Daniel Viglietti en el Trópico de Cuba

Una voz muy gruesa, cálida, espesa, me llega en el tiempo entre la arboleda sonora donde una flauta revolotea herida. Tendría unos 11 o acaso 12 años, edad en que uno se pregunta ‘¿quién soy?’ ‘¿para qué estoy aquí?’; momento en que un buen poema, una canción auténtica… te ayudan a enfilar la proa de tu existencia hacia algún lugar —tú lugar— en el universo, algo que como el horizonte nunca se puede apresar.

     

Yo vivo en un tiempo de guerra,
yo vivo en un tiempo sin sol.
Sólo quien no sabe las cosas es un hombre capaz de reír.
Ay, triste tiempo presente
en que hablar de amor y de flor
es olvidar a tanta gente que está sufriendo dolor.

¿Cuántos azares y sucesos llevarían a aquel cantautor uruguayo hasta esa canción; hacia el disco que alguien puso en la radio y luego –seguramente mi padre- compró en una tienda de La Habana? El caso es que empecé a escuchar aquellas piezas que hablaban del mundo, de las injusticias, de la ternura, el amor, el dolor, la amistad, no con ideas simplonas —tan al uso por entonces, y tan utilizadas ahora— sino con un calado inquietante, desbordado, rebelde, solidario, desgarrado, cuestionador.  

Todo el mundo me dice que debo comer y beber,
¿pero cómo voy a comer, cómo voy a beber,
si sé que lo que como y lo que bebo
se lo estoy quitando a un hermano que tiene hambre,
a un hermano que tiene sed, a un hermano?

Pero aun así yo como y bebo, aun así, ésa es la verdad.
Dicen creencias antiguas que vivir no es luchar,
que es sabio quien consigue al mal con el bien pagar.
Él que olvida la propia voluntad,
él que acepta no alcanzar sus deseos,
ése es considerado por todos un sabio.
Eso es lo que siempre veo
y a eso yo digo ¡no!

¿Cuántas preguntas me haría entonces transitando por aquel disco? ¿Cuántas con la vida habré resuelto? ¿Cuántas están pendientes? ¿A qué otras cuestiones me llevaron esos versos y músicas? En todo caso, más de 40 años después, como por arte de magia, estuve en un estudio de radio con ese gran cantautor nuestroamericano que es Daniel Viglietti en calidad de entrevistado.   

Viglietti marca los inicios de la Nueva Canción en Uruguay, junto a nombres como Alfredo Zitarrosa, Los Olimareños, en natural interacción con la canción argentina que tiene como raigal exponente desde los años 40 a Atahualpa Yupanqui.

Daniel Viglietti (DV): “Siendo yo muy pequeño, tendría tres o cuatro años, él iba a mi casa en Montevideo —mis padres aún no se habían divorciado. Mi padre tocaba la guitarra, mi madre era una pianista conocida. Pues Yupanqui venía de visita y se armaban unas guitarreadas que yo conozco solamente por mentas, por referencias; o sea, que cuando yo llego a casa ya estaba Yupanqui ahí”.

Los años 60 traen grandes convulsiones, la revolución cubana, las protestas contra la guerra del imperio yanqui en Vietnam, el movimiento por la igualdad racial en EE.UU., las luchas contra el colonialismo y el apartheid en África, los Movimientos de Liberación en América Latina. Todo esto le da un nuevo papel al cantor con compromiso social, de agitador, de voz de pueblo.

Yo pregunto a los presentes
si no se han puesto a pensar
que esta tierra es de nosotros
y no del que tenga más.

En 1967 Daniel Viglietti participa en el histórico Primer Encuentro Internacional de la Canción Protesta, convocado por Haydée Santamaría en Casa de las Américas, voces de todos los continentes proyectan su canto antimperialista; nombres como los de los chilenos Isabel y Ángel Parra, el mexicano Oscar Chávez, nuestro Carlos Puebla, la folclorista norteamericana Bárbara Dane, Raimon de la canción catalana, entre muchos otros. Intercambian canciones, ideas, proyectos, un movimiento de la canción sentaba sus bases. Recuerda Viglietti que la delegación uruguaya era la más numerosa.

