Declaraciones


Cristina Castrillo. Teatro delle Radici (Suiza). Maestra invitada. En esta edición presentó y dirigió la pieza Si el silencio supiera. 

Usted ha estado en casi todas las ediciones del Magdalena; como madrina y Maestra ha visto crecer el evento. En su opinión, ¿cuánto ha madurado?

He estado en todas las ediciones menos en la última. Este encuentro siempre es muy fuerte por su estructura particular. Hay una serie de elementos que el Magdalena sin fronteras respeta: la diversidad, la comunicación entre las personas, la posibilidad de participación de las nuevas generaciones, los debates... Se crea un estatus de verlo todo, es una regla que cumplen pocos festivales y casi todos los Magdalena lo logran, como este, por ejemplo.

Veo a Roxana (Pineda) lanzar interrogantes sobre cuál es la mejor manera de organizar los debates y el evento; así se ha mantenido desde el principio y eso es una fortaleza. No vienes aquí solamente a mostrar tu propio espectáculo y ya, vienes a ser parte de un encuentro que te cansa seguramente, pero es diferente a cualquier otro festival.

¿Qué se lleva consigo de este Magdalena?

Escuché con mucha atención ciertas discusiones de interés sobre temas cubanos, que no eran solo de la cultura o el teatro, sino que tenían que ver con la realidad del país, de la cual siempre he estado al tanto. Me gustó esa posibilidad de cuestionar, que no significa: “tiremos todo para abajo porque hay que inventar algo mejor”, sino “¿qué necesitamos para mejorar?”. Porque tampoco se puede decir que las cosas estén bien. Este país tiene una construcción extraordinaria que ningún otro ha tenido, pero necesita reverse, modificarse. Me entusiasmé con este tipo de discusiones porque no me siento extraña a lo que sucede aquí, he venido muchas veces a Cuba y conozco este país.

¿Piensa, como alguna de sus colegas, que tal vez están faltando obras relacionadas con las problemáticas de las mujeres?

Para que sea un encuentro de mujeres no se necesita hablar solo de ellas, se necesitan espectáculos fantásticos y que se presenten buenas obras. Este evento no existe porque hable de la mujer, sino porque una se dedica a profundizar el lenguaje de la expresión, del teatro, incluso la belleza. Hay obras que discursan sobre temas de feminismo y son horribles. Es importante hablar de las mujeres, pero también lo es hablar de la tristeza, de los niños desaparecidos, de los refugiados.

Sus espectáculos usualmente tienen muy buena recepción en Cuba…

Desde hace años vengo a Cuba con mi grupo y también sola para presentar nuestras obras. Me gustaría venir más seguido, pero por problemas de financiamiento no lo puedo hacer. El territorio de nuestro trabajo tiene un mundo emotivo por debajo, lo he desarrollado así porque es la base metodológica que implemento: primero como método pedagógico con los actores, y segundo, en la construcción del montaje.

Tengo la impresión de que el mundo de imágenes escritas en el cuerpo, o en el caso de la obra que traje —donde no digo una sola palabra porque decidí no hablar—, crea una relación muy especial. Aparentemente no te estoy contando una historia reconocible; sé qué significa para mí, pero para el público tendrá otro valor. Es como romper, despedazar o cuestionar qué es la comunicación. Estamos bombardeados de palabras: nos la pasamos al teléfono, frente a la computadora, y no decimos absolutamente nada. Ahora, cuando descubres que las palabras verdaderamente importantes son las que nos cuestan decir, la situación cambia, porque uno necesita buscar otros recursos para comunicar. La recepción de Si el silencio supiera fue muy fuerte aquí, pero siempre me sucede con Cuba, donde la relación con el público es impresionante.

 

Silvia Káter. Silkateatro Andante (México). Maestra invitada, presentó Don Quijote, Historias Andantes.

He podido ver todas las funciones; eso me complació mucho porque hay festivales con una programación tan apretada que no te da tiempo a ver la totalidad de las obras; este Magdalena estuvo tan bien curado que nos permitió asistir a todo lo que se programó.

El taller que impartí se llamó “Creo, luego existo”, y fue acerca de creer y de crear, porque si yo asumo que los objetos se transforman en lo que yo imagino que son, entonces existen para el público. Lo pensé para personas que trabajan con objetos y títeres; me encantó que vinieran actores de toda Cuba, gente participativa que ya tenía un camino andado en esta profesión. Duró tres días seguidos en la sesión de la mañana. Me gusta mucho compartir lo que sé y a lo que me dedico, aunque tengo otros proyectos que no están relacionados específicamente con teatro de objetos: clásicos, contemporáneos, de vanguardia, para niños, adultos; pero como traje una obra que tiene objetos, me invitaron a ofrecer un taller sobre esta especialidad. Hicimos ejercicios de improvisación, búsquedas, reflexión, trabajo con objetos neutros transformados en personajes. Me gusta mucho este tipo de teatro, pero no me especialicé solo en eso. Mi público habitual oscila entre los 12 y 24 años de edad; creo que trabajar para ellos es mi misión como adulta, como madre de familia.

En el teatro trabajo desde 1984. Pertenezco al grupo Silka Teatro Andante, pero esta obra, Don Quijote, Historias Andantes, es una coproducción con La Rendija. No tengo sede, pero mi camioneta va a todos los lugares: escuelas, comunidades, foros, auditorios… dondequiera que me llamen, allá voy, sobre todo en mi ciudad, Mérida. Somos tres personas fijas y contamos con invitados.

Este es mi primer Magdalena. Siento una gran admiración por la buena organización y me gustó el respeto a la heterogeneidad que existe aquí, porque hay grupos muy diferentes en cuanto a la forma de hacer teatro. Me voy muy asombrada, para bien.

 

Antonieta Muñoz. Domo Teatro (Chile). El grupo presentó Recordando a Ina

Domo Teatro apunta a un teatro físico; se integran técnicas de la danza, el teatro y el circo aéreo. Somos un grupo pequeño de cuatro actrices. Nuestros planes futuros son continuar la formación de actrices y seguir organizando los Magdalena, ya hemos hecho dos en Chile. El próximo no sabemos si será en octubre de este año o en el próximo, y para esto deseamos salir un poco de Santiago, de la capital.

El festival te permite construir relaciones, conocer el trabajo de las colegas extranjeras, el que se hace en las comunidades. Siempre es una gran oportunidad reunirse aquí en Santa clara, ver el trabajo de las Maestras y cómo han evolucionado sus investigaciones, apreciar lo nuevo que tienen, a las compañeras que se suman a la red; tomar nota de obras que pueden ser programadas en Chile, en el Magdalena que organizamos allá. Este es un espacio de intercambio muy nutritivo.

El Festival es muy bueno en términos de organización y está muy bien logrado. Se distingue de otros por el carácter de Encuentro: comemos, caminamos y conversamos juntas. En el poco tiempo que no tenemos función, nos sentamos en un lugarcito para tomar café y conversar de problemas que nos atañen como mujeres, como creadoras, entonces nos aproxima ese espíritu que va brotando a medida que avanza el evento. Tiene que ver con la comunicación horizontal entre nosotras, porque se establece otro tipo de relaciones, hay una disposición para beber unas de otras en un intercambio intergeneracional y cultural. Experimentamos una alegría enorme cuando nos encontramos en cada edición, después que pasamos tiempo sin vernos.

Ya nosotras conocíamos a Roxana (Pineda) cuando coincidimos en Ecuador en 2010, en el Festival Tiempos de Mujer... En julio del año pasado estuvo en Chile para presentar Hojas de Papel volando, en Santiago y Valparaíso, y tuvo buena acogida de público.