Buscar a María: Imagen y Representación

I. Vaciar la imagen
Hay razones pragmáticas y juicios espirituales que  impulsan la selección de un tema cuando se trata de escoger sobre qué queremos hablar en una obra de teatro. Al trabajar con una sola actriz, prefiero un personaje fuerte que pueda prestar su definición al contrapunto con nuestro universo ideológico/sentimental. Escojo un personaje/mujer porque estoy escogiendo “lo femenino” y, al escoger lo femenino, María Magdalena se me revela como el arquetipo contradictorio de una femineidad sometida a todo tipo de pruebas a través del tiempo. Acaso mi actriz y yo estamos envueltas en algunas de las diatribas que acompañaron a esta María que la iglesia reivindicó en 1969 retirando el apelativo “penitente” de su santo.

María de Magdala se nos aparece como una tentación por lo que de oscuridad le acompaña. La iconografía nos la muestra envuelta en trajes y acompañada de sus atributos: un libro, la copa, la calavera, una vela, y su larga cabellera rubia. Al decir María Magdalena las asociaciones son rápidas: la que lavó los pies a Jesús y los untó con perfume, la amante prostituta, la que lo siguió en su peregrinar, la que no tuvo hijos. Al mismo tiempo, esa imagen que la iconografía reproduce, esconde muchas particularidades, e incluso nos distancia históricamente de un personaje/mujer real, que entrelazada en la vida de Jesús de Nazaret tuvo su rostro, su voz, y experimentó algunos de los sucesos más trascendentales de la historia cristiana.

Después de algunas búsquedas con disciplina, la imagen de María Magdalena me produce ese vértigo que puedo reconocer cuando las cosas me importan a un nivel no solo racional y pragmático; la actriz también sonríe y por primera vez se siente entusiasmada.

Tenemos delante un muro, una imagen llena de atributos prefijados; tenemos un personaje real que todos perciben como un personaje ficticio, perteneciente al mundo de la literatura y las leyendas. Toca saber más, estudiar su entorno, volver a leer aquellos pasajes bíblicos donde se menciona su nombre. Acompañó a Jesús en los momentos cruciales: lavó sus heridas, lo siguió en peregrinación, estuvo cuando lo crucificaron, ayudó a bajarlo de la cruz ya muerto, le dio sepultura y fue a quien Jesús resucitado se le reveló. Margarite Yourcenar le hace hablar en primera persona sobre todo lo que Dios le arrebató, José Saramago la trae en El Evangelio según Jesucristo, como compañera elegida y amada, fiel al amor y a la renuncia. Las leyendas le dan larga vida cultivando la palabra de Jesús después de ser perseguida, por lo que tuvo que huir de Palestina. Acogida y venerada en Francia, se dice que llegó a sus costas en una barca sin velas ni timón. “Barca sin Velas ni Timón” es una imagen que me sobrecoge y se instala en mi imaginario desde que leo esas palabras. Dicen que su cuerpo fue separado de su cabeza y su cabeza fue guardada en un sarcófago, escondido y protegido por los fieles que la adoraban. La cabeza separada del cuerpo es otra imagen que guardo para mí porque quiero que aparezca en el espectáculo. Las historias más audaces hablan de su hija Sara, pero nosotras preferimos atenernos a la lógica de la renuncia para verla sin hijos, dedicada por entero al cuidado de su fe, es decir, de su amor.

La imagen de María Magdalena me produce ese vértigo que puedo reconocer cuando las cosas me importan a un nivel no solo racional y pragmático; la actriz también sonríe y por primera vez se siente entusiasmada.Escoger a la mujer María Magdalena es chocar primero con una imagen general que activa en cada una de nosotras un cúmulo preciso de asociaciones. Lo que siguió fue confirmar esas informaciones y ahondar en el estudio de todo lo que podía completar esa imagen ahora vaga, pero también precisa. Leímos mucho sobre la historia de Palestina y sus costumbres, recibimos conferencias del padre de la Iglesia en Santa Clara y de profesores de historia política, vimos muchos filmes sobre la vida de Jesús ―artísticos y comerciales―, leímos mucha literatura, vimos muchas pinturas y recolectamos música, tratados de vestuario, el mundo objetual de la época, los cantos religiosos, el trato a las mujeres…

