Danza Contemporánea abre 2016 con estrenos coreográficos

Danza Contemporánea de Cuba (DCC), la compañía que nació con la Revolución Cubana festeja su aniversario 57 este año, y la festividad comienza con dos estrenos: Heterodoxo, de la belga-colombiana Anabelle López-Ochoa; y Cenit, de la cubana Laura Domingo.

 

La primera está programada para el próximo fin de semana (22, 23 y 24 de enero, en los horarios habituales de teatro) en la remozada Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Meses atrás López Ochoa montó Reversible para DCC, que también formará parte de este programa junto a Identidad-1,  de George Céspedes.

Heterodoxo, según relata su autora, está inspirada en los actos terroristas perpetrados en París en noviembre. “Los criminales venían de Bruselas, ciudad donde viví hasta los 18. Quería dar vida a una obra donde expresara los cromatismos que experimenté y la angustia que está emergiendo en los países europeos. Ahora el enemigo no está muy claro, está dentro de nosotros, al interior de nuestras naciones. La obra pudiera recrear un ámbito familiar, una escuela, una institución”.

No es un tema cubano como me había pedido la compañía, pero si está relacionado con un hecho real, algo que está pasando. Creo que el arte tiene que hablar de la sociedad de hoy”.

La profesora Laura Domingo se bautiza con DCC el siguiente fin de semana (29, 30 y 31). Cenit se presenta en el mismo escenario acompañado de Heterodoxo y Matria Etnocentra, igualmente de Céspedes.

Su Cenit dura alrededor de siete minutos, algo inusual para para las piezas que interpreta DCC. “Me interesaba montar una pieza que tuviera cierta novedad por el tiempo de duración. La compañía es muy virtuosa, -virtuosismo que he visto desarrollarse porque llevo 10 años vinculada a DCC- y trato de aprovechar ese potencial en varios registros. Aunque no trato de establecer un estilo como tal, sí me propongo proyectar un discurso claro”.

La pieza traba sobre el encierro y el límite humano expresado en tres dimensiones distintas. Una primera sería la corpórea; la segunda trata la expresividad de las emociones mediante la naturaleza femenina; y la tercera se centra en la espacialidad física. La pieza aspira a penetrar en la memoria como una flecha: rápida y precisa”.

DCC inicia así un nuevo ciclo con inyección notable de juventud y desafíos, luego de un fructífero 2015 que culminó con 7 estrenos de coreógrafos cubanos y extranjeros, presentaciones en importantes plazas artísticas foráneas y lauros para la creación coreográfica.

Si se repasa lo acontecido en ese lapsus, los montajes de seis obras en cinco meses; presentaciones en el Royal Opera House de Londres junto al Premio Nacional de Danza, Carlos Acosta; y en el Auditorio Nacional de México. Premio Villanueva para George Céspedes por Matria Etnocentra, más el estreno ulterior de Otros Caprichos, de la coreógrafa catalana, Angels Margarit para el aniversario de la compañía el pasado septiembre, dan cuenta de la ingénita capacidad de su staff tanto artístico como técnico y administrativo.

 Fue a todas luces un período de crecimiento y maduración para la compañía fundada por el maestro y también Premio Nacional de Danza, Ramiro Guerra. No obstante, en el tránsito de un año a otro el colectivo danzario prescindió de más de 10 de sus miembros, 11 de ellos primeros bailarines. La compañía de Iglesias ya está acostumbrada a los retos, y no sería la primera vez que deben partir prácticamente de cero para volver a montar el repertorio con otro elenco. En octubre durante la reposición en el Auditorio de México de Carmina Burana,  se estrenaron con esa pieza 30 bailarines de los 40 que actuaron en dichas funciones.

Sin dudas el nuevo año será determinante para el renovado conjunto de Miguel Iglesias. Su propio director convida a interrogar si DCC seguirá siendo la misma este ciclo que recién empieza con Heterodoxo y Cenit