Daniel Viglietti: “Era amplísima la delegación nuestra que vino a Cuba en 1967 al Primer Encuentro de la Canción Protesta. Los Olimareños: José Luis Guerra y Braulio López —que hoy actúan separados, como solistas—; y un tercero, Rubén Lena, que nunca se veía, pero era el que pensaba y escribía muchas cosas, fueron fundando un cancionero propio, asumiendo una cantidad de matices regionales del toque, de la rítmica, del estilo, muy importantes. Y también aportó Víctor Lima, un cantante originario de Salto. Un payador formidable, Carlos Molina, que también estuvo en la delegación a aquel Primer Encuentro: y sostuvo un contrapunto memorable, muy chispeante y muy encendido aquí en Casa de las Américas, con un gran poeta-improvisador peruano llamado Nicomedes Santa Cruz; pues entablaron un diálogo en décimas y empezó a subir la temperatura… fue un fenómeno casi ígneo, de lo fogoso.

Carlos Molina es un antecedente tremendo, yo nunca hubiera escrito una canción como “A desalambrar” sin la influencia de ese pulgar mágico, de ese pulgar motor, del toque de guitarra del payador; en el Mi Menor, la tonalidad preferida de los payadores.

Yo pregunto si en la tierra
nunca habrá pensado usted
que si las manos son nuestras
es nuestro lo que nos den.

A desalambrar, a desalambrar
que la tierra es nuestra
es tuya y de aquel
de Pedro y María, de Juan y José.

Si bien 1967 marca el primer encuentro físico de Daniel Viglietti con Cuba, desde mucho antes traía consigo el amor a la revolución de enero del 59, a ella está dedicada una pieza que es todo un himno y que han entonado muchos notables cantores, entre ellos Mercedes Sosa,  “Canción para mi América”.

Daniel Viglietti: “La compongo en 1961 y es importante ubicar el origen de esa canción, porque no se corresponde con el motivo que la provoca, que fue la invasión por Playa Girón. En Uruguay nos produjo una gran indignación esa agresión. Ahora, yo no escribí una canción sobre la invasión de Playa Girón, pero aquello me conmovió toda la armazón de pensamiento, de la toma de conciencia que se venía gestando, y compongo esto en un país donde los indígenas habían sido duramente exterminados y esa era una manera de abrazar a los pueblos originarios de América Latina. Es un intento de aproximación, yo diría que la idea es: hombre blanco del sur que canta a los indígenas y asume esa importantísima presencia continental de los pueblos de origen”.

América está esperando
y el siglo se vuelve azul,
pampas, ríos y montañas
liberan su propia luz.

La copla no tiene dueño
patrones no más mandar.
La guitarra americana
peleando aprendió a cantar

En 1972, Viglietti viaja a Cuba nuevamente como invitado al Encuentro de la Canción Latinoamericana y graba un emblemático disco con el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.

Daniel Viglietti: “Ese viaje a Cuba fue en septiembre de 1972, al Encuentro de la Canción Latinoamericana. Vinieron también de Uruguay, de nuevo Los Olimareños, estuvo Carlos María Gutiérrez, escritor, autor de la “Milonga del fusilado”; estuvo Dahd Sfeir, actriz y cantante, con quien teníamos un espectáculo que hicimos aquí en el teatro Amadeo Roldán, con Los Olimareños, que se llamó Cantando a propósito.

“Quedó registrado un disco de Casa de las Américas con los invitados al evento, y comienza con la pieza “Corisco”, de Glauber Rocha y Sergio Ricardo, y tema de la película Dios y el diablo en la tierra del sol; está “Getsemaní”, de Ernesto que lo recita Pepe Guerra sobre un fondo musical que yo hice; recuerdo también a Judith Reyes, trovadora mexicana, fantástico ejemplo de humanidad y canto a la vez; estuvieron Isabel Parra, Canto Libre con la pieza “La pala” de Víctor Jara…y ya en este disco está el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC con “Los caminos” que canta Pablo Milanés.      

