Como la vida es una sola…

Recuerdo que cuando el General de Ejército Raúl Castro, Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, dio la información al pueblo por la televisión acerca del regreso de los Cinco Héroes y del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los Gobiernos de Cuba y los Estados Unidos, me alegré de semejante acontecimiento histórico por todas sus implicaciones no solo para el bloqueado pueblo cubano, sino también para el norteamericano y para toda la comunidad internacional. Sin embargo, a pesar de la trascendencia de esta información para quienes vivimos en la Isla, la noticia que nos conmovió profundamente fue la del regreso a la Patria de Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Fernando González y Antonio Guerrero.

 
 La grandeza de los Cinco Héroes estriba en que son personas normales y comunes. Foto: vanguardia.cu
 

Se cerraba así el círculo de la profética predicción del Comandante en Jefe Fidel Castro en relación con que estos compatriotas, detenidos en cárceles norteamericanas a causa de velar por la seguridad de Cuba desde las mismas entrañas del Imperio, iban a volver. A tres años de este suceso, cada uno de nuestros queridos compañeros se encuentra plenamente integrado a la sociedad, satisfecho de lo que significa estar de nuevo en casa con el deber cumplido.

Obviamente, aunque la tensión que vivió el pueblo cubano al lado de una intensa campaña internacional de solidaridad a favor de su liberación, ya es parte del recuerdo de momentos inolvidables en la historia contemporánea, meditar en torno al valor ético de sus acciones, constituye una reafirmación de nuestros principios.

A menudo cuando solemos estar realmente preocupados por cualquier causa que nos agobia, siempre de entre quienes bien nos quieren, aparece alguien que intenta alentarnos con aquella frase de que la vida es una sola y por lo tanto no podemos darnos el lujo de desperdiciar el privilegio que encierra el hecho de estar vivos.  En tal sentido, entonces hay quienes interpretan este consejo como la oportunidad para olvidarse de los compromisos morales que tenemos con nosotros mismos y con quienes nos rodean y como se dice, “se botan pa´la calle del medio” con excesos de todo tipo.

A su vez, están aquellos que se apegan al privilegio de vivir bien, pero bajo el signo del tener, como el sentido principal que orienta el desenvolvimiento de sus vidas. Lastimosa decisión personal la de otorgar a la acumulación de cosas materiales, la responsabilidad de justificar una razón de vivir, aunque esta se caracterice de una endeble estructura ante cualquier intento de soborno. De todos modos, precisamente como la vida es una sola y por lo tanto hay que vivirla a plenitud, son muchos quienes ven en el sacrificio por los demás, el cumplimiento del deber en que como seres humanos creemos hasta sus últimas consecuencias. De entre tantas y tantas anécdotas que honran la historia de nuestro país, la primera que me viene a la mente para ilustrar la entereza de quienes apuestan por el valor de los principios, tiene que ver con Máximo Gómez. Se trata de aquella cuando el Generalísimo en el momento de coger una embarcación hacia Dominicana como resultado del Pacto del Zanjón, es acompañado por el General español Martínez Campos quien en un intento de parecer amable, comete el lamentable error de ofrecerle al incorruptible guerrero, una ropa nueva para llegar a su destino como se debe.

 A Gómez no le queda otra que responder tajantemente: “General, esta andrajosa ropa, lleva las honrosas huellas de mis combates por la libertad de Cuba”.

No hay que ser muy suspicaz para imaginarnos cuántas villas y castillos no le habrán ofrecido a Gerardo, Ramón, René, Fernando y Antonio durante su encarcelamiento en los Estados Unidos para que desertaran. Solo tenían que apagar el interruptor de la luz que alumbra al sacrificio por la Patria, para quedar sumidos en la oscuridad de la traición. Incluso detenidos por causas comunes, llegaron a ganarse su admiración por la fidelidad de estos jóvenes revolucionarios a la pureza de sus ideales. Cuando se es consecuente con el juramento individual de ofrecer el destino de nuestras vidas a la Patria amenazada, ante la heroicidad de tal decisión no existe nada en el mundo que haga cambiar de opinión. Ninguno de ellos sabía cuándo podría regresar a no ser con el cumplimiento de la sentencia dictada contra cada uno de estos compatriotas. Solo los alentaba el empeño de la lucha de todo un pueblo por obtener su libertad, guiado por la irrenunciable certeza del Comandante de que iban a volver.

La grandeza de los Cinco Héroes estriba en que son personas normales y comunes, con añoranzas y ensueños como cualquiera de los que andamos por las calles de este país, pero que llegado el momento, tuvieron el coraje de anteponer todo lo que aman a una causa justa. Para ellos, aunque saben que la vida es una sola, no conocen otra forma de asumirla que no sea la de entregarla a disposición de los demás, específicamente al pueblo de Cuba.