Una cosa nos llevaba a la otra. Si su pueblo natal estaba en Galilea, si Palestina fue la zona donde vivió, no podíamos sentarnos de espaldas a la tragedia actual de esa parte del mundo: Gaza y Palestina se nos mostraron en el horror de la guerra a través de las noticias, las fotos y los videos. Leímos algunos artículos sobre la vida de las mujeres  en tiempo de Jesús, y revisamos fotos y videos espeluznantes sobre el maltrato de mujeres palestinas, y los horrores de la guerra en esa zona del mundo.


Foto: Tomada de Internet
 

Los Evangelios Apócrifos fueron otro descubrimiento; no supe hasta ese momento que uno de esos Evangelios prohibidos era el de María Magdalena, del que se conservan algunos pocos fragmentos y dan una visión completamente distinta y sorprendente de este personaje invisible.

Escoger a la mujer María Magdalena es chocar primero con una imagen general que activa en cada una de nosotras un cúmulo preciso de asociaciones.Toda esa vorágine de querer saber y llenar un poco los vacíos de una fotografía misteriosa, puede nombrarse fiebre del descubrimiento. Contrario a lo que pueda parecer, este modo de proceder no sigue un mapa bien dibujado, no persigue una ruta bien definida, es la primera tentativa de tocar con la mano algo preciso, el gesto desesperado de asir algunos signos que permitan orientarse en medio del caos. Eso es lo que solemos llamar “proceso”; proceso es contrario a definición, proceso se asocia a lo desconocido y a lo imprevisible, y es el proceso lo que va dictando hacia dónde y cómo seguir. De modo que en medio de esta “fiebre del saber, de esta fiebre del completamiento”, el proceso mismo es quién decide qué puertas hay que abrir ahora.

Suelo trabajar acumulando estímulos sin clasificar. Estímulos de toda índole: conceptuales, literarios, musicales, noticiosos, de comportamiento, recortes de frases, imágenes que me impactan, un traje, un color, una textura, una forma, un recuerdo que me conmueve, la sensación de olores, el ruido de un objeto, la belleza de otro, el consejo de un sabio, el niño que se aferra. Es un proceso abierto e infinito donde no hay pudor ni censura. Todo sirve para ir creando el subsuelo donde algún día esta casa tendrá paredes; hoy no me importa cuán lejos o cerca me lleve el nivel de especulación que nace a partir de ese nombre sencillo: María Magdalena.

Sé como directora que tengo la responsabilidad de orientar a la actriz, brindarle estímulos concretos que la ayuden a construir su imaginario, sonsacar de su universo personal todo lo que pueda convertirse en materia de especulación escénica. En este primer momento las dos vamos a oscuras  de la mano, pero yo tengo que adelantarme un poco inventando recovecos que registrar para que el subsuelo se replete de todo tipo de ingredientes hasta hacerlo desbordar. Materia sin clasificar, acumulación de fermentos, resguardo de fósiles, llenar el vacío y pararse en seco encima, y no delante de todo eso.

Todo sirve para ir creando el subsuelo donde algún día esta casa tendrá paredes; hoy no me importa cuán lejos o cerca me lleve el nivel de especulación que nace a partir de ese nombre sencillo: María Magdalena.Cuando percibo que hemos desenterrado lo necesario detengo el camino abruptamente. Ya no necesitamos, no quiero saber más; hemos incorporado lo suficiente para cuestionar aquella primera imagen general del personaje que nos atrae, y al mismo tiempo, esas preguntas que surgen del proceso de estudio, toda la información que incorporamos, todo el asombro por las dudas que sobrevienen, todo lo que ahora sabemos y llena/completa la imagen primordial, tiene que ser callado en una operación metodológica.

