Bienvenido el centenario

Desconocemos si habrá celebraciones o si la fecha pasará casi del todo inadvertida, pero al menos desde las páginas digitales de La Jiribilla no será así.

Social circuló por vez primera en enero de 1916, hace justamente un siglo. Y pese al interés que desde su irrupción se tomaron editores, redactores y diseñadores en que fuera “algo diferente”, es difícil que imaginaran que al cabo de un siglo el acontecimiento se recuerde como bien merece, porque Social, tipográficamente hablando, sentó cátedra en el panorama editorial cubano de antaño… y aún lo sienta.

Recorrer sus páginas, disfrutar de sus cubiertas e ilustraciones interiores, de sus fotografías, de sus caricaturas y retratos, y también de sus artículos e informaciones culturales y “de sociedad”, es como acomodarnos en una máquina del tiempo. Se le ha criticado que no reflejara la realidad cubana, que en sus páginas no tuviera cabida la miseria, ni la pobreza, tampoco los protestas sociales. Ello es cierto, aun cuando en su nómina figurara con destaque, como jefe de redacción o director artístico, el doctor Emilio Roig de Leuchsenring, Emilito, un entusiasta defensor de la justicia, de la cultura y de la historia cubana del siglo XX, y uno de los más relevantes historiadores y publicistas nacidos en el archipiélago.

Recorrer sus páginas, disfrutar de sus cubiertas e ilustraciones interiores, de sus fotografías, de sus caricaturas y retratos, y también de sus artículos e informaciones culturales y “de sociedad”, es como acomodarnos en una máquina del tiempo.Y para cuantos hoy pudieran objetarla con ojos hipercríticos, a la manera de fiscales extemporáneos, recordemos que en ella colaboraron, de entre los cubanos, Alfonso Hernández Catá, Agustín Acosta, José Zacarías Tallet, Rubén Martínez Villena, Alejo Carpentier, Juan Marinello, Enrique Serpa, Ramiro Guerra, Medardo Vitier, Fernando Ortiz, Enrique Labrador Ruiz, Manuel Navarro Luna, Carlos Loveira, Emilio Ballagas y muchos más.

Y si de firmas de personalidades extranjeras se trata, pues la relación no es menos significativa: Gabriela Mistral, Miguel de Unamuno, Federico García Lorca, Jacinto Benavente, Vicente Aleixandre, Vicente Blasco Ibáñez, Alfonsina Storni, Manuel y Antonio Machado, Alfonso Reyes, Juan Ramón Jiménez, Leopoldo Lugones, Alejandro Casona, Miguel Ángel Asturias y Langston Hughes.

Diversos factores técnicos influyeron en la aceptación y perdurabilidad de Social. Si hoy podemos hojear, sin que se deshaga entre nuestras manos, un ejemplar de casi un siglo atrás, es solo porque los editores no escatimaron costos en pos de la mayor calidad, léase papel, diseño y empaque periodístico, pero además, letra bien legible, formato grande y atractiva cubierta. Se trató, sencillamente, de una revista con una concepción editorial moderna, a la altura de las mejores de América y del mundo.

Digamos también algo de su director y fundador, Conrado Massaguer. Como dibujante y caricaturista, Massaguer es uno de los más importantes artistas de la gráfica cubana del siglo XX. Tuvo también algo de mecenas, de promotor cultural, una condición que podía ejercer por su acomodada situación económica. Como hombre de la cultura, viajó, conoció a personalidades mundiales, gozó de la amistad de celebridades y no dejó nunca de pensar en Cuba, donde murió olvidado, en 1965. Numerosos artistas jóvenes se dieron a conocer en las páginas de las revistas Social y Carteles, también obra de él, una y otra de extensa circulación.

Son Massaguer y Emilito el cerebro y el corazón de Social, cuya primera etapa, la de mayor esplendor, cierra en agosto de 1933. Después reapareció para circular entre septiembre de 1935 y 1938, fecha en que cesa definitivamente.

Afortunadamente, a la revista Social se puede acceder en su versión digitalizada, lo cual garantiza la preservación de los materiales originales y contribuye a la difusión de sus contenidos. Dada esta posibilidad, instamos al lector a no desaprovechar el caudal de información contenida en las páginas de esta importante publicación.    

Y aunque este redactor no podrá estar presente, convencido está que dentro de 100 años se recordará, como ahora, un nuevo centenario de la revista Social