Danza Contemporánea de Cuba no se detiene
Fotos: Alejandro Abella Quintana


A finales de julio, Danza Contemporánea de Cuba estrenó dos nuevas obras: DCCrama y Las paredes se van, de los coreógrafos cubanos Norge Cedeño y Julio César Iglesias, respectivamente, junto a la reposición de Reversible, de la coreógrafa colombiano-belga Annabelle López Ochoa. Reseñar cada una es imposible en este breve espacio. Hemos preferido detenernos en la estrenada DCCrama, haciendo observaciones de contrastes temáticos y formales respecto a Reversible, por estar enlazadas en el tópico del amor. Queda fuera de esta temática Las paredes se van.

DCC, sigla por la cual es reconocible esta compañía, forma parte del título de la coreografiada por Cedeño, quien ha sabido sumar a este empeño creativo la colaboración de bailarines del grupo. En la pieza aborda el poder desestabilizador de los sentimientos amorosos, seguramente inspirado en sentimientos por los cuales muchos han transitado en sus propias vidas o de los que han sido también testigos.


DCCrama, de Norge Cedeño
 

Cedeño ha concebido diagramas de los conflictos en juego a partir de un sistema de varias combinaciones de los bailarines en dos y tres personajes, distribuidos en una cadena diversificada de situaciones de parejas. Se inicia con los bailarines colocados sobre haces de luz proyectados en forma de rectángulos, articulados a la manera de un crucigrama, no observable a nivel de la platea, sino de los pisos superiores del teatro; por tanto, es un mecanismo que opera encubierto.

Formado sobre el escenario por las luces proyectadas desde las luminarias superiores, cumple el rol de indicar la lógica de las mixturas en las correlaciones interpersonales. Ha de observarse, no obstante, que mientras en las casillas de los crucigramas tradicionales se establecen entrecruzamientos obligados entre las palabras, determinados rígidamente de antemano, los mecanismos de interacción en la vida sentimental de las personas son otros de mayor complejidad. Se establecen por coincidencias espacio-temporales y la voluntad de comunicarse en encuentros fortuitos; obedecen al libre juego de las circunstancias, al roce, al intercambio, a tropezar, observar y detenerse a interactuar con alguien que puede devenir ulteriormente su pareja. Toda relación amorosa está dada por un cruce en el cual el azar juega un papel importante en la selección y alcance de quienes están bajo la mirada.


DCCrama, de Norge Cedeño


Adecuado sería entrelazar conceptualmente ese carácter afacetado de las luces sobre el tablado escénico en la disposición espacial e interactiva de los danzantes sobre el crucigrama, con el emplazamiento de los cuadros del cubo de Rubik; dado que en este otro las posiciones ocupadas por los personajes resultarían relativas, apenas una posibilidad entre muchas otras. En consecuencia, el supuesto destino que se cree opera en las vidas personales de la gente, es en verdad el resultado de la concurrencia de eventos, de ciertas coyunturas, unido a fijar intensamente el interés y las emociones en alguien, cual si fuese ese el marcado por la vida. Después se experimentará si para bien o para lamento, alegría o dolor. Esas resultantes responden a un imprevisible juego de dados.


DCCrama, de Norge Cedeño


¿De qué trata la obra? La atención creativa grupal se centra en el drama de los impulsos pasionales; en conjunto, de la constante formación y desunión. En un primer momento, cuando es favorable, ambos amantes sienten que se afirman, crecen y se vigorizan. Las emociones calan hondo, penetran en la mente y dominan las sensaciones del cuerpo. El hombre es más voluble en sus sentimientos amorosos. Es capaz de depositar su interés y sus ansias en más de una mujer a la vez, sin entrar por eso en un aturdidor conflicto psicológico. De manera frecuente, el afianzamiento amoroso a un hombre determinado, predispone a la mujer a los embates de los intereses cambiantes de este. Por eso las separaciones son tan dolorosas.

Los encuentros y desencuentros tienen consecuencias duraderas. No se desgajan fácilmente tras la separación. Se atraviesa un drama personal que puede llegar a ser sumamente desgarrador. Sobreviene, entonces, la desolación, la quiebra del cuerpo y el alma, el derrumbe del mundo a sus pies. Entregada con pasión al amor, la mujer siente socavada cuanta esperanza había construido en su imaginación. Ese derrumbe de un orden lleva su corazón a la ruina, a la quiebra de la estabilidad, al percatarse de cuánto le va separando del amado y de cuán improbable ha de ser el retorno definitivo de este. El desgarramiento del alma es el efecto de su desarraigo psicológico, al producirse una fractura entre lo ansiado y lo posible. La fijeza en aferrado detenimiento es la causa de su desmoronamiento y su quebranto. Lo sabe y sufre. La escenificación de estos acontecimientos se muestra en el curso del relato dramático con un cuidado notable, con el propósito de aportar los matices en la interpretación de los bailarines, siguiendo las directivas del coreógrafo.