Encima de todo lo que sabemos tenemos que definir algunas cuestiones generales de interés:

De mi diario de trabajo: “No tiene sentido hacer un espectáculo para contar la historia que ya todos conocen, lo interesante es “descubrir” algo oculto, o alumbrar un trozo no mirado con mucha luz, o inventar otra historia para el mismo personaje. Yo digo: la iglesia borra, la historia borra, el hombre borra lo que no quiere que se recuerde o se conozca. Hay muchos olvidos en la historia de la humanidad. Hay muchos vacíos y muchos silencios…Es más cómodo no saber.

¿Cómo seguir? ¿Qué quiero con este personaje y con esta historia? Creo que me atrae mucho de ella que no es un personaje amado, que el amor le llegó tarde y a sorbos, que no tuvo hijos y se mantuvo allí creando la ilusión del amor para otros. Fue “necesaria” pero nadie hizo sacrificio alguno por ella, tampoco ostentó el dolor, se quedó en silencio y murió aislada, sola, cultivando su fe. Ella es una imagen de resistencia y quiero que diga: Yo no quiero perdón, no lo necesito”.

Vaciar la imagen es una operación intelectual que obliga a no reproducir verdades obvias, que contradice esa visión reduccionista que dice cómo es un personaje antes de someterlo al proceso de destrucción escénica.De la imagen general y cálida, a otra imagen cargada de información que se hincha y cobra un cúmulo de nuevas significaciones. Ahora es el momento de olvidar lo que se sabe. Es un olvido metodológico, porque todo permanece como aliento de subsuelo que hará mover los pies por caminos insospechados. Sabemos para no saber. Hay que vaciar la imagen para volver a ella con otros ojos, ahora desde la dimensión de la escena que develará otras preguntas y otros gestos escondidos. Vaciar la imagen es una operación intelectual que obliga a no reproducir verdades obvias, que contradice esa visión reduccionista que dice cómo es un personaje antes de someterlo al proceso de destrucción escénica: Hamlet es la duda, Otelo el  negro celoso, el travesti osado, el revolucionario esquemático, el político manipulador y el joven rebelde. Falacias, esquemas transitorios que garantizan un acuerdo tácito, entendimiento facilista y empobrecedor de las complejidades de un contexto en movimiento.

Con todo y sin nada nos vamos a la sala de teatro para iniciar otro proceso de descubrimiento febril de María Magdalena. Sabemos que no sabemos quién será en nuestra obra, pero sabemos lo que no será: no será la imagen pacata ni diabólica que la historia nos lega, no será la humilde amante de Jesús, y tampoco la que se arrepiente de sus pecados para ser aceptada.

Vaciar la imagen nos llena de entusiasmo para descubrir a través de las improvisaciones quién es esta mujer velada que tanto nos seduce.

II. Acciones como preguntas
No tengo una anécdota. Tampoco quiero que mi espectáculo sea solo aquellos sucesos bíblicos de la vida de María Magdalena. Las primeras preguntas se convierten en indicación de acción para la actriz: ¿Quién es esta mujer? ¿De dónde viene su empuje y cómo hablo con ella? ¿Dónde habita dentro de mí y cuál es su edad que sirve de amparo a Jesús?  ¿Para quién guarda su amor? ¿Qué palabra la identifica, qué moviliza su ira, contra qué arremete? ¿Por qué no le gusta el mundo? ¿Para quién peina sus trenzas?


Imagen de la obra Apócrifas o Todas son María, de Roxana Pineda, por Teatro La Rosa.
Foto: Tomada del periódico Vanguardia.
 

