Cinco autores dan un libro sobre la canción

Fotos: Kike
 

Con seguridad alguien va a reclamar una nueva edición de este libro. La canción en Cuba a cinco voces, del sello editorial Ojalá, presentado el pasado viernes en Casa de las Américas, se convirtió enseguida en uno de esos sucesos en que el público halla el motivo para ser un perseguidor indetenible; en este caso se trata, al decir de Radamés Giro, “de la obra más completa e importante hasta hoy” sobre la canción cubana.  

Desde la segunda década del siglo XX hasta la actualidad, quedó conformada esta historiografía por cinco autores —cuya relación con la canción puede ir del campo de la composición y la investigación al periodismo, pero siempre movida, según dijeron, por un sentimiento particular hacia la música—, quienes fueron convocados por Silvio Rodríguez para reunir trazos en un camino “nunca agotado”.

La década del veinte del pasado siglo es recorrida por la investigadora de la trova tradicional, Dulcila Cañizares, una apasionada de la obra de María Teresa Vera, quien consigue en el libro, afirmó, saldar deudas investigativas anteriores.

Durante la presentación, improvisando sus palabras, también habló la compositora Marta Valdés. “Este libro ha sido un riesgo, como cuando se escribe una canción”, expresó. Pero la certeza para ella de que valía la pena correrlo estaba en que era un proyecto de Silvio y “él nunca está por nada que no sea cierto”. La etapa que se extiende del treinta a 1959 quedó en sus manos. Son momentos ligados a su vida, al nacer en aquel decenio, y empezar a componer en los años cincuenta. A partir de ahí, la historia  del género es contada por Guillermo Rodríguez Rivera. Era mejor que otro se encargara de valorar el tiempo que incluye mi obra, comentó Marta. La sala Che Guevara fue un aplauso a su sencillez, a su voz y  sus composiciones, seguidas por escritores, trovadores e intelectuales reunidos allí.

Para Margarita Mateo, otras de las voces del texto, “el ensayo de Guillermo sobre los complejos sesenta abre muy bien el camino para lo que escribí sobre la trova durante los setenta y ochenta”.  No le fue fácil ordenar la información que fue rastreando de muchos sitios, y la que ayudaron a salvar de la dispersión igualmente varios trovadores. Ellos desempolvaron casetes y resultó “fundamental como ayuda para escribir este capítulo”.

Joaquín Borges Triana hizo que el libro llegara hasta la actualidad, abarcando un período que inicia en los ochenta. “Estamos urgidos de este tipo de proyectos sobre la música, a varias voces y donde se junten disciplinas diversas de las ciencias sociales”, dijo, y alertó igualmente a la musicología cubana a que se integre y anime estas creaciones compartidas.

“Pero hay una sexta voz en este libro, la de su diseñador Ernesto Niebla, quien a través  de su visualidad, la forma de colocar los títulos de las canciones, la ubicación de los manuscritos originales (…) demostró sabiduría”, expresó Giro, lo que alude a otro de los visibles valores del texto: el discurso gráfico.

Tal vez un libro como este que es un monumento a la música cubana necesite pronto de una publicación más extendida; tal vez, incluso, esa precise un precio que haga más feliz. Aquel día en Casa de las Américas varias generaciones corrieron detrás de las páginas que cuentan el devenir de la guitarra, y de canciones cubanas que no han envejecido entre el andar del tiempo.