Desconocida por los fundamentalistas del género, pero aclamada por miles de espectadores, en su mayoría jóvenes, Buena Fe se ha mantenido por más de 15 años en lo más alto de la popularidad nacional, compartiendo cartel con las más diversas propuestas. Esta capacidad para permanecer, que ha doblegado incluso a los más radicales, convierte a su director en un testigo de excepción para el tema que nos interesa desarrollar.


 Buena Fe. Foto: Internet

 

¿Qué diferencias esenciales encuentras entre aquel contexto cultural y social al que se asomó Buena Fe a principios de siglo y el que vivimos hoy?

Buena fe se funda en noviembre de 1999. O sea, literalmente estamos hablando del siglo pasado. Era otro contexto político, social, tecnológico y, obviamente, musical. Latinoamérica despertaba del largo sueño neoliberal, Cuba clamaba por la liberación del niño Elián González y el llamado boom de la salsa comenzaba a dar muestras de desgaste. Aparecían nuevas propuestas en la música popular, capaces de disputarle espacios seriamente a los exitosos salseros. Moneda Dura y Polo Montañez irrumpían acaparando la atención de las audiencias, mientras Orishas y el Buena Vista Social Club triunfaban internacionalmente. David Torrens editaba los mejores discos de su carrera y Habana Abierta grababa en Madrid el mejor de sus trabajos discográficos. La Trova ya no era la moda, pero la AHS se encargaba de organizar los eventos y garantizar el amparo de una generación de creadores que encabezaban el Trío Enserie y el Dúo Postrova. La piratería discográfica era un fenómeno anárquico, pero reflejaba casi como un espejo lo que la radio y la televisión transmitían.

Hoy la realidad es otra. La generación del Periodo Especial creció (y bastante buena nos salió, después de todo). La revolución tecnológica llegó para quedarse y ampliarse por día. Los empeños de renovación latinoamericana a principios del siglo XXI, aunque con avances muy significativos en lo cultural, no lograron articular una arquitectura de consumo musical distinta a la que nos diseñaron desde el norte (que, dicho sea de paso, se consolidó y perfeccionó). Hoy se puede decir que para llegar a las grandes audiencias en idioma español es muy difícil no pasar por los espacios de legitimación “Made in USA”. Y me refiero al sistema de premios, revistas y canales televisivos de farándula. Todo lo cual se volvió, si no neoliberalmente global (porque dudo que en Japón o en Nigeria se difundan o importen los Latin Grammy), sí más regional. Y Cuba no escapa a esa realidad. En mi opinión, las instituciones culturales cubanas andan a la defensiva. La crisis económica no ayuda, las iniciativas en la dirección correcta pueden chocar con corrientes de pensamiento desactualizadas, pero sustentadas por voces con gran legitimidad y prestigio.

¿Cómo lidiar con eso?

A veces tengo la sensación de que nuestra capacidad de respuesta es superada por la velocidad con que cambia la realidad. Eso pone a los decisores en una disyuntiva tremenda, porque si son veloces y osados, pueden chocar con “lo establecido” que, aunque viejo, es lo oficialmente correcto. He visto a compañeros valiosos perder sus puestos por ello. Y si son (como suele suceder) más disciplinados que proactivos, llegarán con la “solución debidamente aprobada” cuando lo que fue el “problema” haya mutado a otro.  La radio y la TV ya no son monopólicas en la atención pública. Lógicamente, es otra realidad 17 años después.

¿Cuál es la clave para que una canción trascienda la descarga para convertirse en parte del aire, parafraseando en otro sentido a Fito?

Lo primero es que la canción sea buena. Creo, como me dijo Frank Delgado que afirma Sabina, que “una canción para ser buena debe tener buena letra, buena melodía, buen acompañamiento armónico y rítmico acorde a su contenido… y una cuarta cosa que nadie sabe lo que es, pero es lo más importante”.
Después de eso, debe desbordar el estrecho margen de su contexto. Y para ello hace falta grabarla, registrarla (preferentemente audiovisualmente) y ponerla a disposición de las audiencias en las plataformas de mayor alcance posible. Lo demás es azar concurrente y/o el marketing recurrente. Antes era imposible sin una discográfica, sin la TV y la radio. Hoy ya no es así necesariamente. Aunque estos medios siguen siendo preponderantes, sobran los ejemplos de cómo algunos creadores han llegado a hacerse “parte del viento” sin estos mecanismos, sino a través de otros alternativos y emergentes.

¿En qué medida la popularidad de Buena Fe depende de la televisión? ¿Se puede hoy competir en popularidad con Buena Fe sin salir por la televisión?

