Concierto para guitarra y orquesta

La guitarra como instrumento solista dialogando con la orquesta, sin duda parecerá a muchos imposible, absurdo, porque siempre este instrumento ha sido considerado por sus cualidades especialísimas como eminentemente íntimo, y por su sonoridad particular en absoluto desligado del resto de los instrumentos musicales. Así, cuando a mediados del siglo pasado, después de la muerte de Sor, quisieron los compositores incluirla en la orquesta como instrumento de conjunto, la guitarra resultaba absorbida por sus compañeros y su utilidad era prácticamente nula.

Pero después de Tárrega, que le dio nuevas alas y amplios horizontes a nuestro instrumento, los compositores más destacados de nuestros días, empezando por Manuel de Falla, detienen su atención en la guitarra y al escribir obras para ella la van sometiendo, tal vez sin saberlo, a pruebas cada vez más difíciles que van transformando su técnica y de las que sale siempre airosa, hasta que forzosamente había de presentarse la hora de la prueba decisiva para todo instrumento: el de solista de orquesta. Ese momento ha llegado en la actualidad como lo demuestran el Concierto de Mario Castelnuovo-Tedesco y el Concierto de Aranjuez, para guitarra y pequeña orquesta de Joaquín Rodrigo, ejecutado por primera vez en Barcelona, el 9 de noviembre de 1940.


Joaquín Rodrigo. Foto: Tomada de Internet.
 

Para iniciar un trabajo como este era necesario un compositor que conociese la guitarra, con “experiencia guitarrística” podríamos decir, y Joaquín Rodrigo (que conoce muy bien las obras de los vihuelistas del siglo XVI), ha sabido demostrarlo en su Zarabanda lejana y Fandango, para dos guitarras.

Para iniciar un trabajo como este era necesario un compositor que conociese la guitarra, con “experiencia guitarrística” podríamos decir.La primera vez que oí el Concierto de Aranjuez, fue en París en la casa de Rodrigo, a donde fui con mi querido maestro Emilio Pujol. Todavía no estaba la obra terminada y los temas eran unas veces cantados, el piano asumía la parte orquestal, y otras hacía de guitarra. Aunque presentado en esa forma, un tanto desilvanada y confusa, pudimos darnos cuenta de que era una gran obra musical y que prometía un éxito seguro al compositor.

Se puede comprender la expectación con que todos esperábamos aquel estreno, al que la entidad musical más responsable de Barcelona, la Orquesta Filarmónica, con la contribución como solista del distinguido guitarrista, Regino Sainz de la Maza.

Aquella primera interpretación, naturalmente, tenía aún ciertos defectos de combinaciones de sonoridades, que no pudieron ser obviados por la falta de tiempo y ensayos. El número de los instrumentos que constituían la orquesta no estaba todo lo bien calibrado que podía serlo y las trompas absorbían por completo el timbre de la guitarra.

El Concierto de Aranjuez fue un esplendoroso éxito del compositor, del solista y de la guitarra que, en el fondo, era de quien se exigía el mayor esfuerzo.

Rodrigo utiliza en su concierto temas vihuelísticos populares y de su propia invención. El primer tiempo, “Allegro ma non troppo”, y el tercero “Allegro brillantes y valientes”, exigieron de la guitarra y del solista verdaderos alardes de virtuosismo no siempre muy guitarrísticos, en los que Saínz de la Maza probó todo lo que puede hacer con la guitarra en sus manos. El momento más feliz del compositor lo constituye sin duda alguna el segundo tiempo, “Largo”, cuyo tema, entre andaluz y moro, de gran belleza, solo podría ser interpretado con toda su honda expresión en este instrumento eminentemente español con reminiscencia árabe en su alma: la guitarra.

El Concierto de Aranjuez fue un esplendoroso éxito del compositor, del solista y de la guitarra que, en el fondo, era de quien se exigía el mayor esfuerzo.

La importancia de esta obra en la historia de la guitarra es innecesario decirla aquí. Su valor musical creo que se resume fácilmente en esta frase de Saínz de la Maza: “El Concierto de Aranjuez, es tal vez la obra más importante que se ha escrito en España, desde el Concierto para orquesta y clavecín de Manuel de Falla”.

Nueva York, Mayo de 1941

Guitarra, No. 2, Junio de 1941.

 

Nota: Al pie de la firma de este material, rezaba: “Joven guitarrista cubano que ha pasado recientemente dos años al lado de Emilio Pujol, perfeccionándose y laborando con él en interesantísimos trabajos de investigación musical. Es el autor de este artículo tan importante, por cuanto es crónica de un acontecimiento que marca el comienzo de una nueva etapa en la historia de la guitarra. El Sr. Nicola es Socio Correspondiente de la Sociedad Guitarrística de Cuba en la ciudad de Nueva York, donde reside en la actualidad”.