Y de repente llegó la invitación para participar con Teatro de Las Estaciones y el espectáculo Por el monte carulé, en la edición 20 del Festival y Concurso de Teatro Máscara de Caoba, en Santiago de Cuba, del 27 al 31 de marzo. Realmente la noticia me tomó por sorpresa, el convite implicaba además integrar el jurado central, junto al dramaturgo Gerardo Fulleda (como presidente), las actrices Reina Ayala y Mayra Mazorra, la teatróloga Alba Babastro, el músico Abelardo Larduet y la diseñadora Nieves Laferté.

Fotos: Cortesía del autor
 

Una conferencia sobre la actualidad del universo de las figuras en el mundo, completaría mi primera vez en este evento escénico de mi tierra natal. Suele suceder, como expresa el refranero popular “Nadie es profeta en su tierra”.

Si algo me atraía, además de la belleza esencial de la ciudad más caribeña de nuestro país y cientos de recuerdos y afectos familiares en esa urbe, era la posibilidad única de ver parte de lo que está sucediendo con el teatro para niños y de títeres de la región oriental.  Me tocó evaluar junto a mis compañeros de jurado, 14 espectáculos, de los cuales solo 7 estaban dedicados a los más pequeños. A esos me referiré en este resumen. Expondré una visión personalísima y cómplice, comparto con mis colegas la pasión por el género y los deseos de conquistar una calidad artística cada vez mayor. 

De Ciego de Ávila y Camagüey, no acudió al concurso ninguna representación en la categoría para niños y de títeres. De Las Tunas, el proyecto La chimenea, insertado ahora en el Guiñol Los Zahoríes, propuso la puesta en escena My Valentine. Esta es una producción, que en mi criterio, se acerca más a un trabajo de laboratorio, un estudio que muestra las potencialidades de dos jóvenes titiriteros que comparten profesión y vida. Historia breve, tan breve como la duración del montaje, cuya dramaturgia se apoya principalmente en el conflicto universal de la soledad contra el amor y viceversa. Todo transcurre mediante la técnica de títeres de mesa, no hay un texto hablado y la banda sonora pasa del sonido ambiental a una conocida canción del ex Beatle Mac Cartney. Muy interesante la utilización autónoma de la iluminación y la minuciosidad en la animación de los muñecos, son cualidades que anuncian excelentes condiciones para un próximo empeño.

Los holguineros del Teatro Alas Buenas viajaron al Máscara… con el estreno Lucas y Lucía…de vuelta a casa, primer texto para niños y de títeres, del coterráneo Yunior García, uno de los dramaturgos jóvenes más reconocidos por sus piezas para adultos. Firmada la dirección artística como creación colectiva, enfrenta el espectáculo su principal dificultad, no hay una mirada rectora desde fuera, que consiga equilibrar los diversos valores de la puesta en escena (visuales, textuales, musicales e interpretativos) en una sola y armoniosa trayectoria. Hay un avión con rostro que nunca habla en contrapunto con un expresivo muñeco que sugiere la red internáutica. La hermosa canción de Carlos Varela que inspira la pieza, no consigue estar en frecuencia con los temas que integran la banda sonora, al enfrentarlos en escena los segundos se resienten a nivel de calidad. Hay sucesos en la trama que luego no tienen continuidad en la historia…, entre otros apuntes que atentan contra la energía arrolladora con que el elenco asume las interpretaciones, donde se destaca la limpieza en la animación y el decir de la actriz Ileana Casanella.

Una nueva generación actoral en el Teatro Andante, de Granma, asume la nueva pieza El mejor amigo del hombre, una obra de Juan González Fiffe y Soren Valente, director de Batida Teatro, en Dinamarca. Rasgos y señas de ambas maneras de trabajar saltan a la vista en el desempeño musical en vivo de los noveles histriones, en la picardía criolla con que se expresan, en la gama cromática limitada a los grises y negros, con algún toque de color restallante y en la utilización de mínimos elementos escenográficos y de utilería sobre las tablas. Atractiva y atrevida historia de amor y desamor, donde no todas las energías logran fluir al mismo nivel y con la misma teatralidad, lo cual provoca momentos de vacío sobre la escena, en los cuales el ritmo se resiente. Nada que un colectivo como Andante no pueda subsanar.

