6 de abril de 2018. Último día del Segundo Coloquio Nacional de Narrativa en la UNEAC. Han terminado las lecturas y homenajes de la tarde, y haciendo gala de mis artimañas de cazador de opiniones, logró pescar algo de tiempo para entrevistar a uno de los artífices de este encuentro: Cabello entrecano, estatura media; delgado alguna vez, ahora buen representante de ese grupo tan cubano conocido como los “temba”; ropa sobre lo ancho, nariz de gerifalte y ojos pequeños, vivos y juveniles, que anuncian las ganas de vivir del eterno adolescente que lleva dentro. Distante e inaccesible a primera vista, cercano y generoso cuando logras traspasar sus murallas, poeta excepcional no reconocido y soñador incorregible. Así es este Licenciado en Geografía, Profesor de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, escritor multipremiado y vicepresidente de la Sección de Escritores de la UNEAC, Raúl Aguiar, un ser que construye sueños, utopías y mundos. Logramos adueñarnos de un rincón bien provisto de la tan “pugilateada” sombra, yo con mi montón de preguntas, él con el eterno cigarrillo en la mano.


Raúl Aguiar, un ser que construye sueños, utopías y mundos.
Foto: Tomada de la página de Facebook de Raúl Aguiar

 

Saltándonos las innecesarias formalidades nos disponemos a “meterle caña” al asunto:

Nelson: Empecemos por lo obvio: Segundo Coloquio Nacional de Narrativa. Eres uno de sus organizadores, ¿quiénes son los otros cabecillas de esta iniciativa?

Raúl Aguiar: Realmente el artífice principal fue el escritor Alberto Guerra, quien se encargó de la confección del programa, la estructura del encuentro y los escritores invitados, todo ello con el apoyo incondicional de Alex Pausides, presidente de la sección de escritores de la UNEAC y otros entusiastas.

Nelson: ¿Algún factor en concreto motivó la necesidad de convocar un encuentro de este tipo, por qué en este momento en específico?

Raúl Aguiar: Estos eventos, a escala nacional, se hicieron comunes en los 80 y principios de los 90. Permitían intercambiar experiencias y conocer de primera mano lo que sucedía en el campo de la narrativa tanto en la Habana como en las otras provincias. Luego, por factores de crisis y la precariedad de recursos, dejaron de realizarse durante casi una década. Esto provocó un desconocimiento por parte de la crítica y los creadores de lo que se estaba produciendo a escala nacional, pero sobre todo del necesario contacto entre los autores que permitiera acercar diferentes generaciones y confrontar sus particulares tendencias y modos de ver la literatura.

Para este coloquio en particular se conformaron tres mesas de discusión: una sobre el desarrollo de la narrativa en Cuba desde la llamada generación de los novísimos y la generación año cero hasta lo más reciente, la segunda acerca de los retos de la novela actual y la tercera y muy importante, sobre cómo se veía la narrativa cubana desde el exterior. Los autores invitados dieron sus puntos de vista y el público también hizo comentarios muy útiles que enriquecieron estas discusiones.

Nelson: A pesar del tiempo que ha pasado entre el primer y el segundo coloquio, ¿se mantienen las mismas preocupaciones, los mismos problemas?

Raúl Aguiar: Muchos de los participantes coincidieron en varios puntos, a saber: la apatía generalizada de las instituciones, la escasa promoción de los escritores y su obra, la nula representación institucional de los mismos, tanto en Cuba como en el extranjero, la falta de crítica y la cobertura inexistente de los medios de difusión hacia este tipo de eventos.

Nelson: Ahora háblanos un poco de ti, ¿fuiste uno de los primeros escritores cubanos en incluir la cultura Rock en la literatura?

Raúl Aguiar: No lo creo. Ahí hay algunos cuentos de Miguel Mejides, Francisco López Sacha, Reynaldo Montero o Sergio Cevedo, que ya habían tratado sobre algún aspecto del rock en sus historias. Tal vez el dedicar una cuentinovela completa al submundo de  los jóvenes rockeros de los 80, La hora fantasma de cada cual, sea lo que me marcó como un escritor frickie, al decir de los críticos de la época.