De esta forma, los temas que invento para la actriz parten de la sensación de no saber, de la necesidad de ir descubriendo en términos intelectuales y materiales al personaje que ahora es una nebulosa. Cada tema de improvisación es como un enigma que la actriz debe enfrentar. Yo improviso creando preguntas que llevan en sí mismas una carga de sensaciones y texturas, colores, imágenes en movimiento, resonancias ambiguas, todo lo creo a través del uso cuidadoso de las palabras; pero mis palabras preguntas se convierten en acciones y obligan a ir dibujando un sujeto con una identidad. Nada se fija de antemano; lo que aparece, es resultado de y no previa deducción

Temas para la actriz:

1- Yo estoy aquí para que los hombres sepan que están lejos del amor, y que una mujer puede con el peso de la esperanza muerta. Con las botas de mi padre yo también soy hombre.

2- Ella acuna el dolor. Es maestra en eso de ocultar soledades y no puede comprender por qué el amor se aleja cuando los hombres hablan de Dios. Ha olvidado su edad, su nombre y su casa, y teme que la amargura endurezca todo ese amor trabado en su garganta. Ha pensado muchos nombres para los hijos que nunca tuvo, y en sus ojos están las imágenes de los niños que la guerra asesinó. Es viuda sin tener esposo, es madre sin parir, el mar se empoza en sus ojos pero ella retiene el dolor, se lo amarra en los pies esperando encontrar el cuerpo resucitado del señor. ¿De Jesús? Toca la cruz para sentirse fuerte porque no siempre encuentra recursos para enfrentar la vulgaridad y la desolación.

Como directora, improviso dejándome seducir también por la imagen primitiva del personaje, aquella cuya primera impresión me hizo elegirla. Sobre ese estímulo, dejo escapar mi imaginario y reacciono como si esa imagen me preguntara a mí.Como directora, improviso dejándome seducir también por la imagen primitiva del personaje, aquella cuya primera impresión me hizo elegirla. Sobre ese estímulo, dejo escapar mi imaginario y reacciono como si esa imagen me preguntara a mí. Mis palabras/ preguntas/ acciones son mi forma de reaccionar ante María Magdalena como sustancia. Yo improviso creando esas palabras enigmáticas y la actriz tiene que responder creando formas materiales sobre la escena. Es un diálogo de reacciones y de inventiva que a lo largo de varios meses nos permite acumular un complejo, sugestivo y contradictorio cúmulo de materiales. Todo ese cuerpo es, todavía, un acercamiento, un proceso que desesperadamente intenta hacer surgir, intenta hacer nacer a nuestro personaje mujer.

De mis palabras-preguntas vienen las respuestas de la actriz. Todo en acciones. Todo en materiales escénicos. De esas respuestas, y en una discusión sobre el carácter y las cualidades de las propuestas, descubrimos algunos temas, seleccionamos rasgos, objetos, diseños espaciales, un tono de voz para esta palabra, un vestuario, el color de una tela, el carácter aquí y allá, etc. Todo es nuevo cada vez. Eso tiene de imprevisible el proceso, es él quién decide e impone, es el proceso quién va sacando a la luz lo particular de cada lenguaje, de cada cosa que entra en el juego de la representación.

Mi lectura de las respuestas de la actriz van creando otro cuerpo narrativo, van otorgándole densidad a lo que antes parecía el vacío. Y así, paso a paso, con más de 30 improvisaciones, intentamos leer todo el material para encontrar en él la coherencia que me permita ordenar una propuesta de lectura sobre nuestro personaje.

Es decisivo para mí este carácter de enigma del proceso. Es enigmática la forma que adquieren mis indicaciones de acción, es la primera forma de improvisar el tema general que supone María Magdalena. Mis temas hurgan desde mi sensibilidad y mi universo intelectual en ese cuerpo oscuro y provocador que es María Magdalena para mí. No sigo, en principio, una lógica prevista de antemano: sigo mi instinto, persigo lo que yo misma quiero saber, lo que yo misma me pregunto, y así voy inventando qué es lo que quiero preguntar.

