Boletos para un Gran Teatro
A la memoria de Alberto Acosta-Pérez
 

Me contó una taquillera, y yo le creo, que hubo fanáticos del ballet que  nunca vieron una función de este arte mientras por trabajos de reconstrucción  estuvo cerrado el Gran Teatro de La Habana (GTH), ahora excepcionalmente renombrado Alicia Alonso. Y todos sabemos que el Ballet Nacional de Cuba no dejó de presentarse y mantuvo su programación en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba durante estos  años de intensa restauración que vivió el monumental edifico del antiguo Centro Gallego, recinto de la emblemática institución cultural de Prado  entre San Rafael y San José.


Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Foto del autor
 

Apenas abrió sus puertas y  se volvieron  a encender las luces de su ilustre  sala  para  el regreso de la emblemática compañía a su habitual y preferencial escenario,  la venta y hasta la reventa de entradas (a pesar del alza del precio de los boletos) devino nuevamente un suceso de notoriedad pública, tan comentado ya como las propias Galas y la temporada de Giselle que marcaron la reactivación de su legendaria escena.

Fieles espectadores, algunos tal vez ya ancianos amigos del ballet y del GTH,   veneran hoy mismo volver a entrar a este emblemático lugar, centro  principal de los grandes acontecimientos del  arte danzario y lírico en este paísFieles espectadores, algunos tal vez ya ancianos amigos del ballet y del GTH,   veneran hoy mismo volver a entrar a este emblemático lugar (pronto comenzará un sistema de visitas guiadas tanto para turistas extranjeros como para el público nacional), centro  principal de los grandes acontecimientos del  arte danzario y lírico en este país, y de no pocos inolvidables presentaciones de otras artes también —hasta la ciencia y la política le han dado destellos de notoriedad a su extraordinaria  historia que ahora se exhibe a los visitantes en una moderna Sala Monográfica que sustituye a la antigua galería Imago.  

Sentarse en una de sus rojas butacas  a disfrutar de una función cualquiera, es una  quimera preciada por esos eternos seguidores que poco a poco la volverán a vivir  con mucho más confort a partir de esta reapertura, aunque con ciertos menos asistentes acompañándolos.

 


El Lago de los Cisnes, obra emblemática del repertorio del Ballet Nacional de Cuba 
Foto: Nancy Reyes
 

Con ellos regresan el apasionado  aplaudir a Alicia cuando se asoma a saludarlos al  primer balcón y esos bravos que no suenan igual en ningún otro teatro cubano,  a lo cual ayudará la muy mejorada acústica y sonorización del lugar (Sadaise Arencibia, Estheysis Menéndez y Gretell Morejón ya vivieron la nueva experiencia de aclamaciones y vítores por sus personajes de Giselle, Swanilda y Odette durante la función del pasado 3 de enero).

Igual favorece a lo vivaz del nuevo sistema de sonido en su interior el aislamiento logrado de los ruidos callejeros del boulevard de San Rafael y la no existencia en sus bajos de los alborotos del antiguo Cabaret Nacional, sustituido por un club para el cante y el baile flamenco y otras manifestaciones musicales afines y de pequeño formato.


Orquesta del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso
Foto: Cortesía de su director Giovanni Duarte 
 

La Orquesta del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso tiene ahora un  ambiente de trabajo más placentero porque cuenta además con un salón de ensayo y grabaciones, y un foso de ejecuciones más espacioso, lo que esperamos devenga en un perfeccionar de sus interpretaciones a las grandes partituras.

Innegable resulta que la principal sala, la García Lorca, continuadora del  fundacional Teatro Tacón, es una especie de santuario cultural. Allí se adoran entre mármoles y maderas desde los grandes artistas hasta esa lámpara que cuelga de su techo (la actual se dice está confeccionada con cristales de bohemia y le debe gracias a una colaboración de  Oficina del Historiador de la Ciudad). Actuar sobre las tablas tantísimas veces renovadas de ese centenario escenario acerca a la gloria, y no voy a hacer  (por ser tantos en el tiempo) una obligada lista incompleta e injusta de nombres que lo han canonizado. Sentir sus luces sobre el cuerpo merece más que respeto, por eso tal vez los más puristas nunca quisieron admirar a sus estrellas en otros posibles firmamentos y los esperaron en el mejor relucir de su paraíso de Prado.


Lobby del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso
Foto: Cortesía del autor
 

Ya se anuncia que la próxima temporada del Gran Teatro estará a cargo  de Danza Contemporánea de Cuba, retomando el espacio para sus habituales estrenos de comienzo de año.  Otros aires se sentirán en el amplio ambiente y la majestuosidad del recuperado lobby, y otros necesarios criterios de continuidad y renovación artística se murmurarán dentro de esa monumentalidad histórica, provocados  por un hacer creativo  más inconforme con las tradiciones anquilosadas.

En ese camino de ineludibles confrontaciones entre la alta cultura clásica y la renovadora cultura moderna y post-industrial un buen papel le corresponde a la encomiable galería Orígenes, del Fondo Cubano de Bienes Culturales, emplazada ahora donde años atrás tuvo sus salones de clase la Escuela Nacional de Ballet (antes de tener su gran sede actual). Orígenes se estrenó en su lujo con una colección de Premios Nacionales  de Artes Plásticas, y bajo el título de Plus se exhiben obras de Raúl Martínez, Eduardo Ponjuan y Lázaro Saavedra junto a Mendive, Fabelo, Corrales y Pedro de Oraá.


Galería Orígenes
 

Otro tanto podrá aportar a esa confrontación evolutiva la actual Sala Carpentier, un inmenso salón que permite apreciar ensoñadoramente la recuperada grandeza interior arquitectónica, años atrás demasiado intervenida por las estructuras empotradas de salones y salas que evidentemente estropeaban en notable medida el esplendor original,  pero a la par que dotaban de otra viveza cultural  esa otra área del Gran Teatro.

Ante la ausencia hoy del frescor de aquellos inquietos estudiantes de ballet, el taconear del Ballet Español de Cuba y los experimentos teatrales de la sala Antonin Artaud, habrá que pensar en esas otras y nuevas maneras del arte que sean capaces de convivir desde sus volátiles sinergias  con ese  espacio libre que se ofrece bajo el espíritu carpenteriano. Hay aquí un lugar tan asombrosamente estilizado como inquietante que parece estar llamado  a magnos acontecimientos creativos y socioculturales que impidan el entumecimiento de la institución  y un devenir solamente museográfico de sus territorios.    

Otros espacios se anuncian para este renovado Gran Teatro; en su esquina de Prado y San José donde antaño le estuvo insertada una oficina de correo ahora se emplaza el atrayente café restaurante Intermezzo, así la culinaria bajo la gerencia de ARTEX también probará tener su fama como arte en los predios de un lugar de grandes éxitos, un emporio para la cultura tan grandemente admirado que todo lo que allí ocurre se confronta con su magistral magnitud.