De la trastienda y las emociones de otro Mayo Teatral
Fotos: Abel Carmenate y Yeins Cordero 
 

Diseñar y ejecutar el proceso curatorial de la Temporada de Teatro Latinoamericano y Caribeño Mayo Teatral, y celebrarla con el propósito de que sea muestra de parte de lo mejor que se hace en la escena de la región, es un trabajo arduo y a largo plazo, pero gratificante cuando se logra reunir, como esta y una vez más, a un conjunto de grupos con una propuesta artística variada y rigurosa en su elaboración formal, y conectada orgánicamente con las problemáticas sociales de sus respectivos contextos.

Si bien el evento bienal que organiza la Casa de las Américas desde su Dirección de Teatro es deliberada continuidad al empeño por la integración que constituyó el Festival de Teatro Latinoamericano en los años 60, cuando este tipo de acción era bastante escasa, el que organizamos hoy es un evento relativamente pequeño, por razones presupuestarias pero también por elección deliberada de una escala en la que el contacto humano no se pierda.

El proceso de selección, por su parte, está sujeto a las contingencias del teatro latinoamericano y caribeño que alcanzamos a ver, desde limitados recursos económicos, y gracias a la colaboración de muchas personas e instituciones, y con plena conciencia de que lo que alcanzamos a convocar y programar no es ni mucho menos lo único estimable, pero sí que se trata de experiencias probadas en la confrontación con sus espectadores y que, gracias a su rigor artístico, son referentes de alta calidad estética y de la diversidad que resulta de las numerosas tendencias expresivas que caracterizan la escena de la región.

El mismo principio y similar exigencia signan la nómina cubana para completar el catálogo. Se intenta que una y otra recorran amplitud de expresiones escénicas, estilos y géneros, y que coexistan agrupaciones de probada experiencia con grupos nuevos, la tradición y la experimentación, lo canónico y lo transgresor, el magisterio indiscutible y los nuevos tanteos.

A partir de intentar seguir de cerca procesos de investigación, montaje, estrenos y el quehacer de los maestros, de rastrear en publicaciones especializadas afines, y de propiciar que algunos de esos procesos sean materia de testimonios y análisis en la revista Conjunto, se va definiendo el perfil temático de Mayo Teatral. Si bien en sus primeras siete ediciones — desde que en 2001 se fortaleciera como temporada con una cartelera central— se conformó con ser una muestra más o menos representativa, en 2014 comenzamos a proponer un tema como eje. En esa oportunidad, el del cruce —cultural, de lenguajes escénicos y geografías—, y esta vez el teatro de grupo —noción tan polémica y cuestionada como persistente en estos tiempos—, en tanto subrayado e incitación al pensamiento teatrológico para responder a la práctica viva, parcialmente diagnosticada en la acción consciente de auscultar los signos que afloran en distintos puntos de la geografía regional.  

Para la concreción de Mayo Teatral también es importante el balance en la calidad de la programación artística que se ofrece a los espectadores de la Isla y se comparte entre los artistas.

Para la concreción de Mayo Teatral también es importante el balance en la calidad de la programación artística que se ofrece a los espectadores de la Isla y se comparte entre los artistas, como el espacio real de encuentro, la posibilidad de intercambio y reconocimiento entre los participantes, que mantiene viva la misión histórica de la Casa de tejer redes entre los artistas e intelectuales nuestramericanos y de potenciar alternativas de diálogo y colaboración futura. Ese objetivo cristaliza en el Encuentro de Teatristas Latinoamericanos y Caribeños, continuador también de los convocados por la institución en los años 70 y 80, y se amplía luego en el día a día. No puede soslayarse la oportunidad que representan los talleres impartidos por varios de los líderes de algunos de los grupos visitantes, para muchos creadores, en su mayoría jóvenes en pleno proceso de formación profesional. El laboreo del taller es ocasión de profundizar en el discurso apreciado en la escena y a la vez de poder medir la eficacia de los postulados pedagógicos del maestro, y afortunadamente dejan huellas a largo plazo.

En estos días, luego del recuento y la celebración de tres respetables cumpleaños y del estimulante desfile que vertebraron los testimonios de quince artistas compartiendo los proyectos y las angustias de sus grupos, en abierta confrontación con sus más recientes montajes, cuando ya despedimos a los artistas y bajó la tensión, mientras el cansancio se diluye en una extraña calma, la primera reacción es la resaca que nos queda de la intensidad de las emociones y del gozo por la belleza; la nostalgia por los instantes de contactos humanos y profesionales entrañables. Y ya andamos pensando y conspirando para el 2018.