Deambulo por Facebook, esa comunidad heterogénea donde siempre es posible encontrar una opinión favorable seguida de su contraria. Este día, sin embargo, es atípico en relación con Venezuela. Parece que nadie se atreverá a emprenderla hoy contra el gobierno bolivariano, dada su contundente victoria en la recién concluida Asamblea General de la OEA celebrada en Cancún. Trece países, encabezados por Estados Unidos, se habían confabulado con el objetivo de aprobar una resolución injerencista, pero esta fue derrotada.


“Facebook: Lugar donde siempre es posible encontrar una opinión favorable seguida de su contraria”.
Imágenes: Internet


De hecho, no ha sido solo una, sino tres las victorias chavistas. La votación secreta para conformar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos devino perturbador correctivo para Estados Unidos. La nación que se autoproclama juez, abogado, fiscal y policía del mundo; país que, por demás, se empeña en hacer que Venezuela parezca una dictadura, solo obtuvo 14 votos de 34 posibles en dicho sufragio.

Entretanto, en Caracas resultaba un éxito la marcha de apoyo popular a Nicolás Maduro y la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente. En sintonía con los planes de Cancún, la oposición venezolana había lanzado la consigna “Todos a Caracas”, y ciertamente, en el verdadero todos —el que de verdad engloba a todos los venezolanos, y no solo a esa violenta y altanera parte que siempre se ha creído el absoluto de la nación— los chavistas resultaron ser contundente mayoría.

De modo que las críticas a Venezuela hoy parecían conjuradas en Facebook hasta que, de súbito, tropiezo con un link compartido por alguien, el cual remite a un artículo del diario español El País, cuyo titular reza: “El último revés de Venezuela”. Caramba, por dónde irá esto, intrigado me cuestiono, qué pretexto tendrán ahora, y para averiguarlo de inmediato hago clic sobre el vínculo.  

Pero de la inicial sorpresa paso a otra mayor. Resulta que al acceder a la página del diario compruebo que el artículo no menciona en parte alguna un revés venezolano; por el contrario, el titular expresa: “Así se gestó el fracaso de la condena a Venezuela en la cumbre de la OEA”. ¿Qué ha sucedido? Bueno, que mediante un acto de “prestidigitación mediática”, cuando dicho vínculo es compartido en Facebook —cosa que también ocurre si damos copiar y pegar— el titular se transforma en otro totalmente opuesto en su letra y espíritu.

Antes de adentrarnos en la lógica de semejante “misterio”, parece oportuna una acotación. Ya antes, en numerosas ocasiones, este periódico español había sido señalado por manipular titulares, cuya construcción no guardaba correspondencia alguna con la noticia. Entre las tantas consideraciones que pudieran hacerse al respecto, solo digamos que con ello El País contradice su propio manual de estilo. Allí se afirma: “la no manipulación de las noticias son una garantía para los derechos de los lectores, cuya salvaguardia constituye la razón última del trabajo profesional” (sic.)

O sea, técnicamente El País esta vez parece haber construido un título acorde con lo reportado; parece también cumplir con su manual de estilo… Pero no seamos ingenuos. Sabido es que buena parte de las personas no lee el cuerpo de los artículos, apenas repasa los titulares. Numerosos estudios y encuestas así lo indican. También es sabido que cada vez muchas más personas acceden a las noticias a través de las redes sociales. He ahí el quid del asunto. Los del diario El País han encontrado la manera de seguir manipulando noticias sin que, en lo formal, esto aparente contradecir su manual de estilo.

¿Pero qué nos relata el artículo de marras? Bueno, digamos que recuerda a Esopo y la conocida fábula de la zorra y las uvas. Pretende culpar de la victoria venezolana a… ¡Venezuela! Los autores (pues son dos) recurren a la vieja treta de unas timoratas fuentes que, de manera anónima, denuncian presiones de Caracas a los países caribeños.


De cómo los medios ocultan el mundo. Varias “travesuras” de El País
se documentan y analizan en este valioso texto


Lógico, se cuidan de no hacer alusión a la ya mencionada derrota de Estados Unidos en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Enterar de esto pondría en aprietos su teoría de la conspiración; ya sabemos, semejante resultado en primer lugar refleja el verdadero sentimiento que prima en el seno de la OEA.  

En fin, como decía Vico: verum ipsum factum, —los hechos son los que cuentan— y en realidad las amenazas vinieron del país que, por tradición, suele monopolizarlas como norma “diplomática”. Por ejemplo, públicas y notorias han sido las declaraciones del senador Marco Rubio, quien, tras el fracaso de Cancún, advirtió a República Dominicana, El Salvador y Haití que el apoyo a Venezuela afectaría sus relaciones con Estados Unidos.

La obsesión del diario El País con Venezuela sobrepasa lo enfermizo. Si uno quiere determinar la repercusión de cierta etiqueta en determinado sitio digital, Google brinda una herramienta para ello. De tal modo, al colocar en la barra de búsqueda la secuencia site: elpais.com “Venezuela”, se obtienen 2 millones 260 mil resultados. Como lo ha leído, ¡más de dos millones de veces aparece la palabra Venezuela en el sitio digital del periódico El País!

Sin embargo, hagamos el mismo experimento, ahora tomando una expresión de supuesta mayor trascendencia; algo que sobrepase lo coyuntural y constituya motivo de extraordinaria preocupación global: por ejemplo, la etiqueta “cambio climático”. Pues bien, resulta que esta solo aparece 132 mil veces en dicho sitio. ¡Veinte veces menos que la expresión “Venezuela”! Dejo al lector las múltiples consideraciones que se derivan del caso.

Pero volviendo al motivo original de este artículo, debo aclarar por qué lo encabezo según habrán leído. O sea, ¿qué palabras realmente faltan al amañado titular de El País? Bueno, creo que no debieron escribir “El último revés de Venezuela”, sino otro que diga: “El último revés de mano propinado por Venezuela”. Aunque, en realidad, según hemos visto, no fue solo uno, sino tres los bofetones asestados en la ocasión.