¿Qué significa el centrismo político en Cuba? ¿Cuáles son sus claves en las condiciones de nuestro país? ¿Qué nos dice a estas alturas el centrismo en la Cuba de hoy?

En primer lugar, las claves inmediatas del centrismo político en Cuba están relacionadas con el proyecto de subversión que se llama “Restauración de la Democracia en Cuba”, cuando este proyecto de legitimación política entra en los planes de financiamiento del Departamento del Tesoro norteamericano. De ese centrismo viene de base otro, a partir de la crisis que provoca la caída del Campo Socialista Europeo, que proyecta la necesidad de un nuevo escenario en el mundo y sobre todo a la Revolución cubana, que al principio parece aislada precisamente porque pierde el sistema global de referencia económica y empieza a vérselas difícil debido al bloqueo financiero impuesto desde el ’62 por los Estados Unidos. Entonces, esos elementos legitiman esta política en la socialdemocracia, que tiene una larga historia desde el siglo XIX; pero generalmente la socialdemocracia viene a tratar de confrontar el pensamiento y la acción revolucionaria que pide y propone la teoría marxista.


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Eso está muy bien, pero ¿cómo se identifica un centrista en Cuba? ¿Cuáles son las características principales de esa tendencia política entre nosotros?

Tratando de aterrizarlo en el cubano de hoy, generalmente es individualista, está tratando de proyectarse como una figura censurada, que tiene supuestamente una preferencia de opinión en la masa, pero que por algún motivo misterioso no le permiten que aparezca. Algo muy característico es que vas a ver mucha crítica al proceso revolucionario, sean efectivamente manifestaciones criticables o no, y muy poca confrontación con lo que viene de la hegemonía global de los Estados Unidos, para no hablar de que el bloqueo prácticamente ni se menciona.

¿Estamos hablando de una crítica muy selectiva sobre temas que pueden ser de mayor impacto en los grandes medios y en las redes, o esa crítica tiene una preocupación sistémica?

Hay de todo, porque generalmente son individuos, y tampoco es que el sistema funcione con toda la organización que viene proyectada, y como los individuos además pretenden ser tanques de pensamientos y van a tratar de atacar problemas sensibles, es decir, la actualización del modelo económico cubano trae una serie de fenómenos que provocan la economía mixta. Una economía mixta donde empieza a crecer fuertemente la acción de la pequeña y mediana empresa, donde hay una reproducción, en efecto, de capital, y hay facilidades para que se generen ciertos fenómenos. Estos fenómenos —y ahí también identificas a un centrista tanto como un supuesto disidente—, que son intrínsecos del metabolismo social del capital, termina pagándolos el sistema revolucionario cubano y el socialismo. Lo otro es que la propuesta de socialismo que ha estado en el poder se presenta como una vía inviable, entonces, en efecto, hay toda una serie de problemas: el desvío de recursos, corrupción, incluso falta de preparación; lo ponen como una crítica, de todas formas, cuando vemos los discursos del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, todos esos señalamientos están, incluido el del salario. Es decir, que el salario no cubre nuestras necesidades, está desde una crítica oficialista; sin embargo, la perspectiva de la prensa internacional es que esa crítica desaparece con el sistema y tratan de apropiarse de esos elementos que tiene que rectificar el sistema.

Me parece interesante comentar la relación que guardan estas tendencias con el papel de la institución en Cuba. Nosotros tenemos un país con un sistema social, con una cobertura institucional hacia la actividad, hacia las necesidades del pueblo, que es impensable en otros contextos y que no tienen ni siquiera muchos países que son llamados desarrollados. Sin embargo, la institución es uno de los blancos preferidos del centrismo, como si en Cuba se pudieran emprender todas las cosas que se emprenden a favor de la gente sin un sistema de instituciones, como si esas instituciones no fueran imprescindibles en el modelo cubano. Pero eso no significa que sean perfectas.