DCCrama, de Norge Cedeño


Al efecto, se deja ver con sutilezas en el baile la causa y consecuencia de la fijeza en el derrotero de esa pasión. Una vez pasados los impulsos de los comienzos, sobreviene muchas veces la frustración, el fracaso, la desolación. Todo parece detenerse. El aturdimiento y la desesperación quebrantan el alma. Ese tormento se da a nivel danzario y de la expresión sufrida en el rostro del personaje que deviene protagonista.

Es reconocible cómo la estela de esos acontecimientos perdura largo tiempo. Le marcan, dejan su huella inhibitoria. De ahí el motivo de la canción escuchada, interpretada por Blanca Rosa Gil: “cuando tú te hayas ido, me envolverán las sombras”. La mujer enamorada es, por lo general, más susceptible a ese desgarramiento. Esta es la postura autoral de Cedeño en su creación danzaria; aunque es sabido que el hombre no está exento de peregrinar en alguna ocasión por esa ruina emocional.


DCCrama, de Norge Cedeño


Como evidencia no ser este un caso aislado, la coreografía se propuso marcarlo mediante el recurso de la teatralidad, de una manera no novedosa, pero efectiva, pues hacia el momento final se da la salida de un bailarín en representación del definitivo abandono masculino, mientras se produce la llegada de una nueva mujer al escenario. De ese modo, otro ciclo habrá de comenzar ya fuera del marco de lo relatado. La recién llegada, en su momento, se sentirá deseada, se entregará al amor, y luego sufrirá el desengaño y el abandono por un hombre inicialmente entusiasmado con ella que después se alejará, atraído enérgicamente por otra. Por consiguiente, recomenzará una y otra vez ese ciclo sin vislumbrarse su interrupción. Ese es un cierre abierto.

En marcado contrate dentro del programa, la obra de Annabelle López Ochoa examina la actitud de la mujer de un modo muy diferente. El realce femenino por esta artista le confiere un rol distante del mostrado por Cedeño. Esta creadora de gran vitalidad y luces, con un talento fogueado en escenarios internacionales, se caracteriza por su carisma personal que vuelca con fuerza telúrica en Reversible. Las numerosas mujeres representadas acá son poseedoras por igual de un temperamento y una fuerza dominante, capaz de seducir, atrapar y someter al hombre.  


Reversible, de Annabelle López Ochoa
 

A diferencia de la posición del autor de DCCrama, donde se establece y afirma la postura dominante y más libre del hombre en el amor, la obra de Anabelle se encauza en sustentar otra dirección. La mujer será quien cautive y arrastre, quien juegue en dominador flirteo libidinoso con el hombre, estimulándolo a su despliegue viril. Le desafía y triunfa sobre este. Nunca sale sometida de esa relación. Ella despliega el poder y las armas femeninas de la seducción. Provoca, apasiona y desencadena las fuerzas masculinas, potenciándolas. No pretende provocarle un sometimiento conducente al dolor. Une a su complacencia sexual la satisfacción psicológica de saberse energizante, estimuladora de las energías y emociones vigorosas en el hombre. 

La coreógrafa logra con brillo vincular la música de ambiente gitano a la gestualidad del coqueteo femenino, caracterizado por la contrastante educación socializada de no plegarse y someterse, aunque amen profundamente. Las mujeres en esta pieza no dejan que sus sentimientos amorosos les afecten la soberanía de su personalidad. No se dejan avasallar por los hombres. Son indomables, libres, sueltas, desafiantes de los peligros que puedan traerle los celos que desencadenan. Su despliegue como no sumisas desarma los alardes de los personajes masculinos, quienes pretenden atraer la atención sobre ellos y deslumbrarlas por sus habilidades corporales danzarias con su dinamismo y virilidad, semejantes a los animales que ejecutan también, y no casualmente, un alarde de movimientos vanidosos frente a las hembras en el preámbulo del galanteo para lograr la conquista amorosa. De esta manera, la autora enlaza subrepticiamente con sagacidad la condición natural de las relaciones sociales con el instinto animal de apareamiento.


