¿De qué habla el teatro cubano?

Esa fue la pregunta que los jóvenes investigadores socio-culturales del Instituto Juan Marinello me dirigieron específicamente a mí para que les respondiera, entre otras dirigidas a varios colegas, en el espacio La Revuelta el pasado lunes 9 de noviembre, que tan interesante resultó para discutir, de manera transversal, el presente del teatro cubano y que, espero, genere disímiles comentarios a propósito de dicha jornada. He aquí las cápsulas de mi respuesta:

De muchas, muchas cosas. Reducir ese amplio universo a pocas líneas, es solo pasión de críticos.

A veces no habla de nada, eso es lo peor.

De una manera interesada, podría decirse que sigue hablando de lo mismo: de temas que atraviesan la vieja tradición del teatro del mundo y también la nuestra.

Pero esa generalidad se puede acotar. En los últimos años, del 2000 hacia acá, creo que el teatro volvió con más fuerza a sus acentos sociales. Revisión de los intersticios de la historia de la Revolución, conflictos entre individuo y sociedad y caminos del ser humano ante el proyecto de su vida, ambos con el telón de fondo de ese propio marco, más nuevos paisajes temáticos (los mundos de nuevas marginalidades, entre otros).

Pero para tratar de precisar aún más: la temporada 2015 en sus puntos más interesantes gira en torno al HOY de la nación. Por ejemplo, los nuevos ricos o la nueva burguesía cubana, cómo mira la historia y la nación la generación más joven, qué esperamos y qué esperan de nosotros en esta actual configuración histórica y la revelación del actuar desenmascarado de varios sectores sociales.