Camino a Tamarindo

Me he preguntado muchas veces, desde el 22 de enero, cómo explicar la trayectoria y la obra de este amigo y cómplice permanente en las andanzas del teatro. Alguien que desde el primer encuentro me demostró esa simpatía y ese sentido de pertenencia que identifica a muchos de aquellos que han nacido, hijos de pueblos pequeños, muy cercanos al terruño y a la identidad campesina.

foto de Amado del Pino
Amado del Pino y Fernando Castets en la UIMP 2011. ​Foto: Cortesía Tania Cordero


El zapato sucio fue el camino. En cada uno de aquellos textos dramáticos está presente el pensamiento, la filosofía, la ética de Amado del Pino. Está, sobre todo, el diálogo de un hombre que conoce a la gente de pueblo, de un dramaturgo que en la medida que crecía intelectualmente, se enraizaba aún más en los orígenes, en los sucesos cotidianos de la pequeña comunidad, para traducirlos desde el criterio de lo universal.

Hacer esta obra marcó una etapa de crecimiento en Teatro D´Dos; esa era la obra que esperábamos y en ella se proyectaron infinidad de propósitos. Vicente Revuelta, cuando vio la función de cierre de temporada en la sala El Sótano, aseguró que era una obra valiente y muy necesaria; después, motivado por aquella dramaturgia, aquel elenco y aquella puesta en escena, propuso a Raquel que se pusiera en la Llauradó, recién inaugurada. Fueron funciones memorables las de El Sótano y la sala Llauradó; allí estuvo Amado, sugiriendo nuevos detalles, compartiendo, desde la humildad y la sabiduria, su verdad del teatro.

Explicar la trayectoria y la obra de este amigo no es posible en este momento. Su visión de la escena es tan auténtica que serán diversos los estudios que develen las claves; el futuro se encargará de revelarnos los detalles, porque este amigo, este hermano, este gran artista, marcó el rumbo del futuro, por tanto, marcó lo perdurable, cualidad esencial en un artista. Lo digo pensando no solo en su dramaturgia, tengo muy presente su labor como crítico teatral. Su columna en Granma nos llenaba siempre de goce y de espectativas, aun cuando la crítica no fuera positiva, porque había en ese criterio el ejercicio de la valoración desde una óptica pedagógica, desde una óptica de diálogo y, sobre todo, desde la más absoluta humildad de un crítico que creía en la fuerza y el arduo trabajo de quienes labran el teatro.

Hoy la escena cubana no despide a Amado, le da la bienvenida en el camino de la posteridad, con la certeza de un futuro vivo sobre nuestros escenarios.