En una sala colmada por un auditórium atento y dialogante, se presentó este sábado en la Casa del Festival el libro Vivir bajo la lluvia, de Ediciones ICAIC, compilando por Dolores Calviño, como parte del coloquio dedicado al cineasta Julio García Espinosa.


Foto: Cortesía del autor


En un ejercicio de la crónica oral, el escritor Francisco López Sacha caracterizó al intelectual cubano como un creador de su tiempo. Julio va —dijo— de la participación más emotiva al principio ontológico más grave, a la condición del ser como artista y como ser humano. “En su búsqueda por descubrir lo que existe en lo que no existe todavía, nos acerca a aquella maravillosa introspección de Esteban, en El siglo de las luces: `¿Qué habrá en torno mío que esté ya definido, inscripto, presente y que aún no pueda entender?´”.

Justamente —indicó el presentador—, el libro está diseñado bajo ese principio, el del viejo culto del origen agrícola del universo, el culto de seres, desde la semilla y el agua hasta vivir bajo la lluvia arrojando el paraguas, hasta ver crecer definitivamente la planta, hasta ver crecer un cine, una cultura y un país en Revolución.

“Esa semilla que ha entrado y se convertirá en planta, pasa por un proceso misterioso, agónico, definido así en los mitos griegos, en los mitos del origen de la cultura y de la vida. Esa agonía vence obstáculos, tiene que vencer obstáculos para llegar a una finalidad. Puesto que como se sabe, y ya lo demostró Aristóteles, la planta está contenida potencialmente en la semilla. Solo la lucha de la semilla consigo misma y con el medio en el que está, es la que puede permitir el renacer de una planta que tendrá nuevas semillas”.

Hay un primer obstáculo que vence Julio, aseveró López Sacha. “El obstáculo de la convención del cine, la destrucción de una vieja estética, la destrucción de un mundo donde, efectivamente, el cine se convirtió en un espectáculo y no en un instrumento de indagación de la vida. Julio no quería que el cine fuera ni Hollywood, ni el realismo socialista, ni el cine colonizante, ni el cine perfecto”.

Y cuando me detengo en el cine perfecto —acotó— no puedo menos que recordar aquella excelente escena de Fresa y chocolate cuando Diego no sabe cómo retener a David y le dice: “ahora te voy a contar cómo me hice maricón”. David intenta irse y Diego le responde: “Pero es que tú no me has entendido nada”. Y es que cuando García Espinosa ha dicho en la primera oración de su ensayo Por un cine imperfecto: “hasta hoy mismo todo cine, artística y técnicamente dotado es casi siempre un cine reaccionario”, estamos casi ante la inquietud de Diego.

“No hemos entendido nada. Y eso era lo que estaba planteando justamente García Espinosa. Primero, en el punto de vista de Michael Chanan (uno de los articulistas de Vivir bajo la lluvia), el más completo que he leído hasta hoy. Irónicamente, mientras Hollywood desarrollaba una cinematografía perfecta, la imagen imperfecta también ha multiplicado su presencia. El nuevo estado de las cosas es como una parodia diabólica del sueño de Julio, de la posibilidad de que todos puedan hacer cine. Pero este no es cine imperfecto. Es mucho más que juntar imágenes atrapadas de la realidad inmediata, cualquiera que sea el valor testimonial que este proporcione”.

Al referirse a los sinsabores que puede generar el cine crítico, el también ensayista Francisco López Sacha estimó que es preferible sufrir esas amarguras con tal de seguir trasladando al pueblo las ideas esenciales del cambio y la renovación, y también la necesidad de que el cine se convierta en instrumento de ideas y deje de ser un espectáculo banal.

“Hay que tomar el riesgo de la crítica. Sin el riesgo de la crítica no puede haber un cine revolucionario. Eso es lo que está diciendo Julio esencialmente en la carta a Fidel. Lo plantea como paradigma crítico en el tercer gran obstáculo que el libro examina, cuando estudia Son o no son, su propia película, la cual rompe el concepto del canon en el orden clásico, la dramaturgia aristotélica y brecthiana y en la seducción. Hace un musical desnudo y justamente nos dice con toda franqueza: `ni la fotografía es buena, ni la actuación es buena, ni la textura es buena. Nada es bueno. Lo que es bueno es el intento por querer lograr un nuevo sistema de comunicación sobre la base de la cultura popular que ha sido marginada y destruida a lo largo de tantos siglos´”.

Son elementos que se erigen como un monumento de defensa a los valores de una cultura que solo pudo ser vista por García Espinosa como un horizonte crítico, subrayó Sacha. “Por lo tanto, no hay, sinceramente una especulación ni en La inútil muerte de mi socio Manolo, ni en Reina y rey, ni en El plano, las obras que lo consagraron definitivamente como un gran cineasta. Un cineasta siempre inconforme y siempre transformador del método con el cual se expresaba”.