Cuatro, algo importante que decir

En días pasados se realizó el primer ensayo abierto de Cuatro, un proyecto de teatro coreográfico del joven bailarín, coreógrafo y actor Yadiel Durán Bencosme, el cual obtuvo la Beca de Creación Santa Camila de La Habana Vieja, que otorga la filial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en Matanzas a creadores escénicos nacionales. Con el auspicio del Teatro de Las Estaciones y la Asociación Hermanos Saíz, entre otras instituciones, el estreno oficial debe realizarse en los primeros días de noviembre.

Cuatro incorpora el concepto de teatro coreográfico al tejido espectacular de su propuesta. La explosión del texto a través de testimonios del compositor y pianista Ernesto Lecuona, extraídos de su correspondencia cruzada con grandes artistas de nuestro país; las palabras de la guerrillera Haydée Santamaría, tomadas de entrevistas y documentales; textos de Abelardo Estorino; poemas de José Jacinto Milanés; canciones y piezas instrumentales que reflejan varias épocas, son plasmadas sobre las tablas en forma de apropiaciones o reescrituras, las cuales incorporan, de manera directa, el lenguaje junto a la magia de la coreografía. 

Para acoger a las personalidades elegidas como centro de inspiración de esta ofrenda, los actores y bailarines no han intentado realizar un calco de las vidas de aquellas, sino que han conformado un híbrido entre la expresión vocal y la danzaria, que aporta imágenes de una expresión poética sonora e inquietante, una especie de performance vocal donde volvemos a tener, por un breve espacio de tiempo, a Rita, Lecuona, Haydée o Milanés, esta vez asumidos por los bailarines Yadiel Durán y Anis Estévez, provenientes de la Compañía Danza Espiral, y los actores María Laura Germán e Iván García, del Teatro de Las Estaciones.

La puesta en escena, con las aportaciones de Rubén Darío Salazar, Zenén Calero, y de los propios intérpretes antes mencionados, entre otros colegas, no niega nada que la pueda enriquecer, ni la exposición de sentimientos alegres, tristes o heroicos, ni la gestualidad nacional variopinta y provocadora. Cada quien del equipo ha echado a volar su creación, lo que permite que los actores dancen y los bailarines actúen, dueños todos de sus propias posibilidades, las conocidas por ellos mismos y, tal vez, por el público que asiste a la sala, junto a las que duermen interiormente en lo profundo de sus personalidades, despertadas durante los 50 minutos de representación. 

La técnica danzaria y la vocal se combinan para correr el mismo riesgo. Las condiciones de cada intérprete tratan de ser utilizadas al máximo, su musicalidad, su personalidad, sin ningún límite. Si lo que se necesita en un momento dado es hablar o expresar solo con los gestos, se hace; si es cantar o bailar con todas o solo algunas partes del cuerpo, pues lo mismo. El teatro coreográfico se adhiere a las corrientes de la danza teatro, del teatro físico, del teatro de imágenes no narrativo y, principalmente, de la performance artística. Crear un mundo abierto a las sutilezas y sugerencias de la vida cotidiana, del pasado histórico o hasta del futuro inminente, es una meta que Cuatro asume conscientemente. Lo más importante es establecer  un diálogo vivo con el espectador, que le haga sentir que no ha venido por gusto al teatro, y que entre todos tenemos algo importante que decir.