Del ISA y la dirección artística en el teatro para niños y de títeres


El Instituto Superior de Arte de La Habana (ISA) incluyó de forma experimental en su programa de estudios del curso 1981-1982, un Seminario de Teatro para Niños y de Títeres. Freddy Artiles, graduado del propio instituto en 1981, fue quien inició la primera etapa de clases, continuada por su compañera Mayra Navarro hasta 1986. Ambos en ese período eran personalidades vinculadas estrechamente a la manifestación, desde la dramaturgia, la investigación y la promoción cultural. Los dos tuvieron entera conciencia del espaldarazo académico que se le daba a un género que en nuestro país tuvo anteriormente varias escuelas de corta duración, cursos y talleres pedagógicos sobre las particularidades técnicas de la profesión. Entre las asignaturas de aquellas experiencias se incluía la dirección artística; sin embargo, esta importantísima especialidad, por diversas razones, no fue asumida de manera específica por el ISA en el mencionado Seminario, que tuvo un alcance más general. Tras el cierre del Seminario transcurrió un período de 12 años en que el teatro para niños y de títeres estuvo ausente del currículo de los estudiantes de teatro. En ese lapsus temporal se logró impartir la especialidad de dirección artística, pero divorciada de la escena titiritera y para los pequeños.


Sácame del apuro. Teatro Pálpito. Foto: Cortesía del autor

 

Artistas profesionales del movimiento titeril nacional viajaron a los países socialistas entre los años 60 y 80, para  recibir asesoramiento en el arte de la puesta en escena, siguiendo las características artísticas y metodológicas de esas naciones. Al no ofrecer la universidad de las artes cubana una formación definida para directores, con el conocimiento de las especificidades de un montaje que podía incluir muñecos, actores o la combinación de estos dos, fueron los rudimentos del teatro en vivo (una manera que parece decir que los titiriteros hacemos teatro “en muerto”) los que irremediablemente formaron, sin desdeñar el contacto con los grupos teatrales de la manifestación ya existentes en el territorio nacional, a la primera hornada de directores jóvenes salidos del ISA, interesados en el universo de los retablos y de los príncipes enanos.


El Rey de los animales. Teatro Buendía. Foto: Cortesía del autor

 

Carlos Celdrán, Liuba Cid y Nelda Castillo fueron los primeros directores vinculados al ISA como estudiantes, que crearon espectáculos para niños a finales de los años 80. El  Rey de los animales y Galápago [1], junto a Un elefante ocupa mucho espacio [2], fueron muy aplaudidos por la crítica, que reconocía la indagación en la labor actoral y el poderío de las imágenes compuestas en escena. Aunque desdichadamente estos noveles artistas no continuaron en la dirección artística para los más pequeños, dejaron en claro las muchas posibilidades de los discípulos de teatro para impregnar de frescura y nuevas ideas al movimiento profesional para los infantes, inaugurado desde los años 60 con el empuje pionero de los hermanos Camejo y Carril, junto a otros apasionados del oficio en la Isla.

Los directores, actores y diseñadores que vendrían después, siempre con las nociones recibidas del mencionado Seminario, constatarían desde las agrupaciones adonde fueron a trabajar como egresados, o desde la formación de sus propios grupos, las riquezas y ausencias de la dirección artística en el teatro para niños y de títeres. De ahí nacería un delicioso estilo “Frankestein” que toma del otro teatro, de la danza, la plástica, la música, la literatura dramática, el circo y hasta de la expresión corporal, elementos todos que convivían en el ISA en armonía y al que sumaron los métodos académicos o autodidactas, técnicas de animación y conceptos existentes de los directores ya consagrados que venían de los 50, 60, 70 y 80.

Para Raúl Martín (Premio Villanueva de la crítica teatral con el espectáculo Fábula del Insomnio, en 1992),  William Fuentes (Premio Villanueva de la crítica teatral con los espectáculos Cuentacuentos presenta a Aladino, en 1995, y El príncipe Blu, en 1996), Ariel Bouza (El pez enamorado, 1996, y Sácame del apuro, Premio Villanueva de la crítica teatral en 1998), Yanisbel Martínez (aún en formación en 1995, fue finalista del premio de la crítica con Historia para contar), y para mí (Premio Villanueva con La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón, en 1996), no fue fácil la irrupción en los paisajes del teatro para niños y de títeres nacional. Éramos una especie de vibración que asombraba en los escenarios, pero que para algunos duchos en la materia carecía de los conocimientos “titiriteros” necesarios para ser respetados y aceptados. Los graduados de la universidad de las artes fuimos marcando terreno y alternando mediante un diálogo, muchas veces fructífero y otros de alta tensión, la existencia de una forma muy peculiar de percibir el universo de este género, con una clara ubicación entre lo culto y lo popular, clasificaciones inherentes a la historia de la manifestación titeril y también de la escena con actores para niños y niñas.