Venimos de la era en que si no salías en la TV no existías. Sin embargo, hemos logrado diversificar las maneras de llegar a los diferentes públicos. Es un error pensar que la TV o la radio pueden hacerte exclusivamente la tarea. Un disco lo componen 12 o 13 temas. En la TV solo hay espacio para dos o tres en un año. Si desbordas esa cantidad, saturas o un tema entorpece al otro. Te haces tú mismo la competencia. Te anulas. Entonces, es importante saberse diversificar. Tratar de que cada canción logre llegar al público para el que fue concebida. He ahí una de las claves.

 

Es obvio que se puede competir con Buena Fe, con Habana de Primera y hasta con Los Van Van, sin salir por la TV. Hay artistas en Cuba que han logrado contratos con multinacionales después de ser muy populares en Cuba, sin haber salido jamás, o muy poco, por los medios. El reguetón tiene toda una cátedra en eso.

¿Qué papel desempeña la institución en un contexto donde la producción de un videoclip vale tanto como lo que una disquera puede pagar por un disco? ¿Qué sucede, por lo general, con los videoclips que se hacen como parte del paquete promocional de un disco?

La institución aún juega un papel muy fuerte en el contexto musical cubano. La EGREM, BisMusic, Colibrí siguen siendo muy importantes. Y podrían ser mucho más influyentes si implementaran acciones más agresivas, dinámicas e innovadoras. Son empresas que necesitan las transformaciones revolucionarias que demanda todo el sistema empresarial cubano para el desarrollo.
Lamentablemente, la fórmula de grabar un disco a un artista y hacerle un videoclip para que lo pasen cinco veces por la TV cuando mucho, responde justamente a una vieja mentalidad. No es efectiva a día de hoy. Y ante las carencias materiales y la crisis económica, no se debería invertir un peso sin tener claro cómo se va a aprovechar de la manera más efectiva posible.


 

Si el tema no va implementado con una campaña en la radio de todo el país, una ubicación en las redes sociales, inclusión en el paquete semanal o las variantes de este que están surgiendo, aprovechamiento de las redes de difusión alternativas y locales (DJ’s y audios públicos, redes de TV como la de los aeropuertos o espacios que difunden música habitualmente), es muy difícil ahora mismo optimizar un resultado loable en materia de difusión en Cuba.
 
¿Qué posibilidades reales de circular a gran escala tiene hoy un grupo radicado fuera de la capital?

Realmente es casi imposible. Candido Fabré, La Original de Manzanillo o Maravillas de Florida alguna vez fueron ejemplos de que se podía tener un alcance nacional desde provincia, pero hoy no son siquiera esos paradigmas. Lo realmente alarmante es que esto pasa cuando hemos gastado como país una enorme cantidad de recursos en telecentros en ciudades y municipios. Existe una enorme red radial. O sea, se hizo la inversión, pero no la acompañó una política de difusión en ese sentido.
Ni siquiera Santiago de Cuba cuenta hoy con un canal de alcance nacional. Si no estás en La Habana, el nivel de exposición pública es muy reducido.

¿Crees que deberían existir otras jerarquías visibles y actuantes, además de las que establecen Lucas y el paquete semanal?

Los Lucas y el paquete semanal son espacios que han cumplido (de seguro seguirán cumpliendo) su función. Nadie podría negar que gracias el trabajo de Orlando Cruzata y sus compañeros, el desarrollo del videoclip cubano es hoy extraordinario. En materia de espacios de difusión, mientras más cantidad existan, mejor. La aparición del Canal Clave es un suceso magnífico, y encuentro dentro de su programación un trabajo excelente para democratizar y educar el gusto del público. Pero no basta. Si no se trabaja coordinadamente, si no se discute y aprueba una política de difusión musical bien estructurada, que comprenda las nuevas variables de la era digital y de la comunicación pública contemporánea, seguiremos cazando preguntas y dejando escapar las respuestas.

¿Sigue teniendo sentido entre nosotros el concepto tradicional de disco físico, en tanto producto cultural, o su función se reduce hoy al registro patrimonial del material grabado? ¿Qué futuro le auguras a este soporte en Cuba y en el mundo?
 

Artísticamente, como bien planteas, su función se reduce hoy al registro patrimonial del material grabado. El disco es, simbólicamente, la selección de canciones que muestran la obra del artista. Pero por costumbre o por tradición se sigue editando en este formato, que además de caro de producir, es más difícil de vender en un mercado nacional donde los que tienen poder adquisitivo ya no consumen música en los dispositivos que reproducen el disco físico. Mientras, la otra mayoría, si alguna vez entró a una tienda de ventas de CD fue para comprar un llavero.
Deberíamos aprovechar la aparición del teléfono celular para distribuir y monetizar la música de manera que todos ganen, incluso el consumidor final, que podría adquirir obras a precios bien económicos. Crece la cantidad de celulares, laptos, tabletas digitales. Tenemos la UCI, tenemos la música, tenemos la necesidad de afincar nuestra cultura con lo mejor de nuestros mejores creadores. ¿Es tan difícil darse cuenta de que es ahora? Mañana puede ser demasiado tarde.

