Como pocos lo han logrado

Coincidimos con la esencia de aquella reflexión donde se afirma que si bien las canciones no pueden cambiar el mundo, sí lo pueden hacer mejor. Estamos en el momento oportuno para hacer un breve recuento del impacto de la obra de quien, durante decenas de años, nos ha inculcado como precepto la posibilidad de ser mejores personas, a partir de la profecía del amor plasmada en sus canciones. Obviamente, como el propio Silvio reconoce, haber crecido en medio de un suceso histórico trascendental como es el surgimiento de la Revolución cubana en la segunda mitad del siglo XX, le ha otorgado al talentoso creador el privilegio de asumir fundamentos raigales presentes en nuestras luchas independentistas.

trovador Silvio Rodríguez
Foto: Iván Soca


Desde la alborada de Carlos Manuel de Céspedes en 1868, hasta la épica protagonizada por Fidel Castro como líder histórico de la Revolución, el  trovador se ha impregnado de infinito amor a la Patria como un todo de lo que implica ser cubano en estos tiempos, además de nutrirse de virtudes humanistas que marcan la abarcadora universalidad de su obra. Por lo tanto, estamos ante un revolucionario cantor, que junto a la inseparable guitarra y el encendido verso nos ha proporcionado memorables discursos y vibrantes conferencias de no más de cinco minutos de duración, a través del expresivo canto. En tal sentido, artistas del rango de compromiso con la vida como Silvio, están mucho más allá de quienes han descubierto que les resulta un buen negocio dedicarse al canto, aunque en la mayoría de estos casos no se entienda lo que nos dicen porque, sencillamente, el oído del corazón no los llega a escuchar.

Por su parte, él es el primero en reconocer que no clasifica, necesariamente, como cantante en el sentido tradicional del término; pero como intérpretes de su propia obra, no son muchos los que logran transmitir con tanta sinceridad la coherencia entre el sentimiento plasmado en sus letras y el modo en que nos lo dice en sus canciones, para finalmente dejarnos pasmados después del paso de este intenso huracán de pasiones que representa su arte.

Desde sus mismos comienzos como trovador, ya en el alma de Silvio se encontraba el germen que lo ha llevado a ser un misionero del extraordinario poder del amor.

Desde sus mismos comienzos como trovador, ya en el alma de Silvio se encontraba el germen que lo ha llevado a ser un misionero del extraordinario poder del amor y, por la supervivencia de este, nunca ha dejado de presentar batalla. Ahí están “Días y Flores”, con una impresionante estrofa que consigue sacarnos la rabia que tenemos dentro por las injusticias en el mundo; la increíble expansión de un amor que ni la muerte puede hacer desaparecer en la declaración de Te amaré; la naturaleza inclaudicable de nuestros principios en “El Necio” o el noble llamado para tratar de ser personas menos egoístas en la emblemática “Cita con ángeles”.

Basta este mínimo acercamiento a la obra del músico para aceptar el argumento de que sus canciones no se deben apreciar como si pudieran o no coincidir con los dictados de la moda de determinado momento; además del alto nivel artístico con que Silvio las arropa, al otorgarle una vigencia de esas que no tienen fecha de vencimiento en el contexto creador. Dicha permanencia viene dada por la inquietud que, como revolucionario y como compositor, lo conducen hacia el cuestionamiento de problemáticas que están lejos de haber sido resueltas.


Foto: Cortesía de Fidel Díaz Castro


Entre las pretensiones del capitalismo para mantener enajenado al hombre contemporáneo y hacerle olvidar otras realidades bien dramáticas, no se descuida el intento de convencerlo de que la clave para la búsqueda de la felicidad se encuentra en la acumulación de objetos producidos por el imparable progreso tecnológico. Esto se disuelve en mera campaña propagandística donde se presupone que, con tal nivel de desarrollo, podríamos arribar al mundo ideal en el futuro inmediato. Sin embargo, la cruda verdad es que en la proyección del diseño de esta utopía inherente a las leyes de la sociedad de consumo, para nada se ha tenido en cuenta la respuesta a las agobiantes necesidades de las mayorías, necesidades que padecen los habitantes de los barrios donde viven los afronorteamericanos pobres —a los que no les toca conocer las bondades del llamado “sueño americano”—, del mismo modo en que se padece necesidad en los suburbios insalubres periféricos de las grandes capitales latinoamericanas, en las comunidades del indio americano, en las poblaciones de quienes habitan las sabanas africanas o incluso hasta en el remoto hábitat de los esquimales, quienes junto a las especies de animales originarias de estas tierras —ahora permanentemente heladas— hasta asisten al deterioro de su entorno como consecuencia del cambio climático provocado por el despilfarro de energía en las sociedades desarrolladas.

Por estas y muchas otras razones acerca de los graves problemas existenciales de estos tiempos, los cubanos nos sentimos orgullosos de tener entre nosotros a quien desde muy joven ha puesto todo el empeño en componer canciones matizadas por mensajes contundentes, para revalidar su denuncia en favor de los derechos de los olvidados; a quien nos ha entregado el canto en defensa de los históricamente explotados en este mundo. ¿Cómo no vamos a sentirnos orgullosos del espíritu de una obra que ha calado profundamente en la sensibilidad de mujeres y hombres libres, que nos reconocemos en los versos de un sabio que ha escogido la música para dejar sus enseñanzas? Silvio Rodríguez no es un político, pero estos lo admiran y respetan por el don que le distingue para conceptualizar elevados valores éticos como pocos cantores lo han logrado desde el arte.