Del resultado de las improvisaciones, del choque entre mi visión encarnada en palabras y la visión de la actriz encarnada en material escénico, vamos “leyendo” la información que nos sorprende, y eligiendo un posible tejido de sucesos, acciones, comportamiento, propuesta de lectura de algunos temas, los colores del espacio, y sobre todo lo que aparece como sorpresivo, aquello que de forma más obvia nos sorprende porque aparece por primera vez como resultado de este proceso de choque/encuentro/diálogo entre mis palabras/acciones y las respuestas escénicas de la actriz. Otra vez se trata de un proceso real, y otra vez el proceso es quien va escribiendo sobre la escena el cuerpo del personaje y del contexto donde va a representarse su modo particular de ser y existir.

Todo el universo objetual, sonoro, la visualidad y las texturas, el contexto espacio-temporal del espectáculo, ha nacido del choque entre aquella imagen primera y la investigación en escena para encontrar cómo representar esa imagen.III. Prohibiciones que empujan
He impuesto algunas reglas que solo pueden ser violentadas en caso extremo. Quiero que el espectáculo tenga una fuerte carga performativa. Trato de establecer algunas premisas artístico/artesanales que nos obliguen a investigar la naturaleza de esa hipótesis en función del personaje y su amplio espectro de expresión. Lo performático y lo instalativo me interesan como lenguaje y quiero imponer esa forma de componer, como bozal que nos abre un mundo menos conocido y nos impide pensar el teatro solo como consecuencia de lo narrativo o literal. Romper la literalidad, que los espacios hablen. Que cuando el público entre, mire y vea, ya el ordenamiento del espacio, su forma y su “belleza” particular, tenga un valor per se. Quiero probar un espacio donde la relación actor/público, espectáculo/público tenga que ver con el tema general de la obra, quiero romper un poco la disposición habitual del público que observa.

“Hay que huir del piso”, he dicho a la actriz.

No quiero que la actriz cante en este espectáculo; pero sí que lo musical acompañe nuestra forma de tejer las escenas.

No vamos a contar la historia bíblica. Quiero que nuestra María tenga los pies también en los horrores de Gaza, y quiero que sea también una mujer de nuestros días.

Quiero jugar con lo privado y lo público. No quiero que la obra sea un lamento ni un tratado de confesiones íntimas, lo íntimo no es interesante para nadie si no está conectado con el ephos de nuestro tiempo.

No voy a definir una estructura previa para el montaje, quiero descubrirla en el proceso de acercamiento al tema. Y quiero ver cuántas Marías hay en María Magdalena.

IV. Una estructura asoma
Al poner un lente ancho sobre lo que quiero priorizar en términos de lenguaje, la actriz comienza a querer transitar por ese túnel. Hemos pedido colaboración a una artista plástica que trabaja mucho con texturas y a la que el teatro le resulta muy atractivo. También la actriz se auxilia de un grupo de pintores para realizar con sus manos algunos de los objetos que me propone.

Entonces aparece insistentemente en las propuestas una visualidad instalativa que me seduce y que voy reforzando para el futuro del espectáculo. De esa etapa vienen los caminos de polvo amarillo y negro, la sangre que caía en su cara, los pasos en polvo blanco y su cara blanca, las flores de papel cubriendo el lecho nupcial, el altar del niño muerto, la máscara de gas, los zapatos y el saco de hombre, la piedra grande, un sarcófago para guardar reliquias, hojas, papeles con dibujos de niños, cortinas que separan el espacio y lo dividen; entre muchas propuestas que fueron alimentando una manera de percibir el entorno físico de la obra, una forma de crear forma visual, contentiva también del tema o los temas que queremos alumbrar.

Desde las primeras improvisaciones noto que al analizarlas como materia artesanal y conceptual les pongo nombre. Y esa manera de nombrarlas nace de la propia naturaleza de la improvisación. Es un hallazgo; del debate entre mis temas y las improvisaciones nace otra visión que, al ser nombrada por mí invita, a una nueva lectura de lo que ya hemos construido. De manera que mientras íbamos creando el material, así fui nombrando lo que definí para mí  como escenas.

1- Fijar una ausencia
2- La buena esposa
3- Conversación con Dios
4. La mesa está servida
5- El niño muerto
6- La puta virgen
7- La danza de la burka
8- El paseo de las piedras
9- La danza del vientre seco
10- La mujer hombre
11- Lo primero es lo primero, entre otras.