Nelson: Tus primeros premios y publicaciones.

Raúl Aguiar: Además de algunos cuentecitos menores de ciencia ficción en alguna que otra antología, realmente mi primer logro de importancia fue el premio en el concurso David de 1989, justo con La hora fantasma de cada cual. Luego vendría el premio Pinos Nuevos de 1994, con mi noveleta Mata y La estrella bocarriba, novela que se publicó en el 2001.

Nelson: ¿Qué significó esta última para el público de la época? ¿Qué significó para Raúl?

Raúl Aguiar: La estrella bocarriba fue un experimento donde incluí todos mis intereses de esa época, desde las teorías de la posmodernidad, el ciberpunk y el psicoanálisis lacaniano, hasta la demonología, la alquimia y la magia, con la idea de crear un universo personal que al mismo tiempo fuera hiperreal, o sea, que el público no pudiera discernir entre lo que era real y lo que era imaginario. Al final creo que logré más de lo esperado, ya que muchos de los presupuestos imaginarios se convirtieron en reales, como ciertos rituales o el sistema de lenguaje críptico creado para mis personajes y que luego fueron adoptados por algunos grupos de jóvenes rockeros en su cotidianidad.

Nelson: En este Coloquio se dedicó, el primer día, un panel a los “Novísimos”, generación literaria a la cual perteneces, y de la que se desprende el grupo "Establo", Háblanos de este grupo, ¿qué fue?, ¿qué hicieron?

Raúl Aguiar: Para no alargarme te diré que el “Establo” fue un grupo multidisciplinario de jóvenes, sobre todo narradores, que a finales de los 80 abrieron el panorama literario cubano hacia nuevos personajes y conflictos que hasta entonces no habían aparecido en la prensa ni en la literatura cubana, y que a través de sus libros y relatos, muchos de ellos testimoniales, rompieron de alguna manera con el concepto un poco monolítico que se tenía acerca de la juventud cubana. Entre sus integrantes más conocidos están el Yoss, Ronaldo Menéndez, Ricardo Arrieta, Ena Lucía Portela, Verónica Pérez, Daniel Díaz Mantilla y Julio César Moracén, entre otros.

Nelson: ¿Qué piensas de la presencia de los escritores más jóvenes en este coloquio?, ¿Se han hecho notar?, ¿hay una voz sólida y un criterio propio? ¿Son aceptados por parte de los más consagrados? Según tu criterio, ¿cómo los ven? ¿Competencia, relevo, compañeros de trinchera?

Raúl Aguiar: Pienso que fue una buena oportunidad para darse a conocer, y que la impresión que dejaron algunos de ellos fue bastante positiva. Claro que todavía es pronto para formarse un criterio acerca de esta nueva generación, y habrá que esperar a que las obras se consoliden, y que estos jóvenes escritores, la mayoría inéditos, comiencen a ganar concursos o publicar sus primeros libros. Por lo menos se notan ya algunas diferencias con respecto a la promoción anterior.

Nelson: ¿Por qué la sección de narradores no organiza más actividades, en especial con jóvenes escritores?

Raúl Aguiar: Hay una política de acercar a los más jóvenes a las actividades y la directiva de la UNEAC, y rejuvenecer así un poco la institución. Este coloquio y algunas peñas como La Mazorka son una muestra de ello.

Nelson: Fuiste una pieza clave en la formación del Grupo Literario "Ariete". ¿Quiénes son? ¿Qué te impulsó a apoyarlos y convertirte en su tutor?

