Si alguien en este anchuroso mundo proclama a los cuatro vientos la libertad de soñar y se aferra con uñas y dientes a sus sueños, por más alocados, irreales e irracionales que puedan resultar, ese es El Nuevo Herald. Quien no lo crea, vaya y mire uno de sus últimos titulares: “Tras la sublevación en un cuartel venezolano muchos se preguntan: ¿Qué tanto respaldan los militares a Maduro?”.


“Ahí está la Constituyente aprobada por quien manda en Venezuela: el pueblo”. Foto: El País


No hay que reparar en la coma que se comieron, no hay que pedir peras al lobo… pero es innegable la fabulosa capacidad del diario de Miami para la prestidigitación: le han bastado menos de veinticuatro horas y diecisiete palabras para travestir un ataque desesperado, que terminó en derrota inmediata —con la mayoría de los atacantes presos, no muertos ni asesinados, sino presos, vivitos y coleando, no hay que olvidar ese detalle gigantesco— en toda una sublevación militar.

Hay que tener una miopía muy grande, de cuarenta por cuarenta, y muchas ganas, para tomar una veintena de exuniformados, desertores hace años los más, y presentarlos como la suprema evidencia del no respaldo del Ejército Bolivariano a su presidente constitucional.

Claro que, visto el asunto desde el prisma de la gran apuesta perdida —sí, porque El Nuevo Herald, ajeno a toda objetividad en su simulación de periodismo, lo había apostado todo a la derrota electoral de la Constituyente en Venezuela, y perdió—, no le queda ahora de otras que azuzar el coco del descontento que se inventa entre los militares. Lo cierto es que la gente salió a votar, y votó, y ahí está la Constituyente aprobada por quien manda en Venezuela: el pueblo. Es la demostración, esa sí, de que el pueblo quiere el diálogo y quiere la paz.

Y es que solo unos pocos, El Nuevo Herald entre ellos, baten los tambores de la guerra. Ya tienen la música, lo que le hace falta es el coro. Por eso se lo fabulan, al punto que cuando reportan que el capitán Juan Carlos Caguaripano, líder de los atacantes, lanzó un manifiesto previo al ataque, el Herald lo describe, textualmente, “rodeado por un nutrido grupo de uniformados”, obviando que, como ya se sabe, el “nutrido grupo de uniformados” no alcanzaba ni a la veintena de hombres.