Por supuesto, la institución es un organismo y ni en Cuba ni en Estados Unidos ni en Suiza ni en ningún país puedes trabajar sin instituciones; incluso las organizaciones no gubernamentales tienen un sistema institucional para ponerse en práctica, si no, no funcionan, eso de que haya individualidad y haya individuos es una ilusión. En el caso del socialismo, la institución está generada para que pueda facilitar la comunicación entre el Estado y la sociedad civil, porque el propósito del Estado en el socialismo es avanzar hacia su desaparición, que no es el problema del capitalismo. El capitalismo tiene un grado de conflicto con la reducción del Estado porque el Estado se pone por encima de la sociedad, es decir, lo que llaman los teóricos ‘‘la sociedad civil’’. El socialismo va a facilitar esas relaciones, incluso para comunicarse entre sí; por eso con mucha frecuencia se confunde el Estado con el trabajo institucional, y ahí también viene entonces una crítica desleal, porque hay una institución que funciona mal en determinados aspectos y eso lo convierte en una política de Estado. La política de Estado es que funcione bien, y la prueba es que cuando ese mal funcionamiento llega al conocimiento del Estado, se toman medidas del tipo que sean, según la gravedad del asunto, pero sin institución no puedes trabajar. En muchos foros, sobre todo nuestros foros literarios, que por supuesto por la misma naturaleza de nosotros los escritores, nos gusta pensar que somos totalmente independientes y sin relación con las instituciones es muy difícil, las editoriales, las grandes editoriales del mundo son instituciones que focalizan determinado objetivo de promoción.

Uno de los signos de la proyección de esta tendencia política es la ambigüedad, lo que unido a los temas que trata, le da un cierto grado de seducción a esta tendencia. ¿Cómo explicas tú eso? ¿Cuál sería el antídoto ante esa seducción? ¿Cuáles son las claves, cuando uno se siente frente a una manifestación ambigua de una proyección de este tipo?

Exacto, diste en el clavo, porque incluso más que ambigua es anfibológica, porque no hay nada que se preste más al tratamiento anfibológico que la teoría de las ciencias sociales. Las ciencias sociales desde el principio trabajan con la elaboración del pensamiento y del imaginario simbólico de quien va a recibir esa ciencia. Hemos heredado una ciencia social que, por supuesto, ha respondido a los intereses de clase que legitiman el sistema de partidos políticos como si fuera la democracia. De hecho, en alguna ocasión en un debate en mi blog había una persona con mucha seriedad que me decía que la solución era convertir a cada ciudadano en un accionista. Es decir, él no pensaba que todos los ciudadanos, como accionistas, se iban a unir e iban a crear grupos para poder ganar las elecciones; al ser cada uno accionista iban a votar, ahí hay un ejemplo de seducción de lo que es el sistema de mercado. El mercado como rector de la sociedad que es la criticada en mis días. Entonces, este sistema político, y sobre todo las ideas socialdemócratas que pretenden buscar el centro, lo que están es tratando de legitimar para el resto de la masa la nominación hegemónica del sistema capitalista a través del partido político, a través del ejercicio de la democracia, y deslegitimar. Porque además es un absurdo culpar al sistema de partido único, yo creo que hasta eso es un absurdo que nos hemos dejado poner. Cuba tiene un sistema de gobierno participativo donde está toda la ciudadanía, unos tienen más preparación política que otros para llevar adelante los proyectos de la masa, en efecto, unos se oyen más que otros, como en todas partes; la vanguardia es la preparación, porque de pronto usted saca al delegado de la circunscripción, pero usted va a la circunscripción a plantearlo y cuando se han hecho tres planteamientos puede estar seguro de que le van a dar respuesta.

Hay una diferencia en gradiente del entusiasmo de esta postura para criticar la institucionalidad y el funcionamiento de la vida cotidiana en Cuba. No se percibe el mismo entusiasmo para criticar, por ejemplo, la crisis que tiene hoy ese modelo de la democracia burguesa o de la democracia representativa. ¿Existe también una postura de crítica hacia la crisis que tiene ese modelo hoy, en ese centrismo, o se soslaya un poco?

Sería desleal de mi parte decir que no existe crítica, sí existe crítica, creo que es incluso la base de los orígenes de la teoría de la socialdemocracia, una crítica del capitalismo. Incluso la teoría de Max Webber se crea para poder frenar el pensamiento revolucionario de Marx; pero Max Webber es el mismo que demuestra que los partidos políticos se legitiman a partir de tópicos de pensamiento, pero que no cumplen con los preceptos, por eso él propone el protestantismo como una variante, por lo tanto, sí hay un acrítica. Lo que pasa es que esa crítica termina comulgando con el sistema y no va a la profundidad de la transformación. O sea, diciendo que la reforma es la que te va a colocar a ti las soluciones, crea el conformismo, por eso es que triunfa la propuesta de Tony Blair, que es absolutamente política; pero es que la gente tiene que pensar que Tony Blair se postula como un partido de izquierda en el Reino Unido, es como decir hoy día que el periódico español El País es de izquierda. Tal vez surgió de izquierda, o como Acción Democrática en Venezuela que ha terminado en un partido neofascista, pero surgió como un partido revolucionario. Eso tiene una transformación, por eso es tanta la agresividad con la radicalidad revolucionaria, porque la radicalidad revolucionaria es lo que te demuestra que tu vía tiene un callejón sin salida y que vas a dar la vuelta al mismo sistema, el socialismo. Incluso con el derrumbe del Campo Socialista, pero trascendió el sistema, dio otros niveles; las cifras y las estadísticas de las reformas en Rusia después del desmerengamiento hablan por sí solas, basta con el libro blanco de la reforma para que digas: “Pero destruyeron el país”. En la democracia que cualquiera puede decir cualquier cosa, donde las mafias pueden crear su grupo y presentarse como corporaciones, esa democracia… no sé, yo votaría en contra de eso todo el tiempo.

