Conrado W. Massaguer: “El César de la caricatura”

“Massaguer es un maestro. Lo digo como caricaturista”
Enrique Caruso

“La difícil revelación del caricaturista la obtiene Massaguer como verdadero predestinado y señalado por el índice de Dios”
Ramón Gómez de la Serna

“Massaguer es un hábil artista”
Winston Churchill

“Masaguer es con seguridad nuestro más cabal fisonomista”

Jorge Mañach

Dos escritores, un cantante y un político coinciden en sus apreciaciones acerca de Massaguer como caricaturista y, sin dudas, él figura en uno de los lugares más destacados del arte de la línea, no sólo en Cuba, sino a escala internacional.

Nació el 3 de marzo de 1889 en la ciudad de Cárdenas, en la provincia de Matanzas. En 1892 la familia se estableció en La Habana y residió en una casa en altos en la calle de Baratillo esquina a Jústiz, en la hoy llamada Habana Vieja, y cuenta él mismo que desde muy niño, acodado al balcón de su casa, “garabateaba y dibujaba barcos y banderas, carretones, mulas, peninsulares con boinas.” La familia residió en Yucatán entre 1896 y 1908, debido a que su padre, de profesión tenedor de libros, tuvo allí una buena oferta de trabajo, pero entre 1902 y 1905 marchó a Nueva York a estudiar en la Academia Militar, que concluyó con los grados de primer teniente. En 1905, de nuevo en La Habana, realizó estudios en el colegio “La Gran Antilla” con vistas a prepararse para estudiar la carrera de arquitectura, que no concluyó, y comenzó a visitar el estudio de un reconocido caricaturista cubano: Ricardo de la Torriente. Fue su discípulo en la Escuela de San Alejandro, como también lo fue de otro gran pintor cubano: Leopoldo Romañach.

En 1906 regresó a Yucatán debido a los sucesos de la llamada “guerrita de agosto” y al año siguiente obtuvo un aplaza de caricaturista personal en el bisemanario yucateco La Campana, donde inició la sección Gente de casa.

Colaboró también en La Arcadia y en el Diario Yucateco. A comienzos de 1909 regresó a La Habana, pero “Yucatán quedó grabado para siempre en mi corazón. Allí pasé una niñez feliz. Allí tuve mis primeros amigos. Allí hice mis primeros muñecos para el público.”

De regreso a La Habana en los primeros días del año 1908 conoció a figuras como Alfonso Hernández Catá, Bernardo G. Barros, Pedro y Max Henríquez Ureña y Luis Felipe Rodríguez y recibió el estímulo del escritor y también dibujante Jesús Castellanos, entonces colaborador del periódico La Discusión.

Al año siguiente el periodista Víctor Muñoz lo llevó como caricaturista beisbolero a la página deportiva de El Mundo y lanzó sus personajes de Castelfullit y Juan Frenético. Colaboró con sus trabajos al pincel en Cuba y América, El Tiempo, El Hogar, Letras y El Fígaro. En esta última revista compartió con otro gran caricaturista cubano, Rafael Blanco.

Hacia 1910 ya era uno de los directivos del Ateneo de La Habana y en el propio año abrió, junto con Laureano Rodríguez Castells, una agencia de anuncios que se llamó “Mercurio”.

Su primer éxito como caricaturista lo recibió en 1911, cuando en los salones del Ateneo de La Habana montó su primera exposición de caricaturas personales. En 1912 colaboró en la edición dominical del New York American Journal; mientras que en marzo de 1913 publicó su primera revista, Gráfico, en la que contó, a partir del número 18, con la colaboración como jefe de redacción de Emilio Roig de Leuchsenring, quien también lo acompañaría un tiempo después en Social. En 1915 se separó de esta revista, al igual que de la agencia “Mercurio”.

Cuenta que a finales de 1915 “me lancé a la calle con un formato de Social bajo el brazo [...] Yo veía que El Hogar, Bohemia, El Fígaro y Letras vivían agónicamente. El público cubano, ya conocedor de las excelentes publicaciones neoyorquinas se resistía a pagar 25 centavos por esas revistas que eran literarias pero nada artísticas y sólo con una extensa crónica social.

En enero de 1916 “me lancé en la más bella aventura de mi vida periodística: Social [...]

En enero de 1916 “me lancé en la más bella aventura de mi vida periodística: Social [...] Desde el primer número el mensuario se presentó con un lujo que La Habana jamás había visto. La circulación de 3000 ejemplares fue subiendo” y ello le permitió comprar un taller de impresión propio, con la colaboración económica de Antonio T. Quílez y el alemán Wílhelm Ernst. En noviembre marchó a Nueva York, donde recibió un préstamo de la banca germana Müller-Schall, situada en William Street. Instaló los talleres, con los más modernos adelantos técnicos del momento, entre ellos la impresión en offset o fotolitografía, en la Quinta Jorrín, en Tulipán y Cerro, y ostentaron el nombre de Instituto de Artes Gráficas de La Habana, que llegó a alcanzar una gran reputación.

El número de Social correspondiente a enero salió con atrasos (en marzo), debido a problemas de ajustes técnicos, pero ya a los tres meses se estabilizó su salida. A pesar del cúmulo de trabajo por sacar adelante la nueva publicación, Massaguer continuó colaborando en otras, como La Prensa, El Triunfo, La Lucha, La Avispa y El Ruiseñor, a la vez que se daba a la tarea de fundar, junto con otros artistas, la Asociación de Pintores y Escultores, en el seno de la cual organizó el primer Salón de Humoristas.

