Café Society es el La LaLand de Woody Allen

Un filme de Woody Allen en cartelera significa siempre, para el espectador aburrido de películas espectaculares, ruidosas e infantiloides, una promesa de cine inteligente y agudo, reflexivo sobre los grandes problemas de la especie, además de una crítica tácita a la manera de ser y de pensar de los norteamericanos. Ha llegado a nuestras pantallas Sociedad Café, uno de sus filmes más recientes del gran cineasta norteamericano.

Café Society, como se titula en inglés, cultiva también el tono tragicómico o agridulce de obras maestras anteriores como Annie Hall, Manhattan, Hannah y sus hermanas o Deconstructing Harry, y también enmarcado dentro del gusto por lo retro, que con tan buen gusto cultivó el director desde la época de Zelig, Radio Days o Balas sobre Broadway. Sin embargo, en forma y esencia, Café Society continúa la línea más aparentemente frívola y juguetona de la filmografía de Allen, en el estilo de Vicky Cristina Barcelona o Medianoche en París.


 

A pesar de que a Woody Allen se debe La rosa púrpura del Cairo,una de las más violentas invectivas al carácter evasivo y enajenante del cine clásico de Hollywood, Café Society revisita el tema, se ambienta en la corazón de la llamada Fábrica de Sueños, en los años treinta, y rinde culto al glamour y elegancia de aquel mundo mediante esta comedia romántica protagonizada por un joven originario del Bronx, que se va a trabajar en Los Ángeles (Jesse Eisenberg), en tanto es sobrino y protegido de un poderoso agente y productor de cine (Steve Carrell). El conflicto aparece cuando este joven se enamora de Vonnie (Kristen Stewart), la secretaria y amante de su tío.

Desde la nostalgia por el glamour de aquellos años, Woody Allen se vale de la elegantísima dirección de arte de su eterno asociado Santo Locuasto, y de la fotografía dorada y hermoseadora del genial Vittorio Storaro, para confeccionar una suerte de tarjeta postal, satinada y atractiva, a una época en la cual se vinculan estrellas de cine, playboys, políticos y gánsteres. En este desfile, hay ciertos estereotipos más simpáticos que otros, porque el director parece preocupado solamente por entregarnos un filme bellamente filmado, y parece muy poco preocupado por mostrar el comportamiento humano de manera realista o conmovedora.

Claro que el filme tiene una fotografía gloriosa, a quién se le ocurre siquiera dudar de ello cuando sabemos que el encargado de ese acápite tiene en su hoja de servicios algunos de los títulos más hermosamente filmados del cine moderno, como El conformista, Apocalipsis ahora o El último emperador. Y por supuesto que los actores están bien dirigidos, o más bien, ellos y ellas tienen ocasión de interpretar personajes por lo menos carismáticos. Kristen Stewart continúa el esfuerzo por convertirse en una actriz seria, y dejar atrás la época de la ñoñería asociada a su figura luego de la saga de Crepúsculo y el papel de Blancanieves, pero aquí le toca en suerte una nueva ingenua, o damita joven propensa a que la engañen, una figura típica del cine de Woody Allen, quien, además, siempre ha representado el papel de coartada eficaz para los actores y actrices norteamericanos empeñados en dignificar su currículo.


Fotograma de la película Café Society


A diferencia de la reciente y sorprendente Blue Jasmine (2013), Café Society resulta demasiado predecible (por lo menos para los conocedores del cine realizado por WoodyAllen) porque el autor decidió retomar temas que lo han obsesionado sin insuflarles nuevos aires estéticos. Aquí están de vuelta asuntos tan “allenianos” como la culpa y el remordimiento, Hollywood y el jazz, o los conflictos ocasionados en la pareja por diferencias de clase, edad y gusto. Además, el filme carece de la gracia caricaturesca que dilapidaba Balas sobre Broadway en cuanto al muy similar tema del contacto entre artistas y delincuentes, que se verifica sobre todo cuando el joven protagonista regresa a su Nueva York natal, donde frecuenta muchos más bares que cafés, pero en fin, al parecer a Woody Allen le gustó más la sonoridad de las palabras café society, que la de bar society o club society.

Varios críticos han detectado una línea de diálogo en Sociedad Café, que define a la perfección toda la película. Alguien le pregunta al protagonista, por teléfono, sobre cómo le va en Hollywood, y el dubitativo joven, evidente alter ego de Woody Allen responde que está “medio aburrido y medio fascinado”. Tal vez el director y guionista quiso concentrarse en la fascinación y trató de eludir, hasta donde pudo, el aburrimiento que todo ello le provoca, o por lo menos parecía provocarle, en otra época, cuando cada película lo recolocaba en el mapa de los principales cineastas de Estados Unidos.

Sin un propósito definido, y al borde de la trivialidad en tanto los apuntes sobre el contexto de la Golden Ageresultan bastante superficiales y anodinos, Café Society es resultado de la insistencia del director-guionista, de acuerdo con el fotógrafo y el diseñador de producción, en demostrarnos lo linda que era aquella época, la moda, las estrellas, la gente, la fábrica de sueños, Los Ángeles y Nueva York, de modo que el filme, de conjunto con el multipremiado musical La LaLand, consuma la operación de complaciente autocelebración en que se ha embarcado el cine norteamericano reciente.