Estás hablando de autores, de libros, y por lo tanto, de antecedentes. ¿Cuán original son todos estos postulados dentro de los textos cubanos y cuán autónomos?

En el contexto cubano trato de hacerlo lo más claramente posible y sin remitir demasiado a fuentes porque hay muchas fuentes que pueden documentar lo que estoy diciendo en el artículo. En el contexto cubano es absolutamente artificial, incluso, en ciertas bases de pensamiento que hay en la historia de Cuba con personas que tienen su línea teórica asociada a un pensamiento socialdemócrata, ni siquiera está arraigada al ejercicio de la política de la socialdemocracia, sino más bien está en un plano teórico, en un plano de la filosofía que trata de conciliar determinados elementos. Quizás dado por el caso cubano que tiene la independencia tan tardía, ciertas bases del pensamiento podían ser efectivas para la transformación en un momento determinado, pero verdaderamente tiene muy poco arraigo en Cuba. Las bases cubanas son martianas o no son, o sea, el que trata de hacer un proyecto en Cuba sin Martí, difícilmente va a triunfar, no puede triunfar; las bases del pensamiento cubano están en José Martí, en la creación del Partido Revolucionario Cubano como la conducción, como a quien le van a dar la guía de la revolución. Martí está creando eso. Las tendencias centristas buscan una especie de zanahoria que pone delante de nosotros la subversión para tratar de ganar en momentos de crisis —y de actualización, y de rectificación, todas estas cosas que como es lógico avanzan lentamente y tienes que ir rectificando errores que van surgiendo de la propia práctica—, para tratar de captar todo un pensamiento que en el imaginario es revolucionario, que ese imaginario no se alíe del lado revolucionario, y que empiece a pedir la reinserción del sistema de partidos políticos.

¿Cuáles son los autores cubanos a los que se pueden remitir nuestros seguidores para ahondar en este tema y en la postura de la Revolución cubana frente a esta tendencia?

Ahora justamente hay varios autores cubanos contemporáneos que llevan ya un tiempo trabajando en el tema. Uno es Enrique Ubieta, que ha publicado varios libros, pero sobre todo Cuba, ¿Revolución o Reforma? es muy interesante, porque él define ahí bases fundamentales del pensamiento revolucionario y del pensamiento que viene de distintos modos. Hay un muchacho joven, pero con una temprana carrera en Ciencias Sociales, e incluso incursiones en la ciencia política, Elier Ramírez Cañedo, al que hago referencia en un artículo que me fue muy interesante. Quisiera, ya que estamos en un momento inevitablemente triste, que es el fallecimiento inesperado de Fernando Martínez Heredia, un pensador cubano, ejemplo de pensador crítico dentro de lo revolucionario, y que además comprendió las bases de lo que era la revolución cubana y de cómo teníamos que llevar adelante el pensamiento y la crítica de ese mismo proyecto que estamos tratando de impulsar desde el punto de vista nuestro en el caso de los intelectuales, pensadores y escritores; y me parece que Fernando Martínez Heredia es fundamental. Recomiendo a un pensador marxista, István Meszáros, que también es fundamental, se ha publicado en Cuba, son claves fundamentales. Varios pensadores que están muy actuales y que no se dejan llevar por la lentejuela de la transformación, porque el derrumbe del socialismo llevó a mucha gente a entrar en un juego como el que forzaron a entrar a Foucault. Cuando uno lee a Michel Foucault ve que sin Marx no existe, pero nunca cita a Marx porque tiene que dejarlo intertextualmente, si no, no tenía contrato en la universidad donde él transmitía su pensamiento y de lo cual él vivía, porque se corporativiza el pensamiento.

 

Fuente: Cubasí