Cruzamientos e intervenciones

Un encuentro escénico cargado de dramaturgias resultó el pretexto más óptimo para que críticos, directores y amigos dialogaran en Santiago de Cuba, como parte del II Taller de la Crítica efectuado del 27 de noviembre al 2 de diciembre.

Auspiciado por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas (CNAE), el Consejo Provincial de las Artes Escénicas (CPAE), unido a la Casa Editorial Tablas Alarcos, este II Taller estuvo bendecido por intensas jornadas. En cada una de ellas se alternaron la apreciación de las obras con los debates tempraneros en el Café Teatro Macubá. Espectáculos para niños y adultos, más piezas danzarías, ocuparon los debates con los especialistas. Entre ellos: Miriam Lorenzo, Ambar Carralero, Lázaro Benítez, Omar Valiño, Fernando León Jacomino y Leonardo Estrada; todos llegados de La Habana. Los criterios estuvieron matizados por los respectivos procesos de montaje que cada director develaba amablemente para nosotros y el público.   

Danza: más allá del cuerpo en movimiento

La danza obtuvo un lugar como protagonista. En Celebrando la Danza de Teatro de la Danza del Caribe, apreciamos una partitura danzaria compuesta por cuatro momentos. El primer cuadro demostró la destreza corporal del bailarín, con complejas ejecuciones muy bien resueltas y una interpretación casi lograda. Señalar únicamente la posibilidad de crear nuevas variantes de movimiento, a veces la coreografía era repetitiva. El segundo, vislumbró una coreografía a cargo de dos recién egresados de la Escuela de Danza, donde la relación de pareja fue un tema bien construido gracias a la compenetración de los bailarines y el lirismo musical. El tercero, necesitó de un tempo-ritmo más variado, explotar más los puntos de crisis. De todas maneras, hubo imágenes bellas en las luces y sombras creadas, en las líneas de seducción corporales. La secuencia cuarta se presentaba con el tema de la esclavitud. Elogiamos la limpieza del conjunto en las partes corales; sin embargo, la nota discordante la dio la interpretación. Hubo necesidad de buscar alternativas que no fueran únicamente las miradas, las máscaras fijas, la traslación reiterada en el espacio.


Teatro de la Danza del Caribe. Fotos: Internet

 

El elegido de un sueño de la Compañía Ballet Folklórico Cutumba produjo sensaciones diversas en el público del Teatro Martí. Bajo la tesis de la transculturación, se trazaba un argumento donde las tradiciones folclóricas eran revisadas y finalmente aceptadas por grupos callejeros de break dance en tiempo presente. Las escenas fueron defendidas con alta limpieza gracias a la energía, la técnica depurada de los danzantes para ejecutar y disfrutar los pasos, las cargadas, las expresiones más disímiles... Prescindimos únicamente del prólogo explicativo del principio y la manera de construir el recurso del sueño.

Por su parte, El Ballet Folclórico de Oriente recurrió al tratado contenido de los esclavos tras su espectáculo Cimarrón. Como puntos sobresalientes se encontraba la orquesta, con instrumentos y cánticos afinados, gracias a la excelente comunicación entre sus músicos. El cuerpo de baile tampoco estuvo mal en términos generales, siempre con danzantes sobresalientes por encima del resto. La dramaturgia necesitaría verdadera revisión. Demasiados personajes corales, escenas didácticas que pueden ser suprimidas, soluciones simples... Ángel Kindelán, en el papel de José, si bien su demostración no desentonó, necesitaba dosificar la energía corporal y dar así la evolución del mismo de manera paulatina.   

Teatro de títeres: ¿dramaturgias de la inocencia?

Para nadie es un secreto que el teatro para niños sufre a falta de renovación en sus temas, la manera de contar las historias e inclusive la incapacidad de encontrar a lo largo y ancho del país buenos manipuladores. Con reiterado criterio, se piensa al niño desde el didactismo y la ñoñería. De todas maneras, son motivo de aplausos quienes se arriesgan en cualquiera de las profesiones a producirlo.

Santiago de Cuba no fue menos y sometió a criterio crítico varias propuestas. Paragua para payasos, Compañía Teatro de la Danza del Caribe y presentada en el Cine Trocha, nos contó la historia de una payasita a quien le rompen su sombrilla y busca un ilusionista que la repare. Un espectáculo lleno de magia, a veces en demasía, que se apropió también de la música de bandas sonoras animadas como El inspector Truquini o del cine musical hollywoodense I´m singing in the rain para conquistar el corazón de los infantes.

La propuesta tuvo su talón de Aquiles en la construcción de la historia. Se hizo notar la carencia de un personaje opositor que más allá de la circunstancia misma saboteara el súper objetivo de la protagonista. Quizás también la incapacidad de sucesos concretos que dieran lugar a la progresión dramática por encima de los números mágicos. También trabajar cómo entender a la payasita como un personaje protagónico real, que evolucionara y que estuviera presente (aunque no apareciera en escena), pues su necesidad se diluía a merced de un tejido aparentemente espectacular, harto efectista.

Sueños de un Arlequín, pieza del Teatro Guiñol de Santiago, abrió las puertas de la sala Mambí a los niños de las escuelas primarias. Parecía un montaje bello, pues al principio se hizo la oscuridad y aparecieron estrellas, pelotas y colores. Y aconteció Arlequín con sus piruetas, luego las miradas furtivas… risas infantiles. No obstante, la ilusión duraría poco debido a una historia llena de fisuras que convocaba a preguntas sin respuestas. Arlequín se desaparecía del argumento, o para decirlo bien, estaba presente sin estarlo y se resolvía el cierre estructural con el agotado recurso del sueño. También hubo problemas con la manipulación de los muñecos y un ir y venir de personajes que negaban el casamiento con la ratoncita sin verosimilitud alguna.  