Cuando lo creí necesario pedí a la actriz que organizara todo el material acumulado como si fuese una obra, y encontrara la forma de enlazar cada escena nombrada por mí. De ese material conclusivo nació una hipótesis de estructura que definí descentrada, de retazos, mosaicos divergentes hilvanados por la presencia del personaje que ahora aparecía con muchas caras. Cada tramo de obra recobraba una tendencia a ser bien diferente, y en esas diferencias el personaje iba definiendo su anchura de comportamiento y, también, su presencia histórica, su carácter mítico.

María Magdalena va develándose en cada cuadro con una identidad sorpresiva y diversa, y el personaje histórico/real funciona como referencia para poder leer a estos otros que ahora se desencadenan sin perder el contacto con aquel. Todo el universo objetual, sonoro, la visualidad y las texturas, el contexto espacio-temporal del espectáculo, ha nacido del choque entre aquella imagen primera y la investigación en escena para encontrar cómo representar esa imagen. Las diversas representaciones adquieren sentido cuando chocan con la imagen primera y la hacen producir esporas, visiones múltiples que en formas y lenguajes también múltiples crean una complejidad más honda de nuestra María.

Nuestra María es una y es muchas. El título del espectáculo lo dice, pero en una frase contradictoria, Apócrifas o Todas son María, abriendo irónicamente un cuestionamiento sobre la dimensión de este personaje mujer.

No será posible trasladar aquí toda la naturaleza del proceso que nos condujo a descubrir cómo estructurar el montaje, y cómo de ese mismo proceso nació también la naturaleza del personaje que es hoy María de Magdala en nuestro espectáculo. No quiero dejar de nombrar cómo desde los primeros momentos descubrí que el oxímoron, como figura poética, aparecía tanto en los enunciados que yo entregaba, como en las representaciones que la actriz iba componiendo y recomponiendo con mi colaboración. Cuando lo percibí, establecí que el oxímoron podía ser un instrumento esencial para abordar el trabajo dramatúrgico que estábamos encarando, y así fue a lo largo de todo el proceso compositivo; y también en el carácter meticuloso que impuse para la interpretación de la actriz.

Los Tajos es otro elemento nacido del proceso: fueron paréntesis, llamados de atención, trozos que yo colocaba entre escenas ya definidas y que tenían la función dramatúrgica de reforzar lo narrativo o de hacer un enlace con el mundo histórico original del personaje. Un Tajo casi siempre tenía una función orientadora dentro de esa estructura abierta y con una lógica no causal.

Nuestra María es una y es muchas. El título del espectáculo lo dice, pero en una frase contradictoria, Apócrifas o Todas son María, abriendo irónicamente un cuestionamiento sobre la dimensión de este personaje mujer.


Roxana Pineda y Eylen de León, en Apócrifas o Todas son María de Roxana Pineda, por Teatro La Rosa. 
Foto: Tomada del periódico Vanguardia
 

V. De la imagen a la representación
Desde los comienzos del trabajo “lo oculto”, “lo velado”, lo que se esconde para que no sea visto, emergía una y otra vez como tema. La propia imagen de María Magdalena está atravesada por ese carácter de zona vedada. Los Evangelios Apócrifos, la presencia de la mujer en la vida cristiana, los misterios que acompañan  la historia oficial de la iglesia: todo aparecía envuelto en un velo que deja y no deja ver al mismo tiempo. La verdad hay que definirla con respecto a las representaciones diversas de un único personaje: María de Magdala. De aquí nace la idea de los velos para construir el espacio de representación. Los velos blancos dividen el espacio, crean espacios dentro de otros, pero al mismo tiempo son transparentes, se puede ver a través de ellos, aunque la visión es tenue y es turbia. Todas las representaciones del tema y del personaje juegan con esta visión de transparencia velada.

