Cubanos en el Grammy, otra larga lista

Cada año la nominación a los Grammy Latino pone un toque de efervescencia en el mundillo de la música y los espectáculos. ¿Se trata de un indicador confiable de jerarquías y calidades artísticas o de una plataforma condicionada por las necesidades mercadotécnicas de la industria musical? En uno u otro sentido, todo mezclado, lo cierto es que empresas disqueras y artistas obtienen avales y reconocimientos que en muchos casos sirven a sus carreras, sobre todo en Estados Unidos, donde tiene su sede la organización del evento y se compilan los resultados de la votación de los miembros de LARAS, la Academia Latina de las Artes y las Ciencias de la Grabación, que desde el 2000 otorga estos premios.
También es bueno decir esto: hay artistas que no requieren un Grammy Latino para ser lo que son, y en estos casos, la Academia, un desprendimiento de la que concede los Grammy en el ámbito anglosajón, se sirve de ellos para prestigiarse.


Cuatro nominaciones para Palabras manuales, de Danay Suárez. Foto: NC.
 

Cuba es una presencia ineludible en el Grammy Latino, porque, sin ánimo chovinista, la riqueza de la música cubana, la de ayer y la de ahora, la que se produce dentro y fuera de la isla, es también una realidad irreductible.

Este año una muchacha sorprende a muchos con cuatro nominaciones, Danay Suárez. Con su disco Palabras manuales, clasificó en la categoría general Álbum del Año, además en Mejor Disco de Música Alternativa, Mejor Composición de Música Alternativa, y en Nuevo Talento del Año. Esta joven, nacida en el Cerro en 1985 y que tuvo una activa vida artística en la Asociación Hermanos Saíz, se mueve entre el hip hop, el reggae y el blues y contó entre los productores del fonograma al reconocido pianista y compositor Roberto Fonseca.

Entre las canciones del año, categoría que distingue a autores, se dan la mano ese Despacito viral y facilón de Fonsi y Daddy Yankee, otra de las muy comerciales creaciones de Descemer Bueno para Melendi, pero, qué bueno, está también Diana Fuentes, quien escribió y canta, junto al puertorriqueño Tommy Torres, La fortuna, de letra sencilla y sensible, con un toque de reggae y son.

Por el Mejor Álbum de Salsa, la cosa se complica ante le resurrección salsera de Rubén Blades, pero la nominación de ADN, de Alaín Pérez, debe llenarnos de orgullo. Como también un disco que es todo un símbolo: Cuba y Puerto Rico, un abrazo musical salsero, del pianista, arreglista y compositor boricua Isidro Infante, quien al frente de su banda grabó este material con invitados cubanos: Yumurí, Mayito Rivera, Tiburón Morales, Yeny Valdés, Sixto El Inidio Llorente, Mandy Cantero, Tania Pantoja, María Victoria, William Borrego, El Noro, Yaíma Sáez y Haila.

En la categoría de la llamada Música Tropical Tradicional, ya se sabe, clasificó Raíz, del Septeto Santiaguero. Pero deberíamos destacar, como aún no se ha hecho, la nominación de El añejo jardín, registro de la Egrem que testimonia el encuentro de la compañía artística infantil La Colmenita con glorias de la música cubana para honrar a la trova.

No por último es menos importante la impronta en el área de la música clásica en esta decimoctava edición de los Grammy Latinos. Un pianista que ha desarrollado toda su carrera en el exterior, el casi septuagenario Horacio Gutiérrez, con muchos méritos a su favor, opta por el Mejor Álbum con un disco que incluye obras de Chopin y Schumann.

Y entre las cinco obras consideradas para dirimir la Mejor Obra Clásica Contemporánea, se hallan títulos de dos maestros cubanos: Recordatio, de Aurelio de la Vega, que titula el disco homónimo de la soprano norteamericana Anne María Ketchum, y El Decamerón Negro, del maestro Leo Brouwer, grabado por la joven guitarrista española Mabel Milián.
¿Grammy Latinos? Bienvenidos. Pero lo esencial es promover entre nosotros calidades sostenidas, más allá de los vaivenes de la moda.

Fuente: Noticiero Cultural