Curriculum  Vitae

 

Nací en plena sinfonía  de amanecer

con adagio de bombas andantes

y allegro vivo de ametralladoras

               en armonía de pueblo

 

mi nombre viene de la tierra

de un árabe ambulante

que amaba como elemento al aire

             y Neptuno era su planeta

 

Mi padre fue un mozo

        demoledor de aromas

                 concertino de la sierra

Mi madre

           una agitadora

                               ama de casa

 abuelo fue punto de azúcar

                     rocío de caña

                    andador de senderos

y abuela vivió silvestre

                         como la albahaca

 

El más pequeño

             grande de mis tíos

                      fue guerrillero

con hojas de olivo se cubrió de verde

 

un día de sol se clavó en sus pupilas

sembradas

          en medio del camino

                              entre las palmas

            

El primer hijo de mi padre

                       se inició en las lomas

los tres siguientes

              fueron luminarias de monte

su último hijo

                                 -ese soy yo-

                creció plantando árboles:

                                      Viviendo...

 

 

Guantánamo

 

Guantánamo:

recodo de mi nostalgia

“entre el mar y la montaña” 

con sus gentes de mil colores

cánticos y ritos ancestrales

calles que desaparecen

       a la caída de la tarde

y sus cuatro ríos amaestrados

 

Mi ciudad

          de sol y azúcar

                      café y pitahaya

pueblo negro

y grande

              grande

                          grande

                                     grande…

 

 

De provincia

                                                            Roguemos esta noche por un niño            

                                                  de quien no queda más que una oveja de             

                                                arcilla sin consuelo entre las vastas ruinas.

                                                                                           Elíseo Diego.                                                                   

 

Ciertos abejorros se cuecen a mis espaldas.

 

Despertares de veranos muertos.

Se desgajan en el recuerdo, los aprehendo:

el olor del toronjil recién cortado,

la tibia ropa en el armario de cedro,

las manos de la abuela pariendo girasoles.

 

Aquellos veranos y estos abejorros se me ofrecen torvos:

¡explosiones Solares abren cráteres en mi pecho!.

Neblinosas se alzan las tardes cipresinas del patio,

se perfila la imagen de mis cuatro hermanos

al derramar juventud en sus rondas por los valles,

me sorprende el olor de las malvas Brujas medicinales,

nimbos mis ojos circundan esa eterna amortajada

por la apuesta perdida hace tantos años.

 

Pegada a la retina la niña callada destroza lazos

cuando púdico su pubis germina entre sollozos,

y viaja la palabra malherida

cual sabática flor tributaria de difuntos.

 

Se extiende el pueblo hasta la humedad de los potreros,

¡Y los peces prisioneros en la charca de la esquina!

El arriero cruza el río con olor a crin de maíz.

 

Mi madre, por el fresquedal de mis recuerdos

                          navega con sus venas abiertas,

exorciza el fuego que ansía mi frente,

agiganta la fragancia del anón invasor de la casa.

 

Un invierno de trópico se debate en mis pulmones de asma,

se marchan los versos, se marchan.   

Me refugio en el patio con cercas de siemprevivas,

aureoladas las sienes con albahaca morada.

 

Una certeza taladra el asedio a mi verso:

¡Hacer camino andando con mi tiempo!

 

Frente a mí

                                                                   Frente a mi una silla vacía...

                                                                                         Javier Cabrera.

 

Frente a mí la ciudad vacía

aquel que no sufre conmigo

no la habita

el que no la habita

no existe

el que no existe no regresa

 

(Lo perdemos para siempre)

 

Nueva leyenda

                                                                      Esta ciudad es de mi talla…

                                                                                         Aime  Cesaire.

Hoy me siento Icaro

al recorrer las calles de mi ciudad

acompañado de quien me ama

y ver el mar de los que no han caídos.

 

La Habana no es Itaca

no somos leyenda de la antigua Delfos

esta es la ciudad del tiempo de la luz

del amor que arde.

 

Aquí el sol no rompe las alas

ni se precipita al final de la tarde:

vive la imaginación.

 

Es la tierra de los que amamos.

                                               

Darse cuenta

Te pienso cuando nombro a esta tierra

cuando con mi sudor convierto en piel mi camisa

te sueño cuando la luna llena

se cuelga entre el edificio de la esquina

y una palmera

 

Te quiero cuando tu mirada

enciende los parques de la ciudad

cuando acogen tus pupilas el color del mar

 

Te extraño en los recuerdos cercanos

por donde se pasean los fantasmas

que se pierden en tus brazos

nos convidan a un café

y luego marchamos al cine de barrio

a descubrir a Bola

 

Te amo cuando La Habana despierta en tus ojos

 

Llueve en La Habana

                       ¡Ay de la ciudad que sufre los escarnios.      

              Que se humilla en silencio!

                                          César López.          

Llueve en la Habana

no hay obuses sobre las azoteas

recién comenzamos el trabajo

jornada de cansancio nos esperan

del día de la creación final podremos

decir a nuestros hijos -¡Hemos vivido!-

 

Miro como llueve en la Habana

con la certeza de que tu viaje se ha demorado

que hay jóvenes amándose en las playas

que el agua refresca tus caminos

que sonríes al recordar mi extraña confesión

de que Adán y Eva fueron expulsados del paraíso

por comer el sensual fruto del papayo

y no por la oscura manzana que nos han impuesto

Pero es más -¿Acaso sabías que Ofelia

 perdió la memoria porque nunca se posaron

naranjas en el cielo de su boca?

 

Miro como llueve en La Habana

evoco como pulsas tu llave lloviznada

que se cuela por la puerta del paraíso

donde tantas veces nos hemos amado

siento el olor de la tierra mojada

que se refugia en mi pecho al no poder

estrechar tu cuerpo de lluvia

entonces me descubro

mientras desnuda la paz retoza

sobre las azoteas me pierdo

entre el aguacero que cae sobre La Habana

 

Especial para La Jiribilla

 

Ficha

Jorge Brooks Gremps: Escritor, poeta y ensayista cubano. Manager de Danza Contemporánea de Cuba. Colaborador de diversos medios de prensa.