Aurora Bosch

La noticia del fallecimiento de Fidel ha sido para mí tan sentida y triste, como las múltiples expresiones  de dolor  en  nuestro pueblo. Su obra y sus ideas son un legado que el devenir del tiempo continuará enriqueciendo.

La profesión del bailarín exige un elevado empeño, dedicación y sacrificio en su realización: esas características son imprescindibles para ser un buen profesional de la danza. En pos de la consecución y materialización de sus ideales, Fidel ha sido un ejemplo de esos valores.

Él ocupa un lugar muy especial en el resurgimiento del Ballet Nacional de Cuba al brindar, ya como Jefe del Gobierno Revolucionario, todo el apoyo oficial que hizo posible la consolidación de la Compañía. Esto propició el desarrollo del ballet clásico en una dimensión nunca antes imaginada, lo cual permitió contar con un cuerpo de baile y figuras de relevancia nacional e internacional, tal como ha ocurrido en otras actividades de nuestra sociedad.

Actualmente, las Escuelas de Danza Clásica en el país forman a cientos de jóvenes futuros bailarines, con una preparación cultural propia del ejemplo de Fidel, lo cual les convierte en fieles seguidores de la “Escuela Cubana de Ballet” —orgullo de nuestro pueblo—, enriqueciéndola sobre la base de sus raíces y principios, con trabajo, disciplina y artisticidad.

Así se honra la memoria del Comandante Fidel.