“En esa experiencia aquí se me empieza a cuajar la idea de hacer un disco con música brasilera, especialmente con canciones de Chico Buarque, y con la trova cubana. Yo no era bilingüe, pero me había asesorado, trabajé con mucho detenimiento y las dudas que tenía tuve el lujo de resolverlas con Glauber Rocha, el gran cineasta brasileño que estaba aquí en el mismo hotel. Le hablé del proyecto y pulí con él las traducciones de las canciones de Chico y una que es un poema de Berltolt Brecht que musicalizó el brasilero Edu Lobo, “Yo vivo en un tiempo de guerra”.

Yo sé que es preciso vencer,
yo sé que es preciso luchar,
yo sé que es preciso morir,
yo sé que es preciso matar.

Es un tiempo de guerra,
es un tiempo sin sol.

“Yo quiero señalar el amor solidario con que los cantores cubanos, los músicos cubanos, Pablo, Silvio, Noel, Vicente, Sara, colaboraron con ese trabajo. De no haber sido por esa entrega plena, no habría sido posible. Intervinieron Noel Nicola, que ya no está, y además tiene un valor enorme como creador originalísimo. Noel logró, en esos altos niveles de creatividad de la Nueva Trova, tener su propia huella, su estilo. Es muy importante su obra, donde manejó el espíritu colectivo desde la visión íntima, canciones que abordan el yo desde el nosotros de una manera fantástica. Elegí precisamente de sus primeras canciones “Comienzo el día”.

Comienzo el día, así como si nada,
apretado a tus pechos, pidiéndote café y amor.
Comienzo el día, aún alucinado,
los ruidos suenan lejos a esta hora turbia.

De Pablo Milanés hice “Pobre del cantor”; Sara estuvo muy presente como intérprete, ayudándome mucho en los coros.

Pobre del cantor de nuestros días
que no arriesgue su cuerda
por no arriesgar su vida.
Pobre del cantor que nunca sepa
que fuimos la semilla
y hoy somos esta vida
.

De Silvio hice “Canción del elegido”, “Un hombre se levanta” y “Todo el mundo tiene su Moncada”. Estuvo el maestro Leo Brower, que retomó los arreglos de “Construcción”, “Dios le pague”… de las canciones de Chico y fue fundamental en eso; quien estaba ocupado en muchas tareas, pero se mantuvo todo el tiempo al firme en aquellas grabaciones.

Por ese pan de comer
y el suelo para dormir.
Registro para nacer,
permiso para reír.
Por dejarme respirar
y por dejarme existir.
Dios le pague.

“Así se produjo este disco que aquí se llamó Daniel Viglietti y el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, pero en Uruguay, Argentina, y en Europa, este disco se retituló Trópicos. Acá en los créditos del disco están los integrantes del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC que intervienen: Sergio Vitier, Carlos Averoff, Genaro García, Ana Besa, Lucas de la Guardia, Félix Chapotín, Pablo Menéndez, Emiliano Salvador, Eduardo Ramos, Leo Pimentel, Norberto en la percusión; y en el conjunto vocal del grupo: Noel Nicola, Pablo Milanés y Sara González, ¡qué coro! Y otro detalle, cuando el disco sale en Uruguay, en 1973, un poco subterráneo, en algunas tiendas de discos, en medio de todas esas turbulencias de las dictaduras, yo estoy cruzando a trabajar a Argentina y luego no puedo volver a mi país.

Un hombre se levanta
temprano en la mañana,
se pone la camisa
y sale a la ventana.
Puede estar seco el día,
puede haber lluvia o viento,
pero el paisaje real
—la gente y su dolor—
no lo pueden tapar
ni la lluvia ni el sol.

