CelebraciĆ³n de la rumba

No hay cajitas de velas, ni huacales de bacalao seco, ni gavetas de viejos escaparates, ni cucharas de uso doméstico. El suceso no tiene lugar en el antiguo barracón de esclavos ni en el patio de una hacinada casa de vecindad. Pero no olvida sus orígenes y mucho menos la clave, el un-dos-un-dos-tres, que se lleva con las palmas y el corazón.

La celebración lleva en este ardiente agosto una marca: la Ruta de la Rumba, un itinerario que se extiende de occidente a oriente en la geografía insular cubana y en el que asoman rostros que vienen de Italia y Estados Unidos, México y Japón. Paolo, el fotógrafo italiano, aprieta el obturador de su Nikon ante cada sorprendente movimiento; Yuriko quiere aprender los pasos muy bien para enseñarlos a sus amigos en Osaka; Manuela y Andrés, oaxaqueños de pura cepa, se suman al jolgorio en la ciudad de Matanzas, y Milena, que defiende el género en Los Ángeles, baila y toca el chequeré como si hubiera vivido toda su existencia en los barrios habaneros de Jesús María y Belén.


Foto: Periódico Girón, Matanzas
 

Concebida por Timbalaye, institución creada a principios del nuevo siglo por los profesores, coreógrafos y bailarines cubanos Irma Castillo y Ulises Mora, para la promoción de las danzas y las músicas de la isla caribeña en Italia (Roma), México (Veracruz) y, por supuesto, en su país de origen, y con el apoyo del Ministerio de Cultura, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y la Asociación Hermanos Saíz de jóvenes creadores (AHS), la Ruta de la Rumba  2017 se sustenta en un triple propósito: resaltar los valores identitarios y universales de ese complejo músico-danzario, reconocer a los portadores de la tradición, y estimular la continuidad de ese legado en las generaciones emergentes.

Es por ello que la agenda ha puesto énfasis en el ámbito comunitario: plazas, parques, espacios abiertos, casas de cultura, instituciones emblemáticas como el Casino de los Congos, en Santa Isabel de las Lajas, donde se respira la huella del gran Benny Moré, y la Casa del Caribe, en Santiago de Cuba, con la participación de agrupaciones locales y de la población.

Debe recordarse que la rumba fue proclamada a finales del año pasado por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, término a todas luces impreciso. Prefiero llamar a este tipo de expresión “patrimonio vivo”, pues se ajusta más a la vigencia de tradiciones y expresiones orales, las artes del espectáculo, los usos sociales, rituales y actos festivos, los conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo, y las técnicas ancestrales tradicionales, que son las que integran esos valores internacionalmente reconocidos por el organismo multilateral.

En el caso de la rumba ese reconocimiento fue compartido en diciembre de 2016, entre otras manifestaciones, con la charrería mexicana.

La implicación de la Unesco en la Ruta de la Rumba 2017 fue refrendada por Katherine Muller, directora de la Oficina Regional de Cultura de la organización, al saludar a los participantes con estas palabras: “Promovemos el respeto por la diversidad cultural, el desarrollo y favorecimiento del intercambio cultural y la valorización de las tradiciones para alcanzar una existencia más satisfactoria desde un punto de vista intelectual, emotivo, moral y espiritual, de ahí que sea un honor asociarnos a este festival que está dedicado al pueblo, y que promueve que la gente vibre con el ritmo de su historia y continúen valorando ese legado siempre. Esta rica herencia debe continuar transmitiéndose de generación en generación para el orgullo y disfrute de todos”.

De ese empuje juvenil se han encargado, por citar dos ejemplos, los integrantes de los colectivos Iyerosun, de La Habana, y Rumbalay, de Cienfuegos.

El primero, liderado por Esmidio Merencio, El Millo, cuenta en su repertorio con temas como “Cuba, qué linda es Cuba”, “Suenan los cueros”, “Rumberos caídos”, y “Cimarrón”, dedicado a la novela testimonio homónima de Miguel Barnet.

Pero su mayor impacto público —fue el momento culminante de la apertura de la Ruta, bajo una frondosa ceiba en la comunidad de Regla, al Este de la bahía habanera— ha sido “Rumba para el Comandante Invicto”, un homenaje a Fidel Castro Ruz en el que se recoge el sentir de un gremio que desde los tambores y el canto expresa su compromiso con un destino histórico.

Con punto de partida en mayo de 2008, Rumbalay ha retomado las enseñanzas de los maestros cienfuegueros del género para darles una dimensión mucho más dinámica, mediante tratamientos vocales próximos al empaste de un ensemble coral y un modo de acentuar las frases que se emparenta con la variante sonera conocida por timba.

Asistir a cualquiera de las estaciones de la Ruta de la Rumba 2017 permite compartir el juicio del poeta Miguel Barnet cuando al presentar el evento dijo: “Todos los estímulos del cuerpo, entreverados a los del alma, se conjugan en la rumba. Ella es universal y eterna; de una eternidad inmarcesible, de un diálogo con el misterio del sacramento religioso y con la más sensitiva fibra espiritual”.