Reversible, de Annabelle López Ochoa


La demostración de cuán dominante es la mujer y su no sometimiento, lo prueba en golpe demoledor el pasaje danzario de la llegada de una bailarina al escenario, asociada a una sonoridad de inquietantes silbidos inarticulados e incomprensibles, como si fueran emitidos por esta en un lenguaje sibilino, en medio de varios hombres alardeando de sus fortalezas. Se respira el ser una pitonisa, una sacerdotisa. Mujer-Misterio. Enigmática. Hechicera de los hombres. Encantadora. Capaz de someterlos, de reducirlos a la nada si fuera preciso. Alguien fabuloso, dotado del atributo de lo impenetrable y lo sorprendente. Inexpugnable. Capaz de desafiar a muchos hombres a la vez sin temor alguno, y salir victoriosa. Ante ella la fuerza de lo masculino necesariamente ha de ceder. Ese es el rango del poder de lo femenino para Annabelle.

Ha de reconocerse la destreza de Reversible, a diferencia de DCCrama, para mostrar un gran dominio de todo el espacio escénico en el diseño de la distribución y acento de las figuras coreográficas. También destaca por la sabiduría compositiva de las sonoridades musicales, capaces de remontar lo escenificado a los fundamentos tribales y míticos de las relaciones entre los sexos, representadas mediante un juego, una lidia simbólica de fuerzas, en conjunción necesaria para la vida personal y social, porque está en los fundamentos naturales de lo humano. 


Reversible, de Annabelle López Ochoa


Sería, sin embargo, equivocado pensar que el ejercicio soberano de ese poder femenino sea lo más deseado a representar por esta coreógrafa. Quienes piensen así deberían observar con detenimiento los recursos de vestuario y los cambios de este para percibir que los afanes de su sustentación responden a lograr, finalmente, un estadio humano de complementación de los dos sexos, para borrar esas marcas de género con sus secuelas de poder de uno sobre otro. La autora busca, así, encontrar un estado idílico intermedio en que ambos géneros se necesiten y complementen en posiciones de igualdad de oportunidades y exigencias ante el grupo social al cual pertenecen. Ello quiebra el inmovilismo de la postura de Cedeño, que no deja vislumbrar cambios en la situación de la dependencia femenina.

El ejercicio de poder desplegado históricamente por uno y otro género, según la proyección escénica de Annabelle, debe ir cediendo paso a un nuevo mundo, organizado de modo que, en la simbólica desnudez final de los cuerpos de todos los danzantes, una vez eliminados los vestuarios distinguidores entre los sexos, debe alumbrarse el advenimiento de un momento más elevado de lo social: el amanecer a un mundo resplandeciente de luz, más natural y honesto en sus relaciones interpersonales. Dicha posición utopista es defendida con una belleza compositiva de formas danzarias, de ejecuciones coreográficas y de músicas que denotan la calidad elevada de Reversible y la destreza y el rigor de su autora, que sabe hacer de la danza un espectáculo arrebatador por la belleza y el entusiasmo que provoca su puesta.  


Reversible, de Annabelle López Ochoa


En torno a esta lección debiera meditar profundamente Cedeño de una manera analítica, pues su pieza revela un menor dominio en diversos aspectos. Es débil la destreza e imaginación de los movimientos danzarios, a lo cual contribuye la forma constreñida de distribuir a los bailarines en el escenario y la menor geometría de las composiciones danzarias, pese a concebirlas estableciendo entre ellos determinadas correlaciones. Destaco, en cambio, el adecuado esbozo dramático de una parte del argumento.

Se resiente, igualmente, en no hacerse sentir imprescindibles, singulares y únicos los movimientos adoptados, especialmente en los dos momentos de la cadena, al principio y al final sobre el crucigrama lumínico, cuando desciende abruptamente el interés visual y emocional. En las dos ocasiones los bailarines quedan demasiado comprimidos, situación que los obliga a ejecuciones gestuales de sus cuerpos, sin dejarles el espacio suficiente para una mayor brillantez en sus evoluciones. Esto reduce la efectividad sígnica y esplendidez que pudiera alcanzar, en caso de versionarse cuidando todos esos detalles, con una mayor potencia visual y sonora que lo convierta en un gran espectáculo aclamado por el público, que provoque la solicitud de su reposición en Cuba y el extranjero, donde la compañía con frecuencia muestra el quehacer de sus últimas creaciones.