Carteles en la sinergia de las buenas revistas cubanas

No quiso emular con Bohemia (1910-   ), tampoco con Social (1916-1933), sino que su aparición en junio de 1919 vino a constituir un nuevo espacio, con sus propias características, en el rico panorama revistero de la época, y de siempre, en Cuba. Carteles se creó como “Revista mensual de espectáculos y deportes”, fundada por Oscar H. Massaguer —hermano de Conrado Walter, director de Social—, quien fungiría como su director y administrador.

En 1922 ocupó la jefatura de redacción Federico de Ibarzábal, poeta, novelista y cuentista. En mayo de 1924 la revista cambió de formato y empleó como subtítulo “Semanario Nacional”, periodicidad que se mantuvo a todo lo largo de su existencia. En el número correspondiente expresaron: “inicia hoy una era de prosperidad, esperando pueda en beneficio de sus lectores, desarrollar un extenso programa de iniciativas, que la conviertan en la mejor revista gráfica de Cuba Republicana”.

A fines del propio año 1924 pasó a ser dirigida por Alfredo T. Quílez, que se había desempeñado como su gerente general, mientras que Emilio Roig de Leuchsenring, director literario de Social a partir de 1923, asumió la dirección artística. Dos años después, en abril de 1925, Alejo Carpentier ocupó la jefatura de redacción y en 1927 Roig de Leuchsenring sería subdirector de la revista.

En 1931 confluyeron en el equipo de dirección de Carteles el más destacado caricaturista cubano de todos los tiempos, Conrado W. Massaguer, en calidad de director artístico; Arturo Alfonso Roselló como jefe de redacción y Alejo Carpentier desde la redacción en París, donde se había radicado en 1928, poco después de haber guardado prisión por estar involucrado en el llamado “proceso comunista”. A esta revista estaría vinculado hasta 1948 y en ella publicó numerosas crónicas relacionadas con la vida cultural francesa, poniendo al tanto al lector cubano de la labor de músicos, pintores y, en general, de la activa vida cultural de Francia. Hacia 1950, cuando ya solo Quilez quedaba al frente de la revista, el lema de la publicación era “Más que una revista, una institución nacional, dedicada a servir a Cuba, no a servirse de Cuba”. En mayo de 1952 se comenzó a editar, anexo a la publicación, un suplemento infantil.

El 10 de enero de 1954 ocurrió un hecho notable: Carteles pasó a ser propiedad de Bohemia y el periodista español Antonio Ortega, establecido en Cuba desde 1939, conocido narrador y a la sazón jefe de información de esta última, pasó a dirigir Carteles. Lo sustituyó en Bohemia otro español igualmente cuentista: Lino Novás Calvo.

Carteles puede definirse como una revista de actualidad e información, con una pertinaz vocación, ejercida desde 1924, de dedicar un editorial en cada salida donde se evaluaba la vida política cubana, sección suspendida desde comienzos de 1932 hasta la caída de Gerardo Machado en agosto de 1933. A la altura de 1956, este editorial fue languideciendo lentamente y reapareció en enero de 1959.

Reportajes, entrevistas y artículos dedicados a valorar los más importantes  acontecimientos políticos nacionales e internacionales, dieron una notable relevancia a esta publicación; además de los muy conocidos artículos costumbristas, históricos y políticos de Emilio Roig de Leuchsenring, muchos de los cuales aparecieron bajo sus seudónimos El curioso parlanchín, U. Noquelosabe, Cristóbal de La Habana y Enrique Alejandro de Hermann.  Con frecuencia aparecían trabajos dedicados a la mujer, la educación, la historia de Cuba y universal, las artes plásticas, sobre figuras cubanas e hispanoamericanas, así como notas teatrales y críticas teatrales y cinematográficas.

Desde 1925 comenzaron a publicar cuentos policíacos y fantásticos de autores extranjeros, especialmente norteamericanos a partir de 1950. Antes, desde 1937, cuentistas cubanos como Enrique Serpa, Andrés Núñez Olano y Marcelo Salinas, publicaron sus narraciones. Pero la presencia del género se afianzó a partir de la creación, en febrero de 1954, de una sección fija de cuentistas hispanoamericanos, fundamentalmente cubanos, atendida por Guillermo Cabrera Infante, quien escribió las crónicas de cine bajo su conocido seudónimo G. Caín. De esos años datan las colaboraciones de relevantes cuentistas como Onelio Jorge Cardoso, Rogelio Llopis, Víctor Agostini, Virgilio Piñera, José Soler Puig, José Carballido Rey y un desconocido por entonces, Severo Sarduy, que dio a conocer “El seguro”  en agosto de 1957. La nota que lo presentaba, presumiblemente debida a Cabrera Infante, decía:

Severo Sarduy es muy joven: nació en 1937. Lo que nos hace afiliarlo a la última de las últimas generaciones literarias cubanas —a la misma del malogrado Leslie Fajardo, por ejemplo—. Actualmente, alterna sus estudios de Medicina con la composición de una novela: El hombre que amaba su reloj, que Sarduy ha calificado, momentáneamente, de surrealista. “Aunque no es exactamente surrealista, pues esta palabra puede originar un malentendido anacrónico”, explica Sarduy rápido. Es probable que su novela tenga muchas de las virtudes de “El seguro” y algunos de sus defectos (verbigracia: la influencia tardía de Kafka, cierta complejidad gratuita y la aparente falta de necesidad del lector). Pero esto, a los 20 años de Sarduy, no son defectos: son excesos.  

Debe hacerse notar que fue en Carteles (mayo 22, 1927) donde el Grupo Minorista dio a conocer su famosa “Declaración”, que testimonia la efervescencia revolucionaria del momento y el compromiso político de sus firmantes —Rubén Martínez Villena, Juan Marinello y Alejo Carpentier, entre otros—, para quienes el destino de la literatura parecía tan trascendental como el destino histórico de la nación, entonces sufriendo el marasmo de una época de triste recordación para la isla.  

Otros colaboradores de la revista, además de los ya mencionados, fueron Félix Pita Rodríguez, Luis Gómez Wangüemert, Rafael Marquina, Rafael Suárez Solís, Antonio Martínez Bello, Dora Alonso, Oscar Pino Santos, Mariblanca Sabas Alomá y Loló de la Torriente.

Carteles finalizó su salida con el número del 31 de julio de 1960, casi simultáneamente con la salida de Cuba de Miguel Ángel Quevedo, director de Bohemia y, a la vez, con participación en aquella como uno de los principales propietarios.

Dos de las más importantes revistas cubanas del siglo XX, Bohemia y Carteles, son de imprescindible consulta para conocer el estado de la vida política, social y cultural cubana, latinoamericana y mundial de aquellos años. Carteles, animada por un espíritu ecuménico, llevó a sus páginas, sin frivolidades, lo actual y lo pasado, y atendió algunos de los más justos reclamos emanados de una nación sufriente y sufrida.