Buena Fe es una de las agrupaciones cubanas que más se presenta en todo el país. Una vez me contaste que, en más de una ocasión,  han llegado a completar 100 conciertos fuera de La Habana en un mismo año. Mantener este esquema de circulación, ¿es cada vez más fácil o más difícil en Cuba? ¿Por qué?

Ninguna herramienta de promoción (ni el videoclip, un premio nacional o internacional, la difusión radial o por redes sociales, el paquete semanal, ni siquiera todos juntos) es más efectiva que un concierto en vivo. La promoción no está completa hasta que no incluye la presentación real del artista. Verle sudar cada canción, vivir la experiencia de entender cuál es el viaje, la estética que nos propone, y conectarse con esa experiencia, es lo más cautivador que existe. Conozco personas que no gustaban de nuestro trabajo hasta el día en que fueron a un concierto. Por eso, para nosotros tocar en vivo es lo que da sentido a nuestras vidas. Nos hace sentir útiles y nos retroalimenta para seguir creando.


Sin dudas, cada vez se hace más difícil mantener ese esquema de circulación por todo el país. Los costos de trasportación y servicios técnicos (audios, luces, tarimas, etc.) cada día son más costosos. Y si a eso sumas que las audiencias, fuera de las capitales de provincias y sus grandes masas de  estudiantes (que son el mazo de nuestro público meta), ya tiene incorporada la música grabada (95% de reguetón) y el consumo de alcohol como modo de invertir su tiempo libre, pues sin dudas es muy complicado.

¿Cómo se renueva Buena Fe en Cuba después de 15 años y más de 10 discos?

Sucede que también para la creación somos un dúo y defendemos el trabajo en equipo como algo imprescindible. Todo el que llega sabe que nos va a encontrar de frente al estudio de las variables siempre cambiantes de la sociedad y entregados a la creación artística. Los que se acercan a Buena Fe, aun cuando no comparten nuestra propuesta estética (lo cual respetamos y aceptamos), saben que somos trabajadores incansables, serios y comprometidos. Y aunque suene feo, no menos importante es alejarse de todo el que en vez de construir, llega a fastidiar. Desde un colega músico, un anónimo seguidor de redes sociales, hasta la más encumbrada institución nacional o internacional, si llega a trabajar, nos tendrá como un aliado laborioso. Si no es recíproco y constructivo, tratamos de mantenernos lo más al margen posible.

Hemos leído mucho sobre un disco y un contrato, ya no tan nuevos, que moverán a Buena Fe a nivel continental. ¿Es posible trabajar un solo repertorio para ambos circuitos, o la circulación transnacional condiciona la producción y trae a tu mente aquel debo partirme en dos del primer Silvio?

No solo es posible, sino que en nuestro caso es casi imprescindible. Hemos enfrentado la disyuntiva de estar en países o ciudades donde nuestras canciones llegaron, pero con un retraso de hasta diez años. Hay personas que  conocen y disfrutan de canciones de los primeros discos y aún no han escuchado las más recientes. No es fácil, pero gracias a que nuestros músicos llevan más de 15 años con nosotros, tenemos un extenso repertorio activo.

Metamorfosis, la discográfica con que hemos firmado desde 2015, está intentando acortar esos tiempos de difusión de nuestra música en el  mercado latinoamericano. Es una tarea enorme, pero se avanza de a poco, obteniendo modestos resultados.

¿Qué novedad trae el nuevo disco que están a punto de lanzar en Cuba?

Sobreviviente es nuestro noveno disco de estudio. Hasta la fecha lo integran trece canciones inéditas. Están invitados como coautores e intérpretes del tema que cierra este trabajo, los amigos Frank Delgado y Vicente Alejandro Trigo (Director de D’Corazon), Luna Manzanares en el tema “Una Mujer” y Silvio Rodríguez en “La tempestad”. Y para colmo de bienes, está ilustrado por Roberto Fabelo. Estamos muy felices con este material. Creemos que es uno de los mejores que hemos realizado. Ojalá que nuestro público lo sienta así.

También estamos diseñando una manera de distribución a través de una aplicación para dispositivos digitales. En fin, 2017 será, como los anteriores, un año de muchas carreteras y conciertos.