Ceguera y visión del teatro de títeres que viene

La prensa plana, digital y audiovisual nacional y del mundo reflejó en los últimos meses de 2015, con amplísima cobertura, los ataques terroristas a París, nuevo escenario de las agresiones y bombardeos que también acontecen en otros pueblos del mundo, muestra de un desenfrenado orden mundial donde fanatismo y barbarie devastan a la humanidad a pasos agigantados. Anunció igualmente la despedida del excelso bailarín cubano Carlos Acosta, de las filas del Royal Ballet de Londres, compañía donde trabajó por 17 años. Un adiós matizado por el estreno de su personalísima versión coreográfica de Carmen, prueba de que su paso por la gran compañía danzaria ha sido algo más que premios, fama y beneficios económicos. Fue también familia querida y respetada, de la cual no puede uno despedirse sin darle el rango correspondiente de un hasta la vista, pues será seguro un puente para nuevos proyectos.

Entre la ceguera de odio que genera la guerra y la visión agradecida se mueve el mundo actual. Del lado negativo y en los predios del arte se avivan deformaciones como el oportunismo, la especulación y la desorientación artística, todos listos para propiciar espacios ralos a nivel creativo para el público, visto como espectadores que viven sobre la espuma de lo inmediato, sin compromisos sociales, imbuidos del egoísmo y brutalidad atroz que va marcando al mundo de hoy. Vidas que se basan en imágenes de películas y videoclips de moda, cuyos mensajes musicales y de ficción sofisticados y aparentemente light, acunan internamente al monstruo deformado de una sociedad cada vez más convulsa y desigual.

El teatro de títeres nacional e internacional vive la misma situación, va a merced  de subjetividades e intereses, en una época en que lo vulgar comienza a ser normal sobre la escena, practicado incluso como algo innovador, una “renovación” que por supuesto se agota en su aburrida repetición. Confío en que la autenticidad de la creación sea un inmenso sol que alumbre por encima de lo pedestre más  tarde o más temprano.

Hoy más que nunca estamos en la hora del público, un público que aceptará nuestro trabajo o no, dependiendo de las herramientas de comunicación y cultura que manejemos. Lamentablemente hay mucha creación para el respetable que va camino de rutas retóricas, manipuladoras, inútiles, desentendidas muchas veces  de las verdades más profundas de los propios creadores. Al público no siempre se le puede dar lo que quiere. Venderle arte barato y olvidable, basándonos solamente en que lo que le gusta es el facilismo. El artista tiene la obligación de mostrar que hay otras perspectivas artísticas no tan cómodas, pero si inmensamente hermosas y regeneradoras del espíritu, contentivas de la sensibilidad necesaria para diferenciarnos de los animales.

El año titiritero cubano que se apaga ha dejado una huella valedera en materia de arte y pasión. Aun con los posibles soles y bemoles a nivel de concepto y creatividad en nuestros teatros, todavía se habla entre nosotros sobre temas universales de carácter cultural, humano y filosófico. Unas veces de manera áspera, otras dulzonas, inteligentes o comprometidas, buena parte de nuestro retablo lucha contra la intolerancia radical, la insolidaridad, el sálvese quien pueda.

Destaco de 2015 la realización por todo el territorio nacional de eventos que insisten en promover el arte de las figuras. Creados y defendidos por líderes legítimos del movimiento titiritero, construyen un diálogo que se establece de manera abierta y transparente entre diversas agrupaciones profesionales y aficionadas, con el apoyo imprescindible, en mayor o menor medida, de las instituciones socioculturales y políticas de cada región. La sexta Fiesta del Títere en Holguín, la Muestra Nacional de Teatro para Niños Cazando Mariposas y la Feria Titiritera de Unipersonales del Teatro Nacional de Guiñol en La Habana. La Jornada Títeres al centro, en Ciego de Ávila, esta vez con presencia de artistas foráneos. El Festival Internacional de Teatro de La Habana, en octubre, con invitados del patio y agrupaciones titiriteras provenientes de España, Francia, Canadá y Colombia, junto al concurrido Foro Unima Cuba. En nombre de todos los proyectos comunitarios y populares que existen en nuestro mapa, hago un reconocimiento especial al Jardín de los títeres, del juglar Adalett Pérez Pupo, crecido en cada entrega que anuncia y desarrolla desde el municipio capitalino de La Lisa. Son estas acciones tan solo algunas, de entre las múltiples que se realizan con diferentes valías y alcances.

La cuarta edición del Premio Nacional de Dramaturgia de Teatro para Niños y de Títeres Dora Alonso, convocado nuevamente por la Editorial Tablas-Alarcos, recayó en el matancero José Manuel Espino, por su obra Tórtola mía, fino homenaje al poeta y dramaturgo José Jacinto Milanés. Esta misma institución del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, presentó en la Feria Internacional del Libro de La Habana la antología Dramaturgia cubana para niños (1943-2013) 30 obras en 70 años, de las teatrólogas Yudd Favier y Dianelis Diéguez, importantísima contribución al cuerpo de textos para escena dedicados a los más pequeños.

La Cátedra Honorífica Freddy Artiles del Instituto Superior de Arte, en su cuarto año de existencia, siguió aportando caminos e iluminaciones para los títeres y titiriteros desde ese centro de altos estudios. Un nuevo espacio teatral fue abierto para los guiñoleros y público en general en Sancti Spíritus. El entrañable personaje Toqui, de Ana María Salas, que encantara a la grey infantil y adulta desde la televisión nacional, volvió a la luz con una senda exposición en el casco histórico de La Habana Vieja, la misma incluyó talleres y proyecciones audiovisuales. Nos visitó la Compañía Kageboushi Teatro, de Japón, cuyas presentaciones desbordaron en agosto el aforo de butacas de la Sala Covarrubias del Teatro Nacional con una atractiva oferta de teatro de sombras.

Muchos colectivos celebraron aniversarios cerrados y realizaron varios estrenos y reposiciones. Otros fueron invitados a recorrer festivales y encuentros organizados en el mundo. En este lapso perdimos al dramaturgo, poeta y director artístico Fidel Galbán, nacido en Cienfuegos, en 1945, guía inolvidable del Guiñol Rabindranath Tagore, de Remedios. El tiempo pasa con marcha apurada, hay que apreciar cada gesto que pueda maltratarlo, después no hay vuelta atrás y pagaremos un alto costo por ello.

En una era donde la comunicación cotidiana es casi siempre más directa con los aparatos electrónicos de moda, de la cual no se libran ni los mismos adultos, la siembra de la soledad no puede ser la nueva opción para los hombres y las mujeres, los niños y las niñas; tampoco el olvido de la historia de nuestro teatro de títeres y sus hacedores. Aplaudo por eso la inventiva de un galardón como “De corazón titiritero”, ideado por la sección regional de Unima en Camagüey y entregado este año al director artístico Mario Guerrero Zabala en el marco del Día Internacional del Títere. Justipreciar en el teatro cosas superficiales e intrascendentes es convertir lo insignificante en imprescindible y lo esporádico en razón.

El año viejo se despide. Solo los afectos verdaderos sobrevivirán los cambios sociales y profesionales que ocurren de forma natural. Un amor que funciona puede variar su estado pero no termina. Continuaremos con nuestro afán titiritero en 2016. Seguiremos apostando de conjunto por un crecimiento del universo de los retablos. Insistiremos en seguir y ser contra viento y marea, como los viejos capitanes marinos que avistan tormenta, pero se preparan para resistir, con la mirada y el alma en la inevitable calma que vendrá.