La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón. Teatro de Las Estaciones. Foto Ramón Pacheco

 

Al no existir una escuela de nivel medio o superior donde formar directores artísticos de la especialidad, o donde desarrollar los alcances profesionales de los graduados universitarios y también de los autodidactas amantes de la hermosa profesión, todo lo que fue asombro hasta finales de los 90, se atomizó con la partida de algunos de estos jóvenes hacia otros países o simplemente se fue convirtiendo, en muchos de los casos, en parte del  trabajo rutinario de las compañías teatrales reconocidas, las no tan reconocidas —aunque de las mismas datas que las anteriores—, y las de los noveles directores, no siempre surgidos del ISA.

Acciones definitorias desde el Instituto Superior en los comienzos del nuevo siglo, fueron la continuación, en 1998, del desaparecido Seminario, ahora como asignatura bajo el nombre Fundamentos del teatro para niños y de títeres, y la firme aspiración de incrementar otras asignaturas como dirección, actuación, diseño, y dramaturgia para niños y de títeres. La formación del Grupo Teatral Académico Titirisa, bajo la atenta mirada de Freddy Artiles, descubrió a varios jóvenes con ideas de dirección artística: Sergio Barreiro, Liliana Pérez Recio, Abel González Melo y Eduardo Eimil. Algunos de ellos marcharon de Cuba, otros no siguieron dedicándose al género, y los menos continuaron. Como punto importante en este nuevo arranque desde el ISA, en pos de una dignificación de la manifestación, estuvo el rescate del Seminario, con un mayor número de horas lectivas, y la creación —otra vez con Artiles a la cabeza— del Diplomado de Teatro para Niños y de Títeres, que transcurrió desde 1999 hasta 2006, y cuyo carácter abierto permitió el acceso a estudiantes de múltiples formaciones pedagógicas, edades y zonas geográficas nacionales.


El príncipe Blu. Teatro 2. Foto Jorge I. Pérez

 

Hace diez años que terminó aquel inolvidable diplomado. La formación de noveles directores artísticos interesados en el teatro para niños y de títeres, ha continuado a través de opciones disímiles (en conceptos y metodologías): talleres y cursos de superación, propiciados por el propio Consejo Nacional de Artes Escénicas; los festivales especializados en títeres de las distintas provincias, muchas veces con el auspicio de los grupos profesionales del género, más  los aportes de organizaciones no gubernamentales como Unimay Assitej; entre otras acciones válidas. El ISA defiende, desde 2010, una cátedra que ostenta con todo derecho y justicia el nombre de ese paladín del movimiento que fue y es Freddy Artiles.

Así como ha avanzado el mundo hasta rozar la deshumanización, entre  tanta globalización y tecnología, la dirección artística del teatro para niños con actores, con títeres, o con los dos, también ha conseguido progresos a nivel internacional. La competencia por el favor del público con las demás artes y con los avances de la era moderna, ha provocado un  replanteamiento cultural que mezcla géneros y conceptos entre la modernidad y la tradición, de manera desprejuiciada y libre.

Cada vez que asisto a un taller o propicio a otros la posibilidad de aprender  sobre las singularidades y argucias técnicas de la dirección artística de teatro para niños y de títeres, sea con profesores invitados extranjeros o nacionales, pienso en la ausencia de esta especialización a nivel superior. Pienso en un postgrado que incite a conocer la poética artística de los hermanos Camejo y Carril, desarrollada entre 1963 y 1971. Una obra desconocida y obligatoria, que acoge en sí misma todos los gérmenes de lo que fuimos y somos en materia de dirección de teatro de figuras. Pero, sobre todo, pienso en el ISA. Cuarenta años después, sigue siendo el lugar soñado, desde donde tal vez se podría lograr TODO.

 

Notas:

1.   El  Rey de los animales y Galápago, de Carlos Celdrán y Liuba Cid, fueron en 1988 los primeros premios Villanueva de la crítica teatral entregados a estudiantes del ISA como directores artísticos del teatro para niños y de títeres.

2.   Nelda Castillo fue la primera estudiante del ISA en dirigir en un teatro para niños y de títeres profesional. Primero fue la obra Galápago, desde el Guiñol Plaza, en 1985; luego, Monigote en la arena, en 1987, desde el Teatro Buendía, premio a la mejor dirección artística del Concurso de Teatro para Niños Uneac, 1988, y Un elefante ocupa mucho espacio, en 1989, con el Teatro Buendía, Premio Villanueva de la crítica teatral en 1991.

Nota: Texto presentado en el Foro UNIMA, Festival Nacional de Teatro, Camagüey, 2016.