Brisas del Yayabo

El río Yayabo, el majestuoso puente que lo corona a su paso por la ciudad de Sancti Spíritus y la guayabera, antes yayabera, constituyen tres de los más preciados símbolos de la ciudad de Sancti Spíritus, una de las primeras siete villas fundadas en Cuba, cuyos 500 años de haberse constituido fueron celebrados recientemente. Calles empedradas y casas coloniales columbran la belleza de una ciudad hecha a la medida del andar lento y reposado, como buscando algo que no sabemos qué es y que quizás se esconda tras las grandes puertas y las ventanas enrejadas de las hermosas viviendas que atesoran ricos y variados ornamentos de épocas pasadas.

Asistió el buen deseo a un grupo de espirituanos cuando se decidieron a fundar una revista que, precisamente, llevó por nombre Brisas del Yayabo. Quizás en alguna de esas viviendas de pasados siglos se guarden aún algunos ejemplares de esta publicación, surgida en 1911 como “Revista literaria e ilustrada / Consagrada a la ciudad de Sancti Spíritus″, propiedad de F. de Armas y Rodolfo Ponce de León, dirigida por Ramón Rivera Gollury, conocido periodista que siempre utilizó el seudónimo Roger de Lauria, quien fungió también como su director literario.

A mediados de julio, poco después de su aparición, valoraron en un artículo titulado “Laborando″ el trabajo realizado hasta entonces: 

Con fe en nuestro porvenir, con halagüeñas esperanzas que hiciéramos concebir amigos que nos animaron y sostuvieron en nuestros propósitos, abordamos la obra de dotar a los espirituanos todos residentes en La Habana, de un exponente de su cultura, de una revista, en cuyas páginas palpitase el sentir del solar nativo, del que los azares de la vida nos alejaron, y cumplidamente creemos que vamos dando cometido a nuestros propósitos. 

El asentamiento de Roger de Lauria en La Habana, donde desempeñó una activa labor en varios periódicos de alcance nacional, llevó a la dirección de la revista a nombres menos conocidos, pero que continuaron dándole el sello que la caracterizó, que no fue otro que exponer, en su amplia gama, la vida literaria y cultural no solo espirituana, sino de toda la isla. Guiados por este propósito, publicaron poesías, cuentos, crítica literaria, crónica social y otros asuntos de interés general, así como pequeñas biografías de figuras destacadas de la ciudad.

Fue, sin dudas, el mencionado De Lauria, gracias a sus contactos con figuras relevantes de la vida intelectual cubana, quien llevó a las páginas de Brisas del Yayabo firmas muy destacadas de escritores habaneros o radicados en la capital, e incluso algunos extranjeros, como el dominicano Max Henríquez Ureña, ligado a la vida cultural cubana, al igual que su hermano Pedro, desde comienzos del siglo, como también haría, poco después, su hermana Camila. Max aportó a la revista trabajos relacionados con la educación y sus métodos para llevar adelante un estudio sistemático de la literatura, tema muy vinculado a su gestión como director, por entonces,  de la Escuela Normal de Maestros de Santiago de Cuba. También figuraron colaboraciones de Néstor Carbonell, Sergio Cuevas Zequeira, con temas dedicados al entonces limitado movimiento teatral cubano; Luis Alejandro Baralt, José de la Luz León, Enrique Gay Calbó, Pedro Alejandro López y Miguel Galliano Cancio. Algunos de ellos apenas tenían obra publicada, pero sí apuntaban a ser figuras destacadas, como, en efecto, lo fueron, ya en la historia, en la filosofía, en la enseñanza o en la docencia.

Así, el espirituano Galliano Cancio, radicado en Manzanillo desde niño, donde se vinculó al importante Grupo Literario de esa ciudad y a su revista Orto, mantuvo una estrecha vinculación con Brisas del Yayabo, donde publicó varios poemas que más tarde integrarían su primer poemario, Del rosal de mis sueños (1913), y que le valieron su inclusión, poco después, en la reconocida antología La poesía moderna en Cuba (1882-1925), preparada por Félix Lizaso y José Antonio Fernández de Castro. Fue en Brisas del Yayabo donde Galliano Cancio dio a conocer, de su citado libro, aún sin aparecer, el poema “Nada como el consuelo″, expresión melancólica de un hombre que cultivó en su poesía los temas domésticos como la paz hogareña, el fervor conyugal y los sueños junto al hijo amado. Leamos:

Nada como el consuelo
De ser bueno y ser franco
Para ver, a lo lejos, más azul nuestro cielo
Y el sendero más blanco.
Los años que han pasado
Lanzan nuestros recuerdos al soplo del olvido…
Poeta, sé rebelde y deja reflejado
En tus versos lo mucho que has soñado y sufrido.

De Enrique Gay Calbó publicaron notas sobre libros, y de José de la Luz León, ensayos de carácter filosófico; mientras que Baralt entregó, al igual que Cuevas Zequeira, trabajos sobre teatro.

Al parecer, Brisas del Yayabo desapareció hacia finales de 1914, luego de varias etapas sin aflorar debido a problemas económicos. No obstante esta circunstancia, la revista tuvo especial significación en la vida cultural espirituana en años no precisamente gloriosos para la literatura insular, aunque ya se experimentaba la renovación que, al menos en poesía, ocurriría poco después gracias a los esfuerzos de dos orientales cultivadores y amantes de la buena literatura: José Manuel Poveda y Regino E. Boti.