Boleto para leer en libertad

Imaginen el metro en el Distrito Federal mexicano: una colosal criatura que engulle y devuelve a casi 800 mil personas cada día. Personas que van y vienen a todas horas, signadas por la impaciencia o la prisa. Una especie de ciudad itinerante bajo la ciudad.

Imaginen a un muchacho que baja y, en medio de la espera, repara en un detalle para otros insignificante: hay, a pocos metros, algunos estantes repletos de libros que, no sin cierta timidez, son tomados por las personas que esperan el tren junto a él.

foto de Paloma Sáiz
Paloma Sáiz. Foto: Sonia Almaguer


“¿Qué tengo que hacer para tomar un libro?”, imaginemos que pregunta el muchacho. Y alguien que le responde: “Nada, tomar el libro”. “¿Y qué tengo que dejar a cambio?”, insistirá. “Nada”, será la respuesta nuevamente, “lo único que le pedimos es que lo devuelva cuando se baje”. Extremadamente sorprendido, el mismo muchacho preguntará entonces quién es el responsable de semejante locura, a lo que el organizador señalará a una señora no lejos de allí.

Imaginemos que el muchacho camina hacia ella —quizás ya con un libro en las manos— y le hace la misma pregunta: “¿Es usted la responsable de esta locura?”. “Me parece que sí”, dirá Paloma Sáiz, quien dirige en ese momento el programa Para leer de boleto en el metro. “Pues le voy a dar un abrazo”, resuelve el muchacho, “porque hacía mucho tiempo que nadie confiaba en mí”.

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“Entonces te das cuenta de que no son solo programas de fomento a la lectura; son programas donde le estás dando a la gente la confianza, la solidaridad… Y a veces nos sentimos un poco culpables porque decimos: no estamos haciendo tanto para todo lo que nos lo agradecen”, cuenta desde La Habana Paloma Sáiz, fundadora de la Brigada Para leer en libertad, que viera la luz en Ciudad de México (DF) hace ya unos siete años.

Luego de desarrollar varios programas de fomento a la lectura desde la Secretaría de Cultura, además de la Feria del Libro del Zócalo, y de confrontar problemas políticos con las autoridades, Paloma Sáiz, su esposo el escritor Paco Ignacio Taibo II y otros doce compañeros, decidieron fundar una asociación civil que llevara por nombre Para leer en libertad.

No fue nada fácil. Sin apoyo por parte del Estado, sin presupuesto o un lugar donde operar, el proyecto estaba expuesto al fracaso.

“Pero llevábamos mucho tiempo trabajando en esos temas y habíamos logrado que la gente nos viera con seriedad. Entonces empezamos a tocar puertas del resto del gobierno del DF diciéndoles que queríamos fomentar la lectura, que teníamos programas, ferias del libro, y nos fueron abriendo las puertas. Fue muy particular, porque resultaba que podíamos trabajar con todo el gobierno, excepto con la Secretaría de Cultura. En estos momentos somos 16 quienes llevamos adelante el proyecto”, explica.

foto de  Elena Poniatowska y Paco Ignacio Taibo II
 Elena Poniatowska y Taibo. Festejos por el 7mo. aniversario de la Brigada Para leer en libertad. Foto: Internet


Además de los diferentes programas de fomento a la lectura, Para leer en libertad impulsó uno de recuperación de la historia de México, tratando de hacerla mucho más cercana a la gente, alejándose un poco de esa historia contada “académicamente”. Para ello, se valieron de las ferias del libro, de sus debates, paneles, diálogos y presentaciones de títulos, para que las personas pudieran acercarse y participar.

Y luego, frente al precio elevado de los libros, decidieron hacerlos también.

No es solo un programa de fomento a la lectura o de la historia, sino un programa político, donde la gente, de alguna manera, tiene un espacio de formación, pero también de discusión.

“Con el apoyo de la fundación Rosa Luxemburgo, hemos logrado en siete años publicar más de 158 títulos, y calculamos haber repartido más de 500 mil ejemplares. No es solo un programa de fomento a la lectura o de la historia, sino un programa político, donde la gente, de alguna manera, tiene un espacio de formación, pero también de discusión, en el que pueden hablar de los temas más importantes que se están dando en México en estos momentos”, asegura Paloma.

