Carmina Burana: una presentaciĆ³n monumental para una obra monumental

Luego de tres noches con capacidades agotadas en el Gran Teatro de La Habana y un Premio Luna del Auditorio Nacional de México, es una certeza que la compañía Danza Contemporánea de Cuba (DCC) y su puesta de Carmina Burana mejoran con el paso de los años. Se trató, en esta oportunidad, de una presentación monumental vista por primera vez en Cuba con acompañamiento coral y sinfónico en vivo.

En datos sería así: cerca de 20 parejas de baile, una orquesta, dos compañías corales y tres solistas del canto lírico. Pero la experiencia, claro, es más rica que la estadística. En primer lugar, habría que decir que, en sus 58 años de fundada, DCC ha realizado 300 estrenos, sido nominada a tres de los principales premios del Reino Unido: los TMA, los Oliver Awards y The Critic´s National Dance Awards (en el 2010), y actuado en escenarios como el Sarah Bernhardt, Las Arenas de Verona, el Gran Teatro de Luxemburgo, el Stanislavski Theatre en Moscú, el Royal Opera House y el Salier´s Well, entre otros.
 

Cerca de 20 parejas de baile interpretaron la puesta monumental. Foto: Sonia Almaguer
 

Es así que cuando esta “madre nutricia de la danza en la Isla” —como se le ha dado a conocer— sube a las tablas junto a los coros nacionales de Cuba y el Infantil, la Orquesta Sinfónica Nacional, el barítono Ulises Aquino, la soprano Milagros de los Ángeles y el joven tenor Harold López, la noche no puede tener otro final que aplausos sostenidos de un público impresionado por el espectáculo. Porque Carmina Burana, más allá del virtuosismo, fue eso: un espectáculo.

Para sus protagonistas, la impresión fue similar. Justo después de terminar su tercera función, la maestra Digna Guerra, directora del Coro Nacional de Cuba, comentó que la obra —de gran complejidad— les dejó la satisfacción de mantener al público expectante, conmovido con la energía que emana de la danza y de su interrelación con los arreglos vocales.

Igualmente, complacidos se mostraron el joven Harold López —por primera vez en una producción de esta magnitud— y la soprano Milagros de los Ángeles, quien expresó haber disfrutado una experiencia inolvidable en la que el público llegó a comprender el concepto de la obra y, prácticamente, “confabuló” con sus intérpretes en escena.

Para Yoerlis Brunet, maitre de DCC que ha colaborado con la puesta desde su creación en 2008, esta última presentación gozó del mismo rigor y profesionalidad que las realizadas años anteriores, y en especial, la que les valió el Premio Luna del Auditorio Nacional de México en 2009.

Aunque con poco menos que las 20 parejas originales con que montaron la pieza y solistas de la misma compañía, la preparación de Carmina Burana resultó “bastante dura”. El coreógrafo George Céspedes —dijo— estuvo cerca de un año tratando de que la música se reflejara través de los movimientos, lo cual ha rendido frutos extraordinarios.

“Tal vez lo más complejo —agregó— es que cada vez que la interpretas debes renovarla con generaciones diferentes sobre el escenario. Y lo más impresionante es la energía que se alcanza entre los artistas y cómo pueden enfocarse en un proyecto común, más allá de sus individualidades y sus manifestaciones”.

Carmina Burana, una colección de cantos goliardos de los siglos XII y XIII, fue transformada en una cantata escénica por el compositor alemán Carl Orff entre 1935 y 1936, y estrenada el 8 de junio de 1937 en la Alte Oper de Fráncfort del Meno. Para DCC, fue George Céspedes, primer bailarín y coreógrafo de DCC, quien realizó la adaptación en 2008.

De acuerdo con el manager de la compañía, Jorge Brooks, la coreografía se construye con movimientos populares, citadinos, como herramientas para armar composiciones espaciales. La puesta en escena, comenta, tiene fines pasionales, excluyentes de cualquier monotonía; mientras que el lenguaje escénico tiene, como último referente, la unidad plural de pasado, presente y futuro de la música y el canto, el vestuario, la escenografía y la danza.