La carta arribó al auditorio con el grupo Macuss Teatro. El primer inconveniente de la puesta fue la disposición espacial en forma de teatro arena: la arena no se componía de una noción circular o semicircular, sino de una frontalidad indefensa, que cercenaba la comprensión de quienes estábamos situados detrás del actor. La manipulación sufrió la verticalidad de los títeres, la falta de apoyatura en acciones, más allá de tocar un pito, o girar las varillas. El tema fue interesante, hablaba de las relaciones humanas y cómo varían en circunstancias donde se ambiciona recibir lo que otros poseen; pero, la situación, atada solo al recurso de la carta, quedó lejos del buen entretenimiento.


Grupo Maccus Teatro 

 

Por último, de la Habana llegó la actriz Yilian Fernández para soñar las dramaturgias para niños más allá de la inocencia. Se presentaba en la sala Mambí con Titiritero de Teatro del Puerto, dirigida por Milva Benítez Reinoso. Una excelente puesta que sirvió como homenaje a su director de formación en el guiñol de Holguín, la cual se compuso de tres historias: La calle de los fantasmas de Javier Villafañe, Historia de una muñeca abandonada de Alfonso Sastre y Galápago de Salvador Lemis. En ella descolló la actriz por su capacidad interpretativa: el eficaz doblaje de voces diversas, el juego e interacción con el público, unido al canto hermoso y siempre ajustado a la dramaturgia espectacular.

Teatro para adultos: por la búsqueda del artificio

Llegamos así al teatro para adultos con el deseo de encontrar la poesía cotidiana del teatro santiaguero en el artificio más comunicativo. El gordo y el Flaco del grupo La Guerrilla, diseñaba de antemano múltiples expectativas en torno a regresar nuevamente a una puesta sobre la dramaturgia virgiliana. El espectáculo fue como dijera su director en el debate “un verdadero work in progress.” El tejido escénico entrevió un trabajo poco artificio, sostenido excesivamente en su estructura, incapaz de mostrarnos zonas nuevas y creativas que vislumbraran un montaje nuevo, con problemáticas de nuestro contexto actual.

Pasaporte fue otra de las reposiciones del evento. Esta vez se trata del texto escrito por el dramaturgo holguinero Yunior García, quien sirviera como coordenada para Calibán Teatro, bajo la dirección artística de Maurice Leveque. En el propio Café Teatro Macubá presenciamos el conocido relato de varios personajes que deciden regresar a Cuba, luego de decepcionarse con “el sueño americano”. El punto de confrontación constituyó la similitud con el montaje que se hiciera en el Festival de Teatro Joven de Holguín por Trébol Teatro.

Asimismo, la escena que parecía más lograda y que alcanza su categoría dramatúrgica de escena modélica, por momentos era demasiado repetitiva la coreografía composicional. La manera de introducir recursos de la farsa, la parodia, sufría a falta de sutileza. Quizás la opción hubiera sido dejarle una way out al espectador para desplazarse libremente hacia lo cómico o lo trágico; sugerir, más que obligar. De todas maneras, fue una puesta divertida, con actuaciones bien logradas y que se salió un poco del teatro de relaciones y tradicional más local.

Mujer con flores en la cabeza del grupo A dos manos, probablemente haya sido una de las propuestas más interesantes que llegaron a la escena del Café Teatro Macubá. Poética se notaba la escenografía a modo de periódicos para connotar el traje de la actriz Arisleidis Reyes. Esta última con una gran capacidad para doblar voces, matizar los espacios ficcionales que eran narrados, defender el texto. No obstante, para alcanzar un mayor vuelo hubiera sido necesario que el personaje rompiera la cuarta pared y hablara más con su propia voz. Sustituir un poco el carácter textual (a veces con zonas endebles) del monólogo por tareas en escena que garantizaran el dinamismo de la acción.

Caballas de Macubá Teatro, arrancó no pocos aplausos de quienes asistimos a su sede. Fue este el espectáculo más completo y profesional de todos. La experimentación no solo quedó demostraba en el texto dramático a partir de los lienzos magníficos de Alberto Lescay, sino tras los planos escénicos bien armados. Allí la coreografía viajaba hacia un compendio de acciones simultáneas, textos, ideas… poesía. Asimismo, la hermosura del vestuario, el contraste de los cuerpos como marca de seducción, la organicidad de los temas en torno a la femineidad y género avalaron el éxito. De todas maneras admitamos, para no ser tan absolutos, que continúen trabajando un poco más los niveles de importancia de cada personaje, pues hay algunos aparecen desdibujados, y limpiar un poco zonas textuales sobrecargadas de filosofía.

Terminaba el Taller de la Crítica con las palabras de agradecimiento pronunciadas a nuestras musas guardianas Gretel Quintana Velez, Hortensia Ortiz García y Yurina Santiesteban, pertenecientes al CPAE. Un verdadero convite en el cual los cruzamientos e intervenciones: palabras, miradas, análisis del teatro local, pero también las dramaturgias de más allá, signaron de fervor teatral cada minuto en la Ciudad Héroe.