Cine y artes plásticas en el Festival habanero
Fotos: Cortesía de la autora

Cada diciembre la capital cubana se convierte en punto de encuentro de mucha “gente de cine” de todos los continentes y es una realidad que, desde hace 37 años, la fiesta de la imagen en movimiento acapara espacios, atención y también mucha expectativa ante la entrega de los Corales, que son el máximo reconocimiento del certamen.

Si bien es cierto que el cine es la “gran estrella”, en todas las ediciones de los Festivales de La Habana se le rinde culto a las artes plásticas porque siempre están —a veces más y otras menos— representadas en la cita cinematográfica: en esta oportunidad fueron cuatro las exposiciones.

Mario Monicelli y RAP, 100 años de cine fue una sui generis muestra abierta en el Centro Cultural Cinematográfico del ICAIC que rindió tributo y culto —íntimo por demás— a uno de los maestros de comedia italiana.

La exposición fue traída a La Habana por Chiara Rapaccini, RAP, compañera de vida de Monicelli y estuvo conformada por telas —sábanas— de 1,5 metros de largo x 2,20 metros de ancho, las que cubrieron prácticamente todos los espacios de la galería. Ha dicho RAP que esta muestra —vista en otros circuitos importantes del cine internacional— la conformó revolviendo en los armarios las fotos que más le gustaban: “retratos de Mario, de sus amigos —Mastroianni, Virna Lisi, Totò,  la Magnani— e instantes de nuestra vida. También retraté a Mario en diálogo con mi tatarabuela, la Marquesa Casati Stampa, que a su vez fuera fotografiada por el gran Boldini. Intervine sobre las  viejas imágenes con pincel, acrílico y punta seca para eliminar los fondos, para subrayar una sombra, una arruga, un doblez e incorporé a mis personajes alguna que otra escritura libre”.

Mario Monicelli y RAP, 100 años de cine constituye una excelente oportunidad para acercase no solamente al imaginario de RAP sino también para, de muchas maneras, evocar a un hombre que vivió intensamente el cine; baste recordar que dirigió cerca de 70 obras audiovisuales entre documentales, cortometrajes, series y largometrajes de ficción y colaboró como guionista con cerca de un centenar de proyectos.

Otra muestra es la que se exhibe en Fábrica de Arte Cubano, institución que en esta ocasión, y a propósito del Festival, abrió sus espacios al reconocido fotógrafo español Héctor Garrido, artista que en los últimos años ha visitado la Isla en múltiples ocasiones: siempre cámara en mano.

La propuesta de Garrido —que igualmente se ha expuesto en otros puntos de la geografía planetaria— se titula Fractales, anatomía íntima de la marisma, que trata de interpretar el lenguaje de la naturaleza, pero siempre poniendo énfasis en el cuidado al medio ambiente.

Garrido (Huelva, 1969) ha materializado proyectos en los seis continentes y publicado fotos y artículos en importantes revistas como la National Geographic, además de ser autor de unos 17 libros relacionados con la conservación y cuidado del planeta.

Es sabido que en Cuba el cartel en función del séptimo arte, sentó cátedra y que nuestro país —en los finales de los años 60 e inicio de los 70— desarrolló un movimiento cartelístico que tuvo un muy merecido reconocimiento y una impronta internacional. Es por eso, quizá, que para intentar mantener esa tradición —y además porque el cartel es como la avanzada de lo que podrá verse en un largometraje o un documental— en los Festivales de Cine de La Habana se mantiene una exposición de carteles, que resulta de una selección hecha por un jurado, y que opta por los Premios Corales en esa categoría.

La muestra Carteles en Concurso  —que se exhibe en el Cine Charles Chaplin, de la Cinemateca de Cuba— está armada a partir de 24 obras de creadores de Argentina, Bolivia, Canadá, Ecuador, México, Panamá, Venezuela, Brasil y Cuba, estos dos últimos países los más representados en cuanto a cantidad de materiales.

Cada uno de esos posters responde, obviamente, a las estéticas de sus creadores y, por lo tanto, es una muestra muy variada en la que los lenguajes son disímiles, pero a partir de uno de los códigos inviolables del  cartel: síntesis y claridad en lo que se expone.

La parte cubana está representada por los diseñadores Pepe Menéndez (Cuba Libre),quien finalmente se alzó con el Coral en esta categoría;  María Carla del Río Betancourt (El sueco), Nelson José García Jiménez (La ciudad), Alejandro Rodríguez (La obra del siglo), Javier Alejandro González (Una cena y 12 chicas) y Patricio Herrera  (Una luz de inteligencia y amor).

La otra exposición —que igualmente privilegia al cartel— es Cinegrafismo, que se exhibe en la Sala Raúl Yelín de la Casa del Festival, en el Vedado capitalino y está compuesta por las obras de 12 diseñadores que han realizado 24 carteles: seis cubanos y seis canadienses interpretaron 12 cortos y documentales realizados por cineastas de ambos países.

Este proyecto conjunto fue coordinado, por la parte cubana, por el diseñador Pepe Menéndez y por la canadiense por Valérie Yobé, investigadora, curadora y profesora de diseño gráfico de la Escuela Multidisciplinaria de la Imagen de la Universidad de Quebec, en Ottawa.

En conversación con esta reportera Menéndez reveló que “lo interesante es apreciar cómo se dan —para un mismo cortometraje— dos interpretaciones totalmente diferentes a partir de miradas que poseen distintos referentes sobre una misma temática”.

Por su parte Valérie Yobé puntualizó que “Cinegrafismo más que una experiencia creativa, es una experiencia humana y, en todos los casos, la prueba irrefutable de que la creatividad constituye el núcleo de la innovación, siempre y cuando depositemos nuestra confianza en aquellos que saben usarla”.

Los participantes de Cinegrafismo son —por Cuba—: Giselle Monzón, Edel Rodríguez (Mola), Fabián Muñoz, Tinti Nodarse, Lyly Díaz y la dupla integrada por Pepe Menéndez y Laura Llópiz, mientras que por la parte de Quebec fueron convocados Laurent Pinebel, Vincent Arnold, Charlotte Demes-Labrecque, Élizabeth Laferriere, Daniel Leblanc y Kulien Ponton.