En ese espacio instalativo donde el árbol es cruz, lleno de ocres y vida seca (hojas, hierba, piedras), se nos aparecen las representaciones contradictorias de esta mujer que por sus palabras y gestos a veces nos recuerda la imagen que la iconografía ha pintado de María Magdalena. Pero a veces se aleja de esas imágenes y se hunde tanto en el cuerpo de otras femineidades, que hay que hacer un alto para preguntarse quién habita en este cuerpo de mujer que dice llamarse María Magdalena.


Eylen de León, en Apócrifas o Todas son María de Roxana Pineda, por Teatro La Rosa. 
Foto: Tomada del periódico Vanguardia
 

Hemos partido de una imagen general con toda su carga de referencias históricas y personales para construir paso a paso una serie de representaciones arquetípicas que, sin perder el aliento de aquella primera visión, se separan de ella para encontrar en otras identidades el eco de un personaje que ahora tiene muchas voces, muchas rabias que tramitar, otras formas de relacionarse con este mundo de mentiras, y muchos lenguajes para seguir afirmando su derecho a existir. Por eso decimos que Todas son María, porque María de Magdala representa un arquetipo de lo femenino puesto en duda por la historia, un arquetipo donde muchas preguntas esenciales sobre el amor, la capacidad de amar y la renuncia, la fidelidad, el compromiso y la osadía para defender al otro, tuvieron con ella respuestas contundentes que el mundo quiso silenciar; digo el mundo y digo mal, porque debería decir que el poder quiso silenciar.

La imagen de una María arrepentida y sumisa ha sido revertida por la representación de la dignidad de ser, del sacrificio y el entendimiento de este. Las diversas representaciones de María, aun cuando hablan del dolor y los vacíos, aun cuando hacen pensar en los gritos callados o la alegría muda, también hacen posible pensar en una reivindicación del lugar que ella ocupara y ocupa como mujer en la historia, en aquella y en esta de cada día donde tantas como ella intentamos tramitar un diálogo en zona franca. Le hemos dado el derecho a la palabra, y hemos traído también las palabras que dijo y que en algún recodo de la historia alguien decidió silenciar.

Me gusta que no ostente su dolor ni trafique con su pena. No lo hizo como fiel de Jesús y tampoco lo hace ahora como puta o ama de casa o mujer que desea y piensa.

Es aún un espectáculo muy joven; pero percibo que no es un cuerpo cerrado, sino un organismo que se moviliza y habla sin que uno pueda alcanzar, con una simple ojeada, todo lo que él desde su modo de representar puede decir.

Es también una obsesión. La obsesión de trabajar con la espiritualidad de nuestro tiempo tratando de registrar los sensores de una espiritualidad para mí dañada. La obsesión de encontrar resortes que desde el alma puedan movilizar lo artístico; el lenguaje de la composición, de las texturas, de las palabras y las melodías; todo ese entramado que sobrevive porque hay un latido que lo hace cobrar vida y hablar en una dimensión que no es exactamente la de la objetividad de esos lenguajes. Si pudiera dársele forma al espíritu, ese sería el logro más atrevido de un espectáculo. Apócrifas o Todas son María no quiso hablar en tono mayor, quiso hablar de seres humanos extraordinarios y decisivos de nuestra historia en el sentido de lo pequeño, para tratar de entender el carácter del sacrificio humano verdadero, para tratar de mirarlos en su deambular por esta tierra de hombres sometidos a los mismos miedos, injurias, alegrías y miserias…pero ellos siguieron creyendo que lo que hacían era una obligación de ser, y la vida no tenía sentido fuera de ese camino que los llevaría al lado más oscuro.

La representación es solo una estrategia para querer entender el mundo. Una propuesta de lectura de vida en un tiempo donde leer se ha vuelto cosa de locos. Otra obsesión; la de creer, a contrapelo de toda racionalidad funcional, que una imagen puede llenar el vacío y un personaje puede salvarnos de morir creando una ilusión de vida, tan intensa y conmovedora, que la vida real palidece ante ella.