yanet Carmona y Arasay Suárez, del Teatro Alas, de Pinar del Río, convencieron al jurado con su limpio trabajo de animación y actuación en la obra Como la noche y el día. Este apartado femenino se completa con Arelis Monzón y Rigel González, la primera, por su papel protagónico en la puesta en escena Las noches del cafetal, del Guiñol Los cuenteros, de San Antonio de Los Baños, Artemisa, y la segunda, por sus varios personajes en el montaje Bastián y Bastiana o la verdadera historia de cómo papá y mamá se hicieron novios, del habanero Teatro El Arca.

Como mejores actores masculinos resultaron nominados el explosivo dúo que forman Celso Portales y Eudys Espinosa, en Cuba de Sol a mí, del Teatro Andante, de Granma. Gracia natural y eficacia dramática adornan la labor de los bayameses; lo mismo sucede con José Luis Romero, travestido en el papel de la Comadre en Las noches del cafetal, del Guiñol Los cuenteros, de San Antonio de Los Baños, Artemisa. Cierra este grupo el joven actor titiritero Pedro Rubí, del Teatro Papalote, por su personaje de Ikú en la obra Se durmió en los laureles.


 


Los tres nombres de los directores artísticos que también están nominados, completan su nombramiento para el posible premio de puesta en escena, con las nominaciones de intérpretes femeninos o masculinos de sus elencos, y eso tiene total coherencia. Siempre he pensado que puede haber excelentes actuaciones en un montaje mediano, pero es difícil conseguir un magnífico espectáculo si no está defendido por buenos desempeños histriónicos.

Juan González Fiffe, el director general y artístico del Teatro Andante, de Granma, concursa con Cuba de Sol a mí, una producción de alcance familiar en el rubro de los espectadores. Con música en vivo, muñecos atractivos y humor criollo, consigue una puesta redonda, digna contrincante para cualquiera de los aspirantes al Caricato. Malawy Capote, líder actual del Guiñol Los cuenteros, de San Antonio de Los Baños, insiste en la explotación de las reconocidas características de su agrupación, y nos regala con Las noches del cafetal un concierto de sorpresas titiriteras, guiños al pastiche musical y simpáticas parodias al teatro bufo.

No he podido ver todavía la versión para teatro de sombras que bajo el nombre Bastián y Bastiana o la verdadera historia de cómo papá y mamá se hicieron novios, dirigió el joven Lázaro E. Hernández Bofill, de Teatro El Arca, de La Habana. Asignatura pendiente para mí, que estoy al lado de mis compañeros de profesión con el espectáculo Los dos príncipes, basado en el conocido poema de José Martí y levantado con los actores de Teatro de Las Estaciones.

Los organizadores del Premio Caricato 2016 anunciaron cambios en la estructura del concurso para esta última edición, por lo tanto, algo se está moviendo en las bases de nuestra más antigua competencia teatral, y ese es un buen síntoma. Repensar los eventos cada cierto tiempo es una tarea fundamental. Ninguna polémica nace de la nada, sino de malestares, anquilosamientos y deformaciones que se producen cuando se acumulan años de realización sin revisar su funcionamiento.  Más útil que desvalorizar una acción artística que atesora décadas  de celebración, es contribuir a su mejor desarrollo. Habrá que tener los oídos bien abiertos y el alma dispuesta para recibir las opiniones de quienes, para entrar en el bosque de los Caricatos, se inscriben anualmente en pos del reconocido galardón.