En 1919 junto con su hermano Oscar, vinculado a la administración de Social —ambos formaron la entidad Massaguer Brothers— fundó la revista Carteles, dirigida por otro socio suyo en Social, Antonio T. Quílez, y cuya publicación se extendió hasta 1960. También en 1919, en enero, Massaguer fundó la revista Pulgarcito, dedicada a los niños, pero dejó de publicarse en octubre de 1921”. La consideró “la hermana menor de Social”.

Debido a las ganancias obtenidas, a comienzos de la década del 20 decidieron abrir una oficina de Social en Nueva York, que estuvo ubicada en el mezzanine del Hotel McAlpin. Su primer representante fue Leo Merelo y después Carlos Pujol, primo de Massaguer. Con posterioridad llegó a tener agencias en varios países de América Latina, tales como Venezuela, Panamá, Colombia, Puerto Rico y República Dominicana. En España fue su representante, primero Alfonso Reyes, y después Alfonso Hernández Catá.

En 1923 Massaguer publicó un libro de caricaturas titulado Guiñol, que contenía las dedicadas a 40 prestigiosas figuras cubanas y extranjeras, tales como, entre las primeras, Enrique José Varona y José Raúl Capablanca y entre las segundas Charles Chaplin, Anatole France y Enrique Caruso, quien, por cierto, fue también caricaturista, y tuvo la oportunidad de tener a Massaguer entre los personajes que llevó a la cartulina.

En 1924 contrajo matrimonio con Elena García Menocal y debido a los múltiples compromisos de trabajo que tenía con revistas norteamericanas—Life, The New Yorker, Vanity Fair, Detective Stories, Cosmopolitan y Literary Digest, entre otras, residió varios meses en Nueva York. A su regreso ingresó en el Movimiento de Veteranos y Patriotas, que se había iniciado en 1923 con el reclamo del pago regular de los pensionados por haber luchado por la independencia de Cuba, pero que ya a la altura de 1924 tenía un matiz francamente insurreccional, con líderes como Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena. Se unió también al Grupo Minorista y abrió las páginas de Social a sus integrantes, tanto de manera individual como para utilizarla como vehículo para trasmitir los ideales de este núcleo renovador de la cultura cubana.

Massaguer estimaba que hacia 1926 “nuestra revista había llegado a tener un puesto cimero entre las publicaciones de América”. En tanto comenzó a atacar más abiertamente al gobierno de Gerardo Machado, y en particular a su propio presidente, y hasta “sufrí una ligera pena por un diseño de portada que no tenía asomos de pornografía, pero un Iscariote así lo hizo ver a ‘Gerardito’ [se refiere a Gerardo Machado], a quien ya le empezaban a molestar mis caricaturas de Carteles”.

Massaguer estimaba que hacia 1926 “nuestra revista había llegado a tener un puesto cimero entre las publicaciones de América”.

Durante un viaje que realizó por Europa en 1929 expuso en la Galería “Jean Charpentier”, de París, cuarenta caricaturas a color; y la revista alemana Die Woche le abrió sus páginas.

En 1930 Massaguer lanzó en Carteles una fuerte campaña antimachadista. En tanto, la situación del país se hacía cada vez más tensa, lo cual provocó que Massaguer emigrara a Nueva York por razones políticas. Allí colaboró en numerosas publicaciones y firmas comerciales y abrió un estudio. En 1934 regresó a Cuba y, afirma, “tuve la sorpresa y el gran dolor de verme despojado de mis talleres y de mis revistas Carteles y Social. Mi pecado fue sentir hondamente el dolor de mi patria, que sangraba bajo la planta del déspota, y de ser excesivamente confiado. En los negocios no he tenido la misma suerte que he gozado en mis andanzas artísticas”.

En 1935 volvió a publicar Social con la técnica del fotograbado, en la imprenta de Montalvo y Cárdenas, y las oficinas las situó en La Arcada de Prado del Hotel Sevilla. Pero confesó que “no era lo de antes, pero soñaba con que volvería a su categoría de antaño”. Intentó también reanimar el Grupo Minorista, “pero hallé hondas divisiones. Muchos izquierdistas y muchos derechistas. Algo que no sucedía en años anteriores”. La revista, ausente ahora de sus páginas todo contenido artístico y literario, se dedicó enteramente a satisfacer la vanidad de la burguesía y, al parecer, no pudo sobrevivir más allá de mediados de 1938.

En 1940 abrió un estudio personal y trabajó en los periódicos Información y El Mundo.

Realizó una visita a Yucatán en 1947, año en que fundó, junto con Enrique Godoy-Zayán, la revista Ultramar, además de querer revivir Social. Al respecto señala: “... no pude hacerlo, por existir en aquellos momentos una publicación inferior cuyo título recordaba el nombre de mi revista”. Lanzó entonces la titulada Desfile, “que —opina Massaguer— recordaba mucho a Social. Luché seis meses por mantenerla, pero tuve que rendirme. La realidad era que todavía la situación económica era mala”.

En 1951 fue nombrado Delegado en Hollywood de la Comisión Pro Defensa y Propaganda del Tabaco Habano. En la llamada Meca del Cine fue agasajado por figuras como Walt Disney, los hermanos Warner y el actor César Romero.

A partir de la década del 40 Conrado W. Massguer recibió numerosas distinciones y condecoraciones, como la Orden Nacional "Carlos Manuel de Céspedes", y presidió diversas asociaciones de carácter cívico. Realizó numerosas exposiciones de su obra, decorados para sociedades de recreo, diseñador de programas de instituciones culturales, etc. En 1951 pasó a trabajar como director de Relaciones Públicas en el Instituto Cubano del Turismo.

Texto tomado de la monografía dedicada a la revista Social publicada por Cubaliteraria