De vuelta en Cuba, Frei Betto

El destacado intelectual brasileño Frei Betto es ampliamente conocido por los niños cubanos gracias a las ediciones de sus libros que, durante años, ha preparado la Editorial Gente Nueva. Ahora, como parte de esta 26 Feria Internacional del Libro de La Habana, nuestro querido Betto vuelve con el que resulta el sexto libro suyo para la infancia que se da a conocer en nuestro país: Uala. El amor.

El autor que a todos ha deleitado con historias como El Fogoncito, Maricota y el mundo de las letras, Sabroso viaje por Brasil. Limonada y su grupo en cuentos y recetas a bordo del Fogoncito, El comienzo, la mitad y el fi n y La niña y el elefante, nos trae en esta oportunidad una obra singular para lectores más juveniles, una obra que seguramente dejará una honda huella en los lectores cubanos.

Uala es un indígena que vive en diálogo constante con un río cercano a su comunidad y que, para su sorpresa, un buen día descubre que el río está enfermando hasta casi morir. Las aguas de este río que para él y su tribu significan una fuente de vida, ahora corren turbias y perniciosas, los animales que en él beben mueren, sus peces están corrompidos y todo es un sufrimiento para la comunidad de Uala que se ve sin ese poderoso amigo que les ha permitido vivir durante siglos en la solitaria y selvática región.

Pero Uala decide salvar a su río y entonces, una madrugada, adentra sus pasos, valientemente, en el territorio de los hombres incomprensibles blancos… el nudo de esta historia se va enredando en la medida en que Uala advierte lo difícil de su esfuerzo y el dolor inminente que se va a cernir sobre los suyos, pero no ceja en su empeño y, cada vez más decidido, sigue adelante en su búsqueda, pese a los terribles hallazgos que encuentra a su paso.

Si analizamos bien la historia, esta es una conmovedora narración que, a la manera del bíblico relato de David y Goliat, muestra el enfrentamiento entre lo justo y la injusticia, entre el poderoso irracional y el justiciero que no tiene más poder que el de su razón, frente a los actos de barbarie de quienes, a nombre de la civilización, llevan dolor y muerte por donde quiera que pasan.

Aunque el final de Uala en la defensa de su medio ambiente pueda ser presumible, el mensaje del libro es verdaderamente hermoso pues, en su sacrificio, Uala queda como un símbolo de entrega a una causa, la más justa entre todas las causas posibles, esa que, desdeñando seguridad personal y sosiego, apuesta por defender lo que es de todos, pese a lo que luego sobrevenga a su persona.

Hermosa y creativamente ilustrado por el joven Abdel de la Campa, Uala. El amor nos revela una nueva dimensión de ese formidable narrador que es Frei Betto, un autor no solo comprometido, como siempre, con la defensa de los desposeídos, sino poseedor de un encanto natural para adentrarse en una narración que va fluyendo como ese mismo río del que se habla en sus páginas, es decir, una historia cuyo argumento nos llega diáfanamente y con la impetuosa fuerza de una corriente de puros sentimientos.

En las páginas finales de su libro, Betto nos alerta de que: «Llevo con mucho orgullo, sangre indígena en mis venas. Mi tatarabuela, por línea paterna, (...) era una india de Ceará. (...) Creo que, de ella, heredé el apego a la tierra en que nací, el sentimiento animista y la fe en el mundo poblado de espíritus.

«Visité a los indios apurinás en la frontera del Acre con el Amazonas y me quedé impresionado con el alto grado de civilización que tenían. No roban, no mienten, no traicionan, no maltratan a los niños y no marginan a los ancianos. Lo que es de uno, es de todos.

«Al igual que mi amigo indio Aniceto, cacique de los xavante, soy un contador de historias...

«Mi bosque está hecho de palabras. En él capto los susurros del alma y me sumerjo en lo profundo de la intuición, como Uala hizo en su río».


Sumerjámonos todos, amigos lectores, en ese poderoso bosque de palabras al que nos lleva una vez más Frei Betto y dejemos que nuestra mente y nuestros mejores sentimientos naveguen libres, en este mundo primigenio y jamás contaminado al que nos lleva el autor para demostrarnos, una y mil veces más, que únicamente en comunión y armonía con nuestro medio, encontramos todos los humanos la mayor certeza de nuestro lugar y razón de ser en el planeta y en nuestra propia existencia como entes que son parte de un todo.