El teatro de muñecos en Santiago de Cuba acaba de padecer una gran sacudida con la desaparición del Guiñol Santiago, conjunto matriz del teatro para niños y de títeres en la provincia. Diversas razones de índoles artísticas y humanas propiciaron y conllevaron a la fragmentación del primer teatro titiritero fundado por la Revolución, en 1961. Los resultados y la salud de este histórico grupo no son distintas a las de muchas células creativas nacidas en los años sesenta, a lo largo y ancho de nuestro territorio, pero la ausencia de un verdadero líder, que sirva de referencia y acicate para seguir hacia adelante, influyó, en mi opinión, en todo lo acaecido.

El grupo de Teatro Callejero Andante presentó El mejor amigo del hombre
 

En el Máscara de Caoba fue el Conjunto Variedades Santiago, quien puso el rostro local para defender el teatro hecho para los príncipes enanos. Paraguas para cuentos, en su sede del Teatro Trocha, fue la propuesta. Una revista de magos y payasos, donde los primeros llevan la mejor parte en los aspectos técnicos, lastrada por un guion dramatúrgico endeble, lleno de lugares comunes y sucesos predecibles, más un diseño sonoro y visual desacertado, subido en decibeles hasta el ruido y con una estética que mezcla fantasía con realidad al juntar imágenes escenográficas metafóricas con elementos usados en la vida cotidiana, sin ningún tratamiento plástico. El trabajo del clown y del mago asume hoy en el mundo un concepto dramático y estético más elaborado, algo que se evidencia negativamente en Paraguas…, a pesar de las intenciones que se propone el equipo realizador, propósitos sobre los que hay que volver una y otra vez hasta conseguirlo, porque con buen material humano la agrupación cuenta.

La provincia de Guantánamo llegó con tres agrupaciones, el Guiñol de Guantánamo, Teatro La Barca y Teatro Ríos. Una vez más el emblemático grupo titiritero que dirige Maribel López dejó en claro el trabajo profesional que realizan con los muñecos. Suite cubanísima, ideada y dirigida por el experimentado Emilio Vizcaíno, reúne piezas emblemáticas de la música cubana, para conformar un cabaret titiritero en la cuerda de montajes de otras compañías nacionales como Teatro Papalote, de Matanzas, Teatro La proa y la Compañía de Marionetas Hilos Mágicos, de la capital. Cuidadosa animación en las diversas técnicas y un diseño correcto, pero no suficientes para alcanzar el objetivo final. El hilo narrativo, donde se intenta imbricar dos historias a la vez, la del musical y la de sus personajes animadores no queda expuesto con claridad, lo que provoca que el espectáculo se distienda un poco para los espectadores.

Un mundo de caballos y valientes, del Teatro La Barca, es el más reciente trabajo de Ury Rodríguez. Ury es un juglar por excelencia, poseedor de un encanto y dominio escénico que merece ser observado y guiado desde fuera. Como los antiguos saltimbanquis, el guantanamero se ocupa de todo, diseño, música, texto, actuación y dirección. En Un mundo… se unen las historias del Caballito blanco, de Onelio Jorge Cardoso, con la de El caballito enano, de Dora Alonso. Ambas se cuentan desde un sugerido taller que, sin embargo, apela al abrir y cerrar de las clásicas cortinas de boca del teatro, dejando sin efecto el ambiente libre e informal que pretende el espectáculo, cuando intenta hacernos creer que accedemos al interior de un laboratorio artesanal. La banda sonora se vuelve por momentos interminable y la iluminación sugerida en la mesa de representación con focos adicionales y filtros de colores no cumple el objetivo de crear atmosferas, al intervenir la luz teatral con toda su fuerza dejando al campo los buscados efectos.

Una agradable experiencia constituyó la presentación, en el final de la jornada competitiva, del Teatro Ríos, con la puesta en escena Ochosi, del titiritero Eldis Cuba, del Guiñol de Guantánamo, defendida por el jovencísimo Marcos Alejandro Castillo. La leyenda del orisha guerrero se cuenta de manera esencial, con poquísimos recursos espectaculares, el vestuario, la música, el texto y el desempeño físico e interpretativo del actor. Un montaje correcto y eficiente al que le auguro un desarrollo mayor con el paso del tiempo.

Me alegro de haber aceptado la invitación al evento de la ciudad en que nací. Con todos los apuntes que he realizado a los espectáculos visionados, siento que algo se mueve en la zona oriental del país. Tal vez falten referentes, información, sentido de riesgo, posibilidades de crecimiento mediante cursos y talleres con maestros de diferentes estéticas y tendencias, pero la madera de la caoba, de un color rojo oscuro y resistente como ninguna, está deseando convertirse en una útil y verdadera máscara teatral.