Carlos Alberto Masvidal: “El Premio Nacional de Diseño es el oro olímpico”

En la escuela primaria y secundaria solía dedicar el tiempo de las clases a dibujar. Desde ese entonces, ya tenía “encargos de diseño”, pues el resto de los niños le pedían: “¡Hazme un dibujo!”. Un día la maestra le dio las quejas a su mamá y ella, que para Masvidal es el personaje más fantástico de su vida, le contestó: “Es que él es un artista”.

foto del diseñador Carlos Alberto Masvidal Saavedra
Fotos: ONDi


Aunque nació en una casa llena de diseño —su padre y su hermano mayor eran diseñadores destacados—, los derroteros que transitó el hoy Premio Nacional de Diseño 2017 Carlos Alberto Masvidal Saavedra, para dedicarse por entero a su eterna pasión de manera profesional, no fueron cortos ni sencillos.  

Como no existía la carrera de Diseño en aquella etapa y de Historia del Arte solo bajó una plaza, ingresó en la Academia Naval y se graduó de oficial de máquina en la Marina Mercante Revolucionaria; luego estudió Ingeniería en la CUJAE, hasta que tuvo la posibilidad de optar por una plaza de ilustrador en la revista Juventud Técnica: “Ahí comenzó una de las épocas más divertidas de mi vida, donde también hice muchas amistades. Juventud Técnica fue lo que me dio más fama a nivel popular, todavía hay gente que me encuentra por la calle y me pregunta: ‘¿Tú eres Masvidal el de JT?’; es una generación que está ahora por los cuarenta y tantos que logré enganchar con las ilustraciones”.


 

Al llegar el Periodo Especial, numerosas publicaciones dejaron de existir, y otras tantas redujeron sus páginas y su frecuencia. Masvidal trabajó durante un tiempo en el diario Granma y la Editorial Abril, sin muchos espacios ni oportunidades para crear, hasta que apareció Habaguanex, donde se fue expandiendo hacia los programas culturales de la Oficina del Historiador, la emisora Habana Radio, los libros de la Editorial Boloña, el proyecto Rutas y Andares, y muchas otras iniciativas del Centro Histórico que apuestan por la creatividad, la innovación y el desarrollo.

“Admiro mucho el proyecto de Eusebio Leal y a la gente que lo compone, porque se ha logrado hacer algo diferente”, afirma Masvidal. “Leal sabe apreciar las cosas bien hechas y emplea los recursos con que cuenta en función de mejorar. El hecho de que todo lo que yo diseñara se hiciera realidad es un tesoro incalculable; el tiempo pasó volando porque, como dijo John Lennon, ‘la vida es eso que pasa mientras uno está trabajando’”.


 

En la Asociación de Comunicadores Sociales, donde fue vicepresidente unos años y jefe de los creativos, adquirió mucho conocimiento en el área de gestión del diseño y admiró el enfoque que la Asociación tiene del diseño como un mecanismo de la comunicación.

Hoy posee una destacada trayectoria profesional avalada por más de 40 premios. Ha diseñado revistas, libros, periódicos, tabloides, identidades visuales y campañas que comprenden aplicaciones digitales e impresas, entre ellas spots de televisión, sitios web y stands. Su trabajo se ha destinado a disímiles clientes, ha impartido conferencias en eventos y universidades nacionales e internacionales, y ha sido jurado en varias ferias y festivales.

Sobre sus inquietudes artísticas, la importancia del galardón recién obtenido por la obra de toda la vida, y el estado actual del diseño en Cuba, dialogamos con Carlos Alberto Masvidal Saavedra.

Usted ha incursionado en múltiples tipologías del diseño. ¿Tiene preferencia o inclinación por alguna en particular, o las disfruta todas por igual?

A mí me gustan todas, pero te digo cuál es el truco. Yo descanso variando el tipo de diseño. No hay diseño más efectivo ni gratificador al momento que la publicidad, pero te destroza y, además, es muy efímera. Cuando la termino, me voy a hacer un libro, que es un trabajo más tranquilo y sedado, no tan espectacular, pero trasciende en el tiempo y es mucho más metódico. Cada tipo de diseño se enfoca de una forma diferente, por tanto, la mejor manera de descansar de uno es diseñar algo distinto.

Existen algunos diseños en los que debe atenerse a ciertas normas o requisitos y otros en los que, quizás, puede dar mayor cauce a la creatividad e innovación. En este sentido, ¿cuáles le han resultado más complejos?

Cada diseño tiene su maña; cuando te salen bien, no cabes adentro del cuerpo; cuando te salen mal, quisieras que te cayera un rayo en la cabeza.

Las identidades y los logos para mí son muy complejos, porque se trata de una síntesis de diseño importante y no siempre estás lo suficientemente lúcido como para que te salgan buenos. Tú con maña y oficio puedes resolver el Programa Cultural de la Oficina del Historiador, pero un logo, identidad o cartel es diferente.


 

Los libros también son complicados porque dependen del autor y el editor. Hace poco me dieron el Premio de Diseño Integral del Libro por una obra de la editorial Boloña dedicada al centenario de Miramar. Quedó preciosa, agradable y fácil de leer, pero no fue sencillo porque hubo que lidiar con cinco arquitectos. He oído decir mucho que lo importante del libro es el contenido y en este mundo, y a estas alturas, estamos en una sociedad visual y en movimiento, donde contenido y forma deben estar aparejados; si cada vez más las nuevas generaciones leen en digital, no le puedes presentar un libro impreso con una portada que no sea atractiva.