Lee mientras viajas, Letras en llamas, Letras en guardia o Para leer de boleto en el metro, son algunos de los programas que, desde la brigada, Paloma Sáiz y los suyos han impulsado en territorio mexicano. Este último, dirigido a las miles de personas que transitan diariamente por el metro en el DF, contó con gran aceptación por parte de los ciudadanos.

“En las líneas del metro, teníamos unos anaqueles con antologías de cuentos breves, relatos, poesía, con la idea de que la gente, cuando entrara al metro, tomara un libro, lo leyera durante el trayecto y lo devolviera al bajarse, para que durante tres meses esa antología estuviera circulando y muchos la pudieran leer. Fue un programa muy exitoso, cada antología tenía 250 mil ejemplares y claro, no todos los devolvían, pero no importaba, lo único que pedíamos era que hubiesen suficientes libros esos tres meses hasta que entrara la siguiente antología”, explica.


 

Siendo pesimistas, imaginaron que al menos ocho personas iban a tomar cada libro, y después de un sencillo cálculo, se dieron cuenta de que la cantidad de personas que tendrían acceso al programa y harían uso de él sería inmensa. Para los organizadores era, además, un programa muy barato con el que ofrecían un servicio realmente especial.

Paloma insiste, durante toda la entrevista, que Para leer en libertad no hubiese sido posible sin el apoyo de los escritores mexicanos de izquierda. Paco Ignacio Taibo II, su compañero en la vida, ha estado a la cabeza.  

Paco está absolutamente involucrado, forma parte de la brigada y es una pieza imprescindible, porque todo el tiempo están pidiendo que él vaya a dar conferencias, a presentar libros. 

“Paco está absolutamente involucrado, forma parte de la brigada y es una pieza imprescindible, porque todo el tiempo están pidiendo que él vaya a dar conferencias, a presentar libros. Pero el resto de los escritores de izquierda en México han sido muy importantes también, y estoy hablando del 90 por ciento de los más reconocidos, que entienden que estamos haciendo un trabajo sin fines de lucro, que no ganamos más que el poder dar a la gente estas cosas. Entonces, estamos semana por semana llevándolos a lugares alejadísimos, obviamente de manera gratuita, y nos regalan los derechos de autor para publicar sus libros. Gracias a ellos hemos podido sobrevivir”.

De esta manera, no solo distribuyen libros de manera gratuita, sino que ponen en circulación la obra de grandes escritores mexicanos, quizás para muchos desconocida hasta ese momento, además de textos de autores clásicos de la literatura universal como Shakespeare, Chéjov o Gabriel García Márquez.

La Habana es también desde hace tres años otra ruta por la cual transitan los proyectos de Para leer en libertad:

“A través de la fundación Rosa Luxemburgo hemos estado viniendo a la Feria del Libro de La Habana, donde presentamos tres o cuatro títulos y se regalan a los asistentes. Pero, además, ahora estamos haciendo un convenio con Casa de las Américas para poder editar más libros, publicar algunos Premios Casa y traerles los que estamos haciendo.

“Para nosotros es muy significativo, porque hubo una época, en los años 60 y 70, que el libro cubano que llegara a México era fundamental, porque de esa manera podíamos saber qué estaba pasando en toda Latinoamérica. Cuando llegó el Período Especial, la escasez de papel fue terrible y ni siquiera podíamos saber qué estaba pasando literariamente en Argentina, o en Venezuela; entonces, recuperar ahora por lo menos esos libros que publicaban Casa y otras editoriales, para nosotros es imprescindible. Estamos tratando de hacer convenios para traer libros aquí y poder publicar a escritores cubanos en México”.

De esa manera, aun sin estación de metro, La Habana también tendrá un espacio Para leer en libertad, hermoso proyecto que podrá compartir con los diferentes programas de fomento a la lectura que se desarrollan en toda la Isla. Una ventana, también, a la literatura mexicana, de la mano de sus propios creadores.