Foto: Sonia Almaguer


Aunque resulte paradójico, al morir en 2016, Fidel Castro sopló las velas dos últimas veces a favor de Cuba, justo a los sesenta años del Granma: confirmó su larga y frondosa obra como un legado dialéctico y transformador, a cuya fuerza sumó a las últimas generaciones de la Isla y demostró que podíamos continuar porque la Revolución estaba viva.