De acuerdo a su criterio, ¿qué requisitos debe cumplir un buen diseño?

El diseño está en función de expresar un contenido; no es un fin en sí mismo, porque si no fuéramos artistas de la plástica, pero dentro de esa manera de expresar el contenido sí puede haber mucho arte. Para diseñar hay que tener arte y cultura, porque tú eres un manipulador de códigos, debes conocerlos y saberlos emplear.

Muchas veces uno es víctima de las modas y diseña según lo que impera en el momento, después empieza a descubrir cómo llevar ese contenido más allá de las modas. Es muy complicado, pero a la vez es lo más divertido del mundo. El diseño es como el pan: tú lo haces, le echas la levadura y lo tienes que dejar tranquilo, más tarde lo destapas y te puede quedar muy bueno o como el de la bodega. Lo difícil no es tanto diseñar, sino gestionar ese diseño y convencer al cliente.

La primera vez que salió Juventud Técnica con mis portadas, yo pasaba en la guagua y miraba los estanquillos y me decía: “Qué bien se ve”; pero cuarenta y tantos años después estoy haciendo las pantallas animadas del Centro Histórico y me paro todavía al lado para ver la reacción de la gente. Esos son los pequeños detalles que me dicen que todavía estoy vivo.

Usted ha recibido múltiples galardones a lo largo de su trayectoria profesional. ¿Qué representa el Premio Nacional de Diseño en especial?

El día que me otorgaron el premio estuve a punto de no ir, porque yo era el eterno nominado; esta era la quinta vez. Llegué a las 5:30 al Malecón y por primera vez desde hace diez años me senté allí, pero al final decidí ir. Había visto días antes a toda la gente de la ONDi en el chat y no me decían nada; yo pensaba: “les da pena”. Luego anunciaron que este año habían procesado solo dos nominados: José Menéndez Sigarroa y yo. Cuando dijeron mi nombre me quedé frío, porque eso sí no lo esperaba. Todo quedó bien, pero no me dio tiempo a llamar a nadie de mi familia y amistades para que estuvieran allí.

Lo que te puedo decir es que cuando tenía 20 años estaba loco por este premio, y ahora que tengo el premio, estoy loco por tener 20 años (ríe). Es un respiro el saber que finalmente lo cogí, porque el Premio Nacional de Diseño es el oro olímpico. Yo había ganado campeonatos mundiales, panamericanos, centroamericanos, pero me faltaba el oro de la Olimpiada. La primera vez que me nominaron en el año 2007 era el tipo más feliz del mundo; fue cuando me dieron el Premio Nacional de Diseño del Libro Raúl Martínez.

El premio es un acto puntual, pero tú no lo eres; tú eres el resultado de tu familia, de tus amigos, de tus escuelas, de los que te ayudaron y los que no, de los que tú ayudaste; entonces, cuando te dan un premio así, sientes el compromiso de hablar de todos los que te ayudaron, y el premio es también un reconocimiento a toda esa gente. Si no hubiera existido una Oficina del Historiador con una capacidad de asimilar creativamente a su gente, establecer un ciclo positivo de trabajo y un espacio donde la belleza funciona, yo no tuviera este premio. Afortunadamente, caí en un sitio donde las condiciones fueron propicias para crecer. Y si eres una persona honesta no puedes dejar de agradecer a los que te ayudaron.

El premio te da la tranquilidad de que trabajaste y lograste estar donde querías estar; lo malo es que te sube demasiado la varilla. Yo aún no me creo que soy el Premio Nacional de Diseño, yo soy Masvidal que tiene que salir todos los días a luchar en la calle igual que todo el mundo.

¿Cómo valora el estado actual del diseño en Cuba: sus aspectos positivos y debilidades, los retos que afronta, etc.?

El diseño en Cuba está como nunca, hay una cantidad enorme de gente buena, pero no puedes alejar el diseño de la economía y del desarrollo del país. Estamos haciendo una fábrica de buenos diseñadores que van cayendo en un saco, y ese saco a cada rato se rompe y se vacía, o sea, se van del país, que no tiene las posibilidades económicas para que cada uno desarrolle su trabajo y sus capacidades.

Con la globalización e Internet se ha producido algo muy bueno, y es el nivel de referencia, que es más rápido y mejor: ahora cualquier diseñador puede abrir la web y ver cómo se está diseñando en otras partes del mundo. Los muchachos están mucho más actualizados y en sentido general el diseño ha mejorado muchísimo; pero todavía no hay industria en Cuba, menos aún para un diseñador industrial.

Por otra parte, estamos evolucionando porque antes todo el diseño de la televisión era malo y hoy te puedes encontrar cosas muy malas, pero también otras muy buenas. Además, los cuentapropistas están empezando a usar el diseño, ya no solo ves una tabla en la calle donde se vende refresco de guachipupa, sino lugares con un diseño espectacular. En eso percibo un canal de realización, porque quien hizo eso entendió la necesidad del diseño.