“Tuve que hacer ciertas modificaciones en los títulos; por ejemplo, “Un hombre se levanta”, que es una canción que hizo Silvio para el serial televisivo Los comandos del silencio sobre la lucha de los Tupamaros en Uruguay, la guerrilla urbana contra la dictadura. He tratado de encontrar  aunque sea un pedazo de un capítulo de aquel material, pues no lo pude ver. El programa empezaba con la canción que en principio se llamó “Antesala de un tupamaro”, y si yo publicaba ese título ese disco no salía. Otra que tampoco era fácil que saliera así fue “Todo el mundo tiene su Moncada”. Mencionar el Moncada era suicidio, entonces la rebauticé como “Existen”.

Menos mal que existena
los que no tienen nada que perder,
ni siquiera la muerte.

Menos mal que existen
los que no miden qué palabra echar,
ni siquiera la última.

El disco Daniel Viglietti y el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC sale a la venta en 1973 con el sello Areito de la EGREM. Los exponentes de la Nueva Trova solo han hecho grabaciones para dos pequeños fonogramas de cuatro canciones con Casa de las Américas y con el Grupo de Experimentación. Aún Silvio, Pablo y Noel no tienen producciones discográficas personales y aquí un cantor reconocido en el continente como Daniel Viglietti versiona sus piezas junto a las primeras versiones al castellano de obras de Chico Buarque y Edu Lobo.    

Es un fonograma emblemático, que une la trova brasilera, uruguaya y cubana, y echar a rodar por el continente a muy jóvenes exponentes de la canción cubana, al tiempo que llama la atención del público hispano, a partir de la traducción de sus textos, sobre creadores de la talla de Chico Buarque, y en especial sobre una canción suya que se convertirá en todo un clásico: “Construcción”.

Vale brindar por Daniel Viglietti por el sentido de utilidad, de expandir la obra auténtica que encuentra en su camino, y gracias a lo cual nos permite ser mucho mejores. Es muy hermoso que el Festival Barnasants, la Casa de las Américas y el Instituto Cubano de la Música hayan creado un premio de honor con el nombre de Noel Nicola y que el primero en recibirlo fuera el cantor de “A desalambrar” y “Canción para mi América”, no solo por haberlas creado sino porque ha desalambrado por la América nuestra en su andar por los días.

Vuelvo a escuchar entonces aquella voz cálida, espesa, lanzándome nuevas preguntas desde aquel mismo disco, que es una prueba de lo audaz, poético, rebelde, solidario, útil con que fue tejido. A más de 40 años sigue inquietando, revolcando sueños, espesando la vida.

Comienzo el día

Autor: Noel Nicola

Es tan temprano y tú ya me despiertas,
no me dejas dormir, algo sucede
a ojos cerrados busco la ventana,
para mirarte a ti, mientras los abro.

Te digo que estas bella como nunca,
así sin arreglarte aun el pelo,
rodamos en un beso cama abajo,
y siento que estás viva de milagro.

Comienzo el día, así como si nada
apretado a tu pecho
pidiéndote café y amor.

Comienzo el día, aun alucinado
los ruidos suenan lejos
a esta hora turbia.

Afuera la gente hace lo suyo por vivir,
afuera la gente quiere averiguar,
afuera la gente habla del amor,
afuera me están llamando.

Comienzo el día y antes de que me hables
ya te he hecho mil promesas,
que no voy a cumplir.

Comienzo el día y al mirar hacia afuera
me entra como un mareo,
y tengo que sentarme.

Afuera la vida apenas comenzó
afuera todo tiene que cambiar,
afuera los lobos, son lobos aun
afuera hay que salir armado.

Quiero darle mi vida a los que sueñan,
a los que hacen el pan de madrugada,
a los que ponen piedra sobre piedra,
a los que te mantienen tan despierta.

Comienzo el día, aseguro las llaves,
registro mis bolsillos,
en busca de monedas.

Comienzo el día y aun detrás de la puerta,
te pido un beso fuerte,
para salir al sol.

Afuera comentan la televisión,
afuera el sindicato discute una ley,
afuera la patria esta por reventar,
afuera me están llamando,
y voy..