Raúl Aguiar: "Ariete" es el resultado de una iniciativa grupal, que comienza con algunos de los escritores jóvenes, graduados del Centro Onelio, que querían seguir en contacto, en interacción y debate. E inmediatamente les brindé toda mi ayuda para su propuesta. Pienso que en el campo literario cubano actual, salvo raras excepciones,  la crítica no está interesada en la producción de los más jóvenes narradores. Una buena estrategia para llamar la atención es integrar una zona emergente que venga a romper de alguna manera el marasmo de la inercia realizando acciones, invasiones en determinados espacios que obliguen al menos a una mirada sobre lo que tienen que ofrecer. ¿Serán los muchachos de Ariete el relevo de la denominada “generación año cero”, surgida a partir del año 2000? El tiempo se encargará de confirmarlo, así como su evolución individual y sus propuestas. Al menos me parece que se diferencian un poco, en el sentido de una vuelta, un regreso a una manera de contar donde otra vez importan los conflictos, pero incorporando las premisas de las generaciones que les preceden.

Nelson: Algo más de ti, ¿cómo es el proceso creativo de Raúl, una andanada emocional, un procedimiento frío y clínico o un parto doloroso?

Raúl Aguiar: Los tres juntos, aunque parezca una contradicción. A esto podría agregar el orgasmo que se siente cuando terminas, es casi un nirvana. De pronto te sientes justificado ante el universo.

Nelson: ¿En qué nuevo proyecto trabajas en este momento?

Raúl Aguiar: En varios al mismo tiempo. La musa anarquista, una novela sobre una muchacha de la Cuba actual, que conoce a un viajero del tiempo y por accidente va a parar a París, en el siglo XIX. Otra novela, El inmortal, sobre un joven que va con Juan Ponce León en su segundo viaje a La Florida, descubre por accidente la fuente de la juventud y puede vivir toda la historia de Cuba. Hay otras… ideas no me faltan, solo tiempo, disciplina e inspiración en los momentos adecuados.

Nelson: Un par de puntos más antes de cerrar. Hay quejas sobre la promoción y cobertura de los eventos organizados, y en este coloquio los medios de difusión, dígase prensa plana, radio o televisión, han brillado por su ausencia. ¿Quién es responsable de esto, la institución que no se acerca a los medios para buscar cobertura, o los medios que no se interesan?

Raúl Aguiar: Colocar un spot en televisión es bastante caro y engorroso. La UNEAC perdió su programa Hurón Azul, no sé los detalles del porqué, pero se nota su ausencia, y todos sabemos la fuerza que tiene el medio audiovisual para promocionar actividades culturales. Al parecer los medios no se enteraron del evento o no les interesó lo suficiente como para darle cobertura. Resultado: fue un coloquio de escritores para escritores, con casi ninguna afluencia de público.  

Nelson: Una última pregunta: después de este coloquio, ¿qué? ¿Se quedará todo en una reunión más, llena de quejas y lamentos y quizás una oportunidad para ver las caras de los amigos y compartir un buen rato? ¿Es del interés de los organizadores y la institución trazar estrategias y proyectos que conduzca a una efectiva repercusión que trascienda el mero encuentro?

Raúl Aguiar: Creo que más allá de las “quejas y lamentos” que dices se logró el objetivo fundamental: el encuentro e intercambio de experiencias, una visión general de los derroteros de la narrativa cubana en la actualidad y algunas propuestas que en caso de realizarse ayudarían a la promoción y a la representatividad de los autores. Por otro lado, romper los límites de la generación, del grupo literario y conversar con escritores de varias generaciones en otro ambiente, crear nuevas amistades más allá de tu círculo estrecho de conocidos.

 

Quedan mil preguntas en el saco, pero su mirada esquiva salta nerviosa de mi cara al grupo de amigos que ya han dado comienzo a lo que, en estos tres días, se ha popularizado como “el verdadero Coloquio”, y entiendo que es hora de terminar esta charla. Ya habrá tiempo y espacio para más en el futuro. Recogemos las mochilas, nos apropiamos de un par de vasos y nos sumamos a la juerga general, quizás a degustar un buen Perestroika o un Bakunin, tragos inventados por los muchachos del grupo Ariete,  para seguir hablando entre todos, esta vez sin las ataduras de la formalidad, de esa pasión que nos esclaviza, trayéndonos desde diferentes lugares hasta este punto del universo: la Literatura, así, con mayúscula.