El camino de la dramaturgia cubana en el siglo XXI transita de la invisibilidad a la conquista de los escenarios.

Si en 2000 las pobres carteleras apenas registraban nuevos títulos y no se vislumbraba otra generación de autores, 15 años después la situación es radicalmente diferente. A lo largo de tres lustros, la dramaturgia cubana se constituye de firmas antes desconocidas, ora de promociones anteriores, ora del surgimiento de una nueva.

Persiste y se multiplica Reinaldo Montero, reaparece Amado del Pino, se descubre a Ulises Rodríguez Febles, se lanza al ruedo Nara Mansur y, sencillamente, debutan Abel González Melo, Yerandy Fleites, Rogelio Orizondo y Marcos Díaz o Agnieska Hernández. O recupera su oficio de formación Carlos Celdrán.

Únicamente menciono ahora a quienes compilo, pero son muchos más autores. De los presentes aquí, excepto Montero, nadie estrenó obra de peso en la década de los 90. Puede hablarse, por tanto, de un nuevo universo de dramaturgos y de ¡dramaturgas!, escasas o invisibles ellas en los panoramas de la literatura dramática nacional.

Y no solo es un hecho la situación referida, sino que era necesaria. Aun cuando contemos con las sagacidades refrendadas en las viejas obras de cualquier época, objeto de relecturas y actualizaciones, y más en el teatro, todo horizonte artístico precisa de las refracciones de su tiempo. Confrontar a lectores y, sobre todo, a espectadores con las realidades que vive convertidas en lenguajes plenos de atisbos, penetraciones, búsquedas.

Ese arco de tensiones múltiples dentro de un edificio, pretende recoger Nueve dramas en presente. Por eso es, ante todo, una antología de obras antes que de autores, si bien ellos representan muy bien el camino antes descrito. Me interesan los nueve textos aquí recogidos como síntomas y expresiones de la escena viva de la Cuba de hoy, tanto en escrituras y lenguajes como en refracciones culturales y sociopolíticas.

Las temporadas teatrales entre 2014 y 2016 tienen a estas piezas entre sus estrenos o en proceso de producción. Presencia lógica si convenimos en que el teatro cubano volvió con más fuerza a sus acentos sociales en los últimos años.

Carlos Celdrán revisa en Diez millones los intersticios de la historia de la Revolución desde la autoficción de su propia mirada. Abel González Melo nos desvela con un metrónomo en Mecánica el paisaje de la nueva burguesía cubana. Agnieska Hernández documenta en El deseo Macbeth el actuar enmascarado de varios sectores sociales y Marcos Díaz/Rogelio Orizondo lo vomitan en El mal gusto. Reinaldo Montero mira historia y nación en Áyax y Casandra, mientras Yerandy Fleites con La pasión King Lear nos habla sobre el traspaso del poder y las máscaras de la traición. Más realista y lírico a un tiempo, Amado del Pino confronta y sueña en Espontáneamente. Nara Mansur ubica otras fronteras en Chesterfield sofá capitoné. En tanto para Criatura de Isla, Ulises Rodríguez Febles centra lo insólito y la cotidianidad de quien se empeña en sueños difíciles.

Pero este no es el orden, acaso solo pequeñas puertas para entrar. La escalera en que aparecen los textos contiene una propuesta de viaje, si bien como caprichosa aventura. Pero el lector puede descubrirla entre los nuevos paisajes temáticos que nos adentran al sedimento de la historia como telón de fondo de eternos dramas en presente entre individuo y sociedad.

Caminos del ser humano ante cada proyecto de vida, choques con los filos cortantes de los cercos de época o de realidades actuales. Y quemante  memoria. Ese viaje único quiere mostrar esta antología. Sus autores, residentes aquí o a caballo entre otras tierras y esta isla, vibran a tiempo completo por este territorio avistado desde el aire como delgada línea que separa mar de tierra, pero que despierta poderosas ensoñaciones, dolorosas contradicciones, inexplicables sentimientos, fuertes desafíos.

Parte y reflejo del teatro cubano de hoy, demostrativos de una preocupación que se nutre de la polis y hacia ella se destina, son Nueve dramas en presente. Nada más.

 

 

Nota: Este texto constituye la nota introductoria a Nueve dramas en presente, antología de dramaturgia cubana de hoy, con concepto, selección y nota introductoria de Omar Valiño. Ed. Letras Cubanas, actualmente en proceso de producción poligráfica.