Boletín de la Asociación Cubana de Bibliotecarios

Como se ha expresado en otros comentarios aparecidos en “Huellas en el tiempo”, la bibliografía y la bibliotecología son dos ramas que han gozado de alta presencia en Cuba desde siglos atrás y por diferentes vías: publicaciones variadas, asociaciones, congresos…, que puede medirse de diversas maneras. Una de ellas es la permanente necesidad de dejarse escuchar en nuestro ámbito a través de revistas, como lo prueba la aparición, en 1949, del Boletín de la Asociación Cubana de Bibliotecarios, que quedó constituida en La Habana el 10 de julio de 1948 por iniciativa de María Teresa Freyre de Andrade, y que tuvo como objetivos propiciar y mantener un servicio bibliotecario eficiente, mejorar las bibliotecas entonces existentes y lograr el establecimiento de otras, fomentar el interés por la lectura  y luchar por una mayor difusión del libro, así como trabajar para superar a los vinculados a esta labor. La sede escogida para encaminar sus labores fue el edificio de la Sociedad Económica de Amigos del País, entonces recién inaugurado y hoy sede, tanto de esta institución como del Instituto de Literatura y Lingüística “José Antonio Portuondo Valdor”.

Una de las primeras acciones de esta asociación fue fundar dicho boletín, dirigido por Rosina Urquiza García, cuyo primer número vio la luz en marzo para “dar vida, para unir más estrechamente a sus componentes, para llevar a todas partes el eco de su voz”. Al hacerse cargo del boletín Raquel Romeu, en junio de 1952, expresó que el Boletín “ha podido publicarse gracias a la generosidad de nuestro ilustre socio cooperador Antonio María Eligio de la Puente”, uno de los directivos de la Sociedad Económica de Amigos del País y verdadero promotor cultural, a quien le debemos el cumplimiento de numerosos empeños durante la etapa de la Cuba republicana, entre ellos la publicación de libros de autores cubanos del siglo XIX. En el mismo número expresaba su nueva directora que era propósito de la publicación “mantener en contacto y bien unidas a una clase profesional, al bibliotecario cubano”. Estableció un premio anual para la mejor publicación relacionada con esta especialidad e inauguró, en septiembre de 1950, la Escuela de Bibliotecarios.

El Boletín de la Asociación Cubana de Bibliotecarios, además de dar a conocer las actividades promovidas por la asociación de la cual era voz y brindar información sobre cuestiones relativas a la bibliotecología, se preocupó por dar espacio a la literatura, tales como historia literaria y de publicaciones periódicas nacionales, crítica de libros y poesías. Estas últimas, por lo general, tenían como tema central el libro y eran seleccionadas entre autores de habla hispana.

Contó con la colaboración de Ramiro Guerra, Salvador Bueno, Félix Lizaso, Manuel Moreno Fraginals, Argeliers León, Julio Le Riverend y Emeterio Santovenia.

Esta publicación y la Asociación Cubana de Bibliotecarios desaparecieron en 1959. Otras instituciones, como la Biblioteca Nacional José Martí, asumieron las funciones de esta asociación, que hoy, bajo estos y otros propósitos, continúa agrupando a especialistas  de esta importante rama del saber, que en la actualidad, gracias a los adelantos tecnológicos, tiene una presencia determinante en todas las esferas del conocimiento.