Desde este miércoles recorre los pasillos de la Casa del Alba Cultural; inquieta, alegre, con ansias de compartir sus experiencias con todos los participantes en el Coloquio Las historias prohibidas. Se siente feliz, pero sobre todo agradecida con los que han sido parte de este evento en homenaje a ella, Sonia Rivera Valdés.

Sonia Rivera Valdés
 Se siente feliz, pero sobre todo agradecida con los que han sido parte de este evento en homenaje
a Sonia Rivera Valdés. Foto: UNEAC

 

Algunos expertos opinan que su obra ha estado marcada por la biculturalidad. ¿Por qué decidirse por este estilo?

En determinado momento yo emigré, y cuando ocurre este proceso la otra sociedad, de alguna manera, te marca. Personalmente vivo muy atenta al medio ambiente, no solo para criticarlo.

Salir de Cuba me ha enriquecido, porque siempre es bueno mirarlo todo con ojos propios, miras los fenómenos aprendiendo. De esta manera he incorporado palabras propias de otros países, aunque las palabras cubanas nunca se me han ido. En mis historias utilizo, a propósito, expresiones viejas cubanas; las recuerdo y las empleo.

La biculturalidad no solo te marca en aspectos de la lengua, sino también en costumbres, en comida. Conservas tu cultura, pero agregas elementos de las demás.

¿Qué significó obtener el premio Extraordinario Casa de las Américas de Literatura Hispana en los Estados Unidos?

No lo esperaba. Escribí lo que escribí con muchísima espontaneidad, como siempre lo hago. No esperaba que fuera a tener un premio.

Este reconocimiento, naturalmente, te cambia. Cambia la visibilidad y abre muchas puertas. Seguí escribiendo igual, soy la misma.

Una sonrisa siguió la próxima interrogante, ¿por qué la literatura?

Eso no se elige, eso viene. Me gusta mucho lo que decía Julio Cortázar, “a mí los cuentos me han caído como cocos en la cabeza”… así pum, y se te ocurren. A veces me preguntan cómo se me ocurrió un cuento o en quien está basado un personaje, y yo respondo que en nadie. Es un conjunto de cosas; los sentimientos y las ideas son mías, quiero expresar algo, y para eso creo los personajes, para que actúen y digan lo que al final quiero decir. Yo escribo para poner mi mundo en orden.           

¿Cómo ha marcado la editorial Campana, creada por usted en los EE.UU, su quehacer profesional?

Teníamos la necesidad de publicar ciertas cosas, ajenas a lo que el mercado editorial en los Estados Unidos requiere. Con un esfuerzo tremendo, con nuestro dinero, creamos primero la LART (Latino Artists Round Table) en 1999, organización cultural para mostrar la cultura latina. 

Después creamos la Editorial Campana, que incluyó también el quehacer de otros artistas de otras partes del mundo. También tenemos las editoriales Campanita, para la literatura infantil y Tinker Bell, para los libros en inglés. Estoy contentísima de que mis tres libros se hayan publicado aquí, además de otros ejemplares valiosos para la cultura latinoamericana. Poco a poco crecemos en conocimiento y sabemos mejor como hacerlo.  

Sobre los proyectos pendientes, señaló que debe terminar dos libros, el primero de relatos, que terminan entrelazados unos con otros, como una novela y el segundo titulado El libro de los aniversarios, autobiográfico fundamentalmente. Es importante que hablemos de nosotros.

Al preguntarle qué significa Cuba en su vida profesional y personal, aludió a aquellos versos de la poeta Lourdes Casal, fundadora en Nueva York de los movimientos intelectuales latinoamericanos que decían: “siempre he vivido en Cuba”.

“Regreso a las playas de Santa Fe, a mi abuela. Cuba es mi país aunque esté allá, le tengo muchísima admiración ha sido lo más importante. Muchas personas olvidan lo que se ha hecho aquí, y lo que no se hace en el resto de Latinoamérica. Para mí, Cuba es todo”.