Cosas bien

La primera vez que vi a Balseiro estaba serrando palos con unos guantes y unas gafas plásticas en Yumurí, Guantánamo.

Tenía un par de chancletas de cuero bajo un pantalón roto por pisarlo y un pulóver de la Brigada Martha Machado (BMM).

Tenía una barba larga y medio blanca.

Tenía timidez

“Aquí es donde tiene más sentido estar”, me dijo. “Pudiera estar haciendo otras cosas, pero esto es lo que yo priorizo ahora. ¿Por qué?, porque es para el bien de muchas personas. De lo contrario, se quedaba en mí: porque lo que uno hace para uno se queda en uno”.

Juan Carlos Pérez Balseiro es artista.

Esculpe, pinta, hace video arte.

Y está en Guantánamo serrando tablas para hacer casas (él va a hacer las casas; él con Kcho y el resto de la BMM) para aquellos que perdieron las suyas hace tres meses, con el huracán Matthew.

“Yo no puedo decirte lo que he hecho. Eso no es lo importante. No creo que me toque a mí decirte que cargué tantas tejas. No me gusta. Para mí lo importante es ser un instrumento para algo positivo. La Revolución, como yo la pienso, es esto: estar en un lugar donde hace falta, con los más necesitados. Y si hay que dormir en el piso, se duerme en el piso… Así yo pienso la Revolución. Y la llevo y la defiendo desde ese punto de vista”.

Uno: video arte de Balseiro: hundió, en el mar, una palma real.

“Poner un techo no es tan diferente de hacer algo artístico. Poner un techo es algo humano y práctico. Es lo que me involucra más en esto: el arte útil. No es tirar un color, sino que ese color les sirva a las personas de preservo, como un esmalte que les va a proteger el techo. Por esa vía es que el arte cubano puede marcar un precedente en el mundo: como un proyecto social, integrador, y metido de lleno en las personas, en el pueblo.

“El arte real es involucrarse. Y que aunque lo que pintes sea un letrero que diga ESCUELA, esa sea tu obra. Porque es tu obra”.

-Pero, ¿ha cambiado algo desde que están aquí?

-Hay que trabajar más. Yo quiero verle otra cara a esto, quiero ver alegría; y para eso hay que hacer muchas cosas. Ha cambiado, pero no es suficiente. Es como un cuadro con el que uno no está satisfecho: está bien, pero no está donde uno quiere llegar con él.

“Yo siento que este es mi lugar: mi lugar de creación. Es un lugar súper bello, a pesar de todo el destrozo. A veces uno extraña el espacio íntimo. Pero estar aquí me ha hecho conocer que el lugar íntimo lo puedes crear tú, en tu poco espacio”.

Otro: video arte de Balseiro: hundió un bohío en el mar.

“Un hombre tiene que pertenecer a los demás, si no la felicidad no es completa. Aquí estoy siendo feliz porque soy útil. Si me quedo en mi estudio no puedo ser capaz de conocer la inmensidad de la vida y de mí mismo. Eso decía Martí: que hay que entregarse a la inmensidad”.

En Yumurí, una noche, lo vi pintar un indio en una tabla. Dijo que era el espíritu de ese lugar.

“Aquí uno tiene que ser muy sensorial; estar en función de objetivos. Yo dibujé a Martí (en una pared de tabla; en la primera facilidad temporal que levantó la BMM: para un señor de 96 años que lo perdió todo por el ciclón); a Carlos Manuel de Céspedes (junto al asta de la bandera que serpentea a la entrada de una escuelita en La Recontra, Duaba). Pero yo no vine aquí a hacer un cuadro. Esto no es una faceta. Una faceta es algo que uno hace en un momento determinado, pero yo siempre voy a estar así, defendiendo esta postura. Esta va a ser mi faceta siempre. Si cuentan conmigo, yo voy a estar.

“¿Y te digo por qué? Porque yo soy de un pueblito de campo: Ceiba Mocha, Matanzas. Estudié siete años en una escuela de arte. Y como yo, miles de cubanos. Entonces esto es un engranaje, un resultado de eso. Ahora, cuando uno es adulto, se da cuenta de cuánto cuesta un pincel. Un tubo de óleo cuesta 25 dólares, y en la escuela nos lo daban free. Y éramos a veces tan inmaduros que lo cogíamos para pintar la ropa. Por eso yo me siento en el deber de devolverle a Cuba lo que Cuba ha hecho por mí”.

La primera vez que vi a Balseiro estaba serrando palos con unos guantes y unas gafas plásticas.

Pudo haber sido para una escultura.

Pero quién quiere feria con desastre.