Memoria del otro

 

Para Luis

 

-Todo parece real-dices-

y ruedas por mi cuerpo

agua insomne sin llegar a la noche.

No tuvimos lenguaje de mudos, era una llama

igual al frío de un sable, que no se espera

y termina refugiándose en uno.

Dos cuerpos abandonados en los escombros,

rápidos los días, premuras de la concordia,

vidas que casi hilvanan la confianza.

Tras otro aire fuimos a repasar las calles de ayer,

las distancias  que aún  nos quedan,

la frágil edad del reencuentro, la encrucijada

y como en el cinematógrafo

vamos en la memoria del otro, que nos acusa

diciendo:

-Parece real.

 

Ladrón del mercado

 

Hermoso, los brazos largos y firmes

de quien ha recibido suficiente de la vida,

nada perturba el abandono que lo envuelve;

a su paso unos gritan: mercancía fresca y barata, se confunden las manos durante el regateo; mientras él, en un descuido alcanza la guayaba y muerde, definitivamente.

Un anciano que lo ha estado mirando

toma al joven del brazo, y no se sabe si es el aroma de la fruta ó el ámbito del mancebo lo que el señor respira;

ya se alejan; el viejo deja oír de sus labios  expertos y cansados:

-siempre se puede más y más barato.

 

Pequeña pieza para muros de silencio

 

Padre: no va bien el muchacho; se diría:

árbol que nace torcido…

Madre: no te angusties, la vida da sus vueltas.

Padre: El dobló su esquina

sin darnos cuenta.

Madre: a veces saber no ayuda

             ¿Qué haremos  si preguntan?

Padre: solo decir  lo necesario,

el silencio pone muros de silencio

en las palabras.

Madre: ¿qué haremos cuando sufra?

Padre: Le hablaré de deportes, veremos una  comedia,

eso,  le daremos otra alegría.

aquí tiene techo, no lanzaré nuestro muchacho a los perros, ya es suficiente con esa mirada  que cae como las manos de una adolescente.

 

Pájaros

 

No era un sueño nadie auguraba algo, solo alumbraba el resplandor a finales marzo, primavera,  anidaron algunos, otros buscaban unos ojos en los que perderse, una salida decían, del invierno trajeron cierta distinción: no pude comprender qué pasaba; decían: una salida, no más; sobre el muro caían las horas, los días, las vidas que en el hastío murmuraban una alabanza, tributos que el mar devuelve; allá a  lo lejos qué silencio, pájaros,  abren sus alas, dibujan otro paisaje.

 

Una vida respetable

 

Del otro lado de la bahía, le espera una esposa amantísima, los hijos preguntan por sus golosinas, los hombres del barrio de vez en vez le requieren por sus piezas diseñadas para suplir alguna carencia, para aliviar la pobreza.  Partidas de dominó llenan sus noches, y  alguna historia le dice a  las hijas antes de dormir, como en las películas,  así lo ha visto un padre sobre el que descansa el hogar. Nadie sospecha el acontecer de sus tardes, se pierde entre la gente, busca unos brazos fuertes, en los que se ahoga un deseo semejante, a veces  es infructuosa la cacería, ya no tiene veinte años, el vigor comienza a abandonarlo, entonces llama a la puerta  que antes cerró porque él quería más, un hogar, unas paredes que le devolviesen las sonrisas de los pequeños, una mujer, una vida respetable.

 

 

Torcíamos tabaco

 

No quería sentarme, el reloj anunciaba regreso, mientras las sombras armaban otro paisaje entre los frutales  y los brazos cansados  terrosos, sucios fuertes.

Se adelantó, aún secaba su alivio, lo ojos recios no buscaban aprobación, le dijo su nombre a mi padre después le dijo padre, quise extender mi mano y la picadura saltó de la hoja sin respuesta, torcíamos tabaco.

Dijeron sobre un tráfico,  un engaño… unos estribos dados para la conformidad, sus manos se abrían como el infinito valor de los hombres,  las reses cruzaban los límites, los pasos rodeaban la mesa, yo no existía, hasta que una mano se detuvo en la madera de la silla, se cerraba se abría, en una íntima afirmación, un leve roce, la disculpa cruzó entre nosotros

pidió con que aliviar la sed, nadie más joven para la encomiendael agua temblaba entre mis manos, sus ojos miraban otro destino:

 

Dos jinetes en la sabana, los caballos pastando, qué asco…

Los caballos en la sombra que daban los árboles ralos, en eso se detuvo; una memoria que no se sobreponía a la caída del sol, a la conversación.

 

como si no nos hubiese ocurrido.

 

A veces

 

I

A veces he querido saciar la sed en las cajas de agua que el poeta  vislumbraba al borde del  abismo, a veces alguna extranjera me conversa un país lleno de dolor, de continuo los frondosos árboles del prado le dan otra textura a la tarde, algo así como un lienzo una premonición en Flandes; pero ésas son cenizas hueras, que el lector recogerá lejos de la calle monte, lejos del desencuentro y el hallazgo, palabras que después de los leones que flanquean el paseo, no devuelven la mar insomne que tanta muerte tanta vida confiesa

 

II

Se abren  las calles como un dolor predestinado, se inclina el hombre  una y otra vez, en medio de los desmanes busca un poco de brisa, nada alivia, ni el amor sediento, los astros de la noche no pueden trazar la ruta, se comba como un velero aventado por la amargura, y crecen sus sueños y camina y camina más, y vuelve sobre la sabana el octosílabo furioso, la existencia que la multitud desconoce.

 

Tema y variación para Marta Valdés

 

Donde dije distancia

pon un río de amor

y una barcaza dejando su estela

por el Cauto imprescindible

mientras mis ojos se abisman en los tuyos.

Escribe mi nombre en la tierra

al conjuro de los nacimientos,

deja que  el ala del crepúsculo

pase limpiando la huella del día.

Yo, que me negaba a todo convencimiento

ahora voy de tu mano hacia el secreto

de las cosas que nacen.

Donde dije encuentro, no temas

es el gotear de las horas, el cerco de los días

el peso de la eternidad.

 

Especial para La Jiribilla

 

FICHA
 
Julio Mitjáns: Poeta y ensayista cubano. Santa Clara, Villa Clara, 1965. Miembro de la Asociación de Escritores de la UNEAC. Labora en el Consejo Nacional de Casas de Cultura. Fue fundador, en 1994, de la editorial Sed de Belleza, de Villa Clara. Recibió la Beca Dador 2000 y Premio Calendario de Poesía 2001 por el cuaderno de poesía Alejándose del resto; y el Premio de Poesía La Gaceta de Cuba, 2011, por el cuaderno Torcíamos tabaco. Ha publicado los poemarios Venía diciendo una fábula (Ediciones Sed de Belleza, Santa Clara, 1994); y Alejándose del resto (Casa Editora Abril, La Habana, 2002).