De cajas, capitales, teatros de papel y títeres incómodos
Fotos: Sonia Teresa Almaguer
 

Si algo disfruto al frente de la curaduría artística del Taller Internacional de Títeres de Matanzas (Titim), es el encuentro con propuestas escénicas incómodas, esas que me hacen junto al comité organizador ir a la búsqueda de espacios que originalmente no fueron concebidos para ofrecer funciones de teatro de figuras. La imaginación comienza a ensancharse al explorar lugares que luego serán imantados por la magia de la titiritería y después volverán a ser lo que eran y a la vez no. Cuando las figuras y sus oficiantes ocupan un área nada torna a ser igual.

En la hermosa sede de la Asociación Cubana de  Artesanos Artistas (ACAA), de la capital matancera, encontramos el lugar ideal; en la programación apareció como Espacio para pequeños teatros. Confluyeron allí dos espectáculos tan similares como diferentes en sus conceptos creativos.

I
“La Meridienne”

De Francia, en las manos sensibles del Theatre de La Massue, “La Meridienne”, montaje microscópico del artista de origen argentino Ezequiel García Romeu, comenzó a intrigarme en cuanto tuve el dossier artístico-técnico en las manos. Las indicaciones eran poco comunes. Las sesiones de función tendrían a 12 personas por hora de actuación. Estas permanecerían sentadas en un primer cuarto, compartiendo conversaciones y una merienda o sencillo refrigerio (no sé cómo habrá sido en tierra gala, pero aquí pusimos té y bizcochos para estar a tono con la frugalidad sugerida). Se precisaba un cuarto intermedio que aislara el primer salón del tercero. A este último sería llevado el único espectador por representación, espacio que debería permanecer aislado de todo ruido proveniente del exterior, algo bien difícil en nuestro entorno arquitectónico y social. Casi lo conseguimos.


La Meridienne. Theatre de La Massue
 

“La Meridienne”, poema dramático mínimo (dura unos cinco minutos) y estremecedor, fue estrenado en 1995, al inaugurarse el Museo Calvet, durante el prestigioso festival teatral francés en Avignon. Lo sencillo se vuelve trascendente y atemporal. Extraído de la esfera social precedente, el primer cuarto con 12 personas, como los 12 apóstoles, el espectador desata junto a la exquisita manipulación de García Romeu, su imaginario particular acerca de la creación del universo, el hombre y sus utopías. Ni una sola palabra se escucha, no hay música ni brillantes colores. No es necesario.

Por algunos colegas supe que las representaciones en La Habana habían sido un tanto caóticas a nivel de público y conformación técnica. No siempre vale ser la urbe capitalina para entender ciertas cosas. El teatro de figuras es también rareza, singularidad y asunto original. Las manos diestras del titiritero español Enrique Lanz, amigo de García Romeu, más los deseos de colaborar del equipo técnico del comité organizador del Titim, aún sin tener noción clara de la necesidad de tres cuartos para una puesta en escena de cinco minutos y un solo espectador, lograron en Matanzas el milagro de la caja misteriosa que precisaba “La Meridienne”. Montaje sui géneris, ideado por un hombre que participa de forma activa en la concepción de un teatro de figuras que explora las nuevas formas, ubicado consciente e intelectualmente en el cruce cultural de múltiples disciplinas artísticas.

II
“Historias bien guardadas”

Ni el teatro de papel, cuyos orígenes se asientan en el viejo continente, en el siglo XVIII, ni las cajas, llamadas en Europa Peep Show, o Lambe Lambe en Argentina y Brasil son creaciones novísimas. En dialogo especial con el teatro de figuras y objetos, ambos géneros no han tenido en la Isla la aplaudida popularidad de otros lares del mundo. Por eso me alegró sobremanera la oferta que bajo el título “Historias bien guardadas”, performance teatral para pequeños públicos, me propuso La Salamandra, agrupación titiritera demasiado tiempo alejada de las tablas. Y digo demasiado porque cuando un conjunto teatral es integrado por personas talentosas, se extrañan sus proyectos, su presencia, su hacer escénico.


Historias bien guardadas. La Salamandra
 

Otra vez las exigencias técnicas comenzaron a hacer de las suyas. Un espacio flexible cerrado. O sea que no hacía falta una sala teatral, pero el sitio dispuesto debía tener intimidad. La ACAA se pintaba sola para el espectáculo, pues tiene varias habitaciones con cierta privacidad. Unos cuantos retoques indicados por el mismísimo presidente de la asociación matancera, mucha disposición de los artistas y el equipo técnico del Titim y comenzaron las funciones para siete espectadores en tres pases, que se extendieron por cinco días.

El regreso de La Salamandra al ruedo tiene nuevos matices. Junto a Eder Rodríguez, fundadora, están ahora la actriz Edith Ibarra, con experiencias titiritera y actorales con Los cuenteros y Teatro El Arca, y el diseñador gráfico y actor Mario David Cárdenas, joven talentoso y perceptivo que redondea con sus artes una producción de estreno, firmada como creación colectiva. Las voces de la teatróloga Yudd Favier y del experimentado  diseñador escénico Eduardo Arrocha, Premio Nacional de Teatro, se sumaron al montaje para bien, además de mostrar que el regreso ha sido con todos los hierros, el cual no está exento de riesgos y vicisitudes.

Dos muchachas hermosas reciben al pequeño público, cantan como ruiseñores ateridos de tristeza, luego dan inicio al rito Teatral. La ceremonia muestra la historia de dos mujeres detenidas en un tiempo otro. Una tuvo un único amor, la otra varios. Sutileza tras sutileza, vemos pasar la vida de una en delicados recortes de papel. Cajas antiguas de diversos tamaños se abren para descubrir secretos femeninos a los fisgones espectadores. Los ojos vienen y van por abanicos, piezas plegables, anillos, polveras… la música apagada de la otra historia, contada desde una misteriosa y afiligranada caja, se oye de trasfondo. La curiosidad en seguir una y otra vida vuelve ansiosa la recepción.

De seguro los de La Salamandra volverán una y otra vez sobre una puesta en escena aún en laboratorio. Vale la pena ajustar goznes dramáticos y narrativos, la pieza es una joya intima, parecida a nada de lo que se vio en el Titim, excepto al espectáculo colega de espacio. Debo decir que “Historias bien guardadas” estuvo entre lo que más aprecié del 12 Titim. Una consideración basada en la valentía advertida desde una propuesta todavía inconclusa, por tanto poseedora de nuevos horizontes.

III
De capitales y acciones

No fui yo quien nombró a Matanzas como capital cubana de los títeres. No creo en las nominaciones, sí en las certezas de las acciones, de los gestos a favor de tener un movimiento titiritero amplio y consolidado. Soy consciente de que esa afirmación tan necesaria no provendrá de títulos honoríficos,  sino de un concepto artístico cada vez más en sintonía con el mundo, sin por ello perder el acento nacional. Por eso me alegra tanto lo conseguido en el Espacio para pequeños teatros construido en la ACAA. Tal vez no fue el  sitio más popular del 12 Titim, las cifras de los espectadores permitidos eran exiguas, casi de elite, más ahí está el germen de mayores públicos,  mirones que después de la primera ojeada correrán la noticia, y acaso en 2018 tengamos, tanto en Matanzas como en La Habana, agradables sorpresas.