Del trash metal a la poesía más intimista
Fotos: Cortesía del entrevistado
 

Hay caminos que resultan insospechados, sobre todo si desembocan en la literatura. Muchos escritores fueron primero académicos, profesores, promotores culturales… Pero es raro, único, encontrar a un poeta que desembocó su juventud en una banda de trash metal antes de convertirse en el literato sensible que hoy es.

Aunque si se piensa bien, toda arte es poesía, independientemente de la forma. Y los estereotipos, las clasificaciones culturales conllevan a subvaloraciones de unos a otros, sin profundizar que la lírica es un estado natural, es omnisciente, omnipresente. Así lo cree Luis Marcelo Pérez, escritor, poeta y periodista que integra la delegación oficial de Uruguay a la actual cita de las letras en Cuba.

Para el creador, quien tuvo su primer contacto con el verso a los siete años de edad como mecanismo de comunicación con su madre ante el fallecimiento paterno, no resulta contradictorio haber sido segunda viola (como le dicen en la tierra charrúa al guitarrista eléctrico) de un grupo de rock antes de encontrar-afianzar el poeta que representa en la actualidad. “Uno está siempre en una eterna búsqueda. La vida del artista es un universo. En ese bregar encuentra, poco a poco, pequeños mensajes que lo conducen hacia el espacio deseado”, insiste sin miramientos.

En esa indagación constante vive, y su hacer es prueba fehaciente de la multiplicidad profesional que despliega: poeta, narrador, ensayista, editor, gestor cultural, director editorial, activista social, realizador y conductor de El Mural, un programa radial de periodismo cultural con más de 25 años de creación.

No cree en las loas, aunque su currículo habla por sí solo. Su obra ha sido editada en Chile, Colombia, Cuba, España, Italia, Japón, México, Paraguay, Perú y Uruguay; traducida al portugués, italiano, inglés y japonés; y estudiada en la cátedra Introduction of romance languages de la Universidad de Georgia.

Figuran entre sus títulos: Sensaciones (poesía, 1995); Virginal (poesía, 1996); Mujer, sociedad y política (ensayo, 1996); Silencios (poesía, 1999 y 2002); La poesía en nuestro tiempo (ensayo, 2001); Imaginación y palabra (ensayo, 2003); Neruda, el vigía de una isla (ensayo, 2004); Poesía en estado natural (poesía, 2005); Elefantes al descubierto (cuentos, 2013); Ciudad oculta (poesía, 2014); Lobo atado (poesía, 2014) y Ese agudo deseo (poesía, 2015).

Aunque, como se evidencia, en la lírica descansa su más fiel búsqueda. Todo lo acomete con singular preciosismo, el mismo que dedica a trabajar la palabra, el significado. “La grosería no tiene cuota en mi obra”, enfatiza. Ama la exactitud matemática de cada frase: no desde la limitación de posibilidades e interpretaciones, sino desde la opción de brindar puertas abiertas en poemas concisos, precisos, cortos. Breves cápsulas “con mucha imaginación, para que el lector tenga un abanico abierto de elucidación”.

Quizá esa fue una de las mayores aprehensiones de su tiempo como discípulo-amigo de Benedetti. “Mario me enseñó el compromiso con la palabra y la humanidad, su sencillez era sublime. Me inculcó la entrega en la poesía; que como el ron, el verso también necesita su añejo. Como Luz fue una lumbre en la vida de Mario, él fue para mí un guía. Cuando salgo del país, y digo que soy uruguayo, sale el nombre de Mario, es una responsabilidad”.

Es consecuente con ello, con ese adeudo intelectual que tiene todo coterráneo de Benedetti, de Galeano. Porque ser uruguayo también es un acto de causalidad escrituraria, sugestiva coincidencia natural y geográfica que dota de buena cábala a estos hijos del Sur.

Y Luis Marcelo lo sabe, intenta llevar adelante ese binomio periodista-escritor muchas veces inseparable; por otras ocasiones, o mejor decir por otras personas, oportunistamente deslindado.

Pero el autor se resiente del consumo cultural contemporáneo: “Se lee poco. Hay más tiempo para la banalidad y menos para la espiritualidad, para el desarrollo interior de las personas. La Internet nos aísla, cada día se inventan más tecnologías para tener al individuo divorciado del contexto humano”.

En esa vorágine, la labor de las editoriales se hace más compleja; hay que incentivar, crear espacios de lectura, de diálogo, de encuentro, de participación. Compartir la literatura, insiste Luis Marcelo. “Es un trabajo duro, necesita de políticas culturales. Todo ese esfuerzo lleva a tener una sociedad más preparada, comprometida con un bagaje cultural indispensable para que las nuevas generaciones sigan creando”.

No es esta la primera vez de Luis Marcelo en Cuba, hace pocos años estuvo como parte de la presentación de su libro Estado natural, publicado por la pinareña editorial Cauce. En aquella ocasión insistió sentirse “en casa”. “Me encantó la diversidad cultural. Esta es la primera de otras muchas veces. Pienso volver…” Y volvió.

 

Nota:
Durante su estancia en la XXV Feria Internacional del Libro, Luis Marcelo Pérez participará junto al cantante, compositor y guitarrista uruguayo Daniel Viglietti en algunos espacios radiales. A la vez integrará un panel sobre la vida de Mario Benedetti, y presentará Estado natural, volumen editado en Cuba y prologado por Miguel Barnet. También hará lectura de poemas de su libro Lobo atado y formará parte de un Encuentro Internacional de Editores.