Con Orishas el Havana World Music pasó a la historia

El festival Havana World Music (HWM), celebrado entre el 22 y el 24 de marzo, bien pudo quedar como uno de los eventos culturales que consigue conectar a Cuba con el mundo. Permite el encuentro en sus espacios y deviene escenario de presentación de músicos consagrados, tanto extranjeros como cubanos, y otros que empiezan a integrarse a estas corrientes. Pero, realmente fue más allá. El concierto de Orishas, como cierre en el Parque Almendares, trasladó esta quinta edición a una dimensión histórica.


El concierto de Orishas trasladó esta quinta edición a una dimensión histórica. Fotos: Gustavo Rivera

 

Aún arropado por la euforia del público, unos minutos después de cantar, tocar, descender de “la tierra prometida”, David Blanco resaltó entre los rasgos del HWM, el hecho de posibilitar que “se unan artistas de otras latitudes y cubanos que hacemos música alternativa”, y la expectativa generada por su colofón: sentir la explosividad del grupo que abrió los ojos al orbe en torno al hip hop cubano. “Tenemos un número con el Ruzzo, como invitado a un disco mío reciente (Amigos). Hace 18 años que Orishas no toca aquí. Vinieron cuando Juanes (Paz sin Fronteras, 2009), pero no fue como ahora. Esta es una oportunidad maravillosa para poder disfrutar su trabajo”.

El cartel del evento ese sábado, lejos de apagar el fuego de la espera, lo alimentaba. Ello tuvo que ver también con los artistas que pasaron sobre el escenario como Marinah, exintegrante de Ojos de Brujo, cuyo repertorio dejó ver la influencia de la música cubana, dispersa por el mundo a través de los medios y, en mayor medida, de aquellos que viven fuera, en una isla muy suya, como los propios Orishas.

Gato Preto, con una mezcla de música africana y electrónica de las urbes alemanas; el baterista Henry Cole, David Blanco y la cantautora Haydée Milanés,  entre otros, fueron llenando las horas hasta algo más de las doce de la madrugada. Para entonces, el público que no logró entrar había improvisado un palco en el puente del río Almendares.

No estoy segura si la elección de este lugar para el HWM se basó en haber sido un espacio clave de la música alternativa y, en especial del rap; pero teniendo en cuenta esto, fue simbólico que Orishas se subiera sobre un escenario que ayudó a forjar la cultura underground en Cuba, a la que el grupo perteneció cuando todavía se llamaba Amenaza. Fue antes de que sus miembros se internaran en la realidad europea y se delineara aún más, con el sello Emi Spain A lo cubano, la producción que realmente les puso nombre. De acuerdo con la revista latina Banda Elástica, se ubicó entre los diez discos que marcan la evolución del hip hop a escala internacional.

Yotuel, Ruzzo y Roldán, arrojando desde la plataforma algunos de sus temas emblemáticos, hicieron del momento una noche trastocada por el tiempo y la nostalgia, la que venía creciendo a ambos lados, en ellos, como evidencian sus canciones y su regreso a La Habana, y en su público, que también ha cambiado. Al lugar llegaron quienes tuvieron “Represent”, “A lo cubano”, “537 Cuba”, “Atrevido”, si hablamos del álbum debut, o “El Kilo” “Nací Orishas”, del tercer disco, y tantas otras creaciones, como bandas sonoras de su adolescencia.

No pocos de la generación juvenil de finales de los 90 y principios de los 2000, al tanto de la música alternativa en la Isla, habrán aplaudido desde lejos este acontecimiento. También estuvieron quienes, aunque testigos de otra etapa del hip hop cubano —representado por proyectos como Los Aldeanos,“que sacó de su nadir al género”—, conocen igualmente la repercusión del trío, con dos Grammy y varias nominaciones a estos premios.

Siguiendo lo expresado por Geof Baker en Buena Vista in the Club (2011), si bien la llama que volvió a prender el hip hop cubano underground más recientemente evidenció un mayor acercamiento a la música alternativa, a través de fusiones con el rock, la electrónica y otras tendencias; una diversidad de posturas en torno a este movimiento, y una entrada más profunda, confrontativa y compleja a la realidad cultural y política del país, habría que decir que Orishas fue un precursor en algunos de estos aspectos. Lomuestran, sobre todo, materiales como Emigrante (2002) y El Kilo (2005). En la canción homónima al último disco mencionado, disparan en torno al poder:

El invento es la bala trazante/

que utilizan los cuenteros/

Los que dicen verdad no son tantos/

Dime cuántos y dónde los veo/

Dime cuánto les costó llegar y sin son buenos…

El final de los 90 estuvo signado por el éxito del Buena Vista Social Club, y sin dudas, los ecos también llegaron a agrupaciones como Orishas, que ya desde el proyecto Amenaza, —a partir de las ideas del productor Pablo Herrera y Pionero Pando, su fundador— buscaba un camino propio, un retorno a lo local desde las influencias del hip hop norteamericano predominantes en ese tiempo. Perocomo se rescata en el libro referido, al decir de Joaquín Borges Triana en el contexto del premio Grammy alcanzado por la banda con el disco Emigrante: “Cuando casi el planeta entero asociaba a Cuba con el fenómeno retro que es Buena Vista Social Club, como si la música cubana se hubiera detenido en los 50, un grupo de creadores está haciendo la diferencia”. Orishas había enseñado un estilo propio.

Orishas
Colaboración con exponentes de otras escenas como Beatriz Luego

 

También es cierto que el trío, con aires orquestales, como se vio en su presentación, se halla ahora en otra etapa de su carrera. En declaraciones recientes a medios extranjeros habían expresado que se moverían por una línea compositiva más relajante. Canciones como “Sastre de tu amor” y “Cuba isla bella” —que conecta con unas raíces que se llevan dentro, sin importar el lugar donde se esté—, van por esa cuerda.

La colaboración con exponentes de otras escenas, como Waldo Mendoza, Laritza Bacallao, la Camerata Romeu e Israel Rojas, de Buena Fe, que acompañaron su presentación en el HWM, y las que han realizado con Yomily el Dany, por ejemplo, en la canción “Bembé”, ayudan asimismo, a comprender el actual momento de Orishas. A mi manera de ver, tras un impasse de unos ocho años, el grupo está optando por poner a disposición del amplio arco sonoro del país, sus potencialidades como músicos, mientras repiensa cómo dar forma al rumbo explosivo y directo que los llevó a la gloria.

No obstante, el concierto en el Almendares marcó un reimpulso en su trayectoria, que ocurre cuando también se modifica el escenario de la música aquí, como evidencia el propio festival que les abrió las puertas. Después de casi dos décadas los integrantes del grupo regresaron y comprobaron, en vivo, con este público, lo que han representado a nivel internacional. “Es mucha la energía que viene de ustedes”, dijo Yotuel. Esa fue la prueba. Aunque, trastocados por la nostalgia, algunos solo consiguieron ser rozados por una poesía lejana; otros simplemente se dejaron llevar por la festividad del reencuentro y tocaron cielo. El concierto rescató un suceso que se había perdido en el tiempo, por eso parecía que Orishas cerraba un ciclo